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martes, 2 de abril de 2019

La escalera del conocimiento

Ojalá fuera recta y fácil de trepar. Para alguien que, como yo, se sentía muy a gusto en las aulas, es triste admitir que mis tiempos de estudiante pasaron a mejor vida, o al menos mi paciencia para sobrellevar la vida de estudiante con gracia están en un lugar mejor.
Hace menos de dos semanas, nos llegó al correo de la Asociación una invitación para un curso de Monitores de Tiro con Arco que, en el escalafón del conocimiento y la preparación, están debajo de los Entrenadores de Nivel 1 y levemente encima de un arquero mínimamente independiente (o sea, casi todos los miembros de mi club). Considerando que, como siempre se dice en nuestros pagos, el cartón de certificado es lo que sirve, y que a la larga mi plan es pasarme a entrenadora cuando sea obvio que ya no estoy para competencias (o sea, en unos 20 años, calculo), este curso no era una oportunidad para desperdiciar... ni siquiera sabiendo quién daría el curso y conociendo a esa persona como la conozco.
Quisiera decir que el curso acelerado de cuatro días fue sencillo y agradable de seguir. Quisiera, en serio. Lastimosamente, el conocimiento, incluso aquel sobre el que tienes ideas bastante claras (a pesar de todos los posibles errores conceptuales que se podría esperar de alguien prácticamente empírico), es larga y retorcida. Muy retorcida. Imagínense que hasta aprendí de caballos y ciclismo de pista, que aunque sean deportes, no tienen mucho que ver con el mío. Cosas de la vida.
La pena de que mi capacidad de sentarme quieta en un aula y los entresijos y desvíos de la escalera del conocimiento se hayan encontrado es, obviamente, la pérdida casi completa de mi paciencia y mi absoluto desprecio por varios personajes que adornan el tiro con arco en Bolivia. Gracias a Dios, no compiten en mi categoría o me vería seriamente tentada a ponerles zancadilla de camino a recoger flechas.
Eso sí, el camino recorrido entre amigos, metafórica y físicamente, es el mejor. O que nos lo digan a los del Vico Móvil y los cantos del ruiseñor.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Fe en el correo ¿restaurada?

Lo sé, vivo perdida últimamente, más que en todos los años anteriores de este blog combinados. Es más, acabo de hacerme decir con mi pequeña amiga Vicky que desde que clasifiqué a los Juegos ya no parezco yo, que ando con problemas con los que no creía que pudiera andar... Se me hace que me dijo que estoy vieja, pero no tengo pruebas.
Uno de mis recientes "problemas de vieja" es que no hay servicio de correos en Bolivia desde marzo ,exactamente, desde el 1 de marzo, damas y caballeros, el fatídico día en que las oficinas de la ECOBOL amanecieron con resguardo policial y un anuncio en las puertas que decía que el Gobierno daba por cerrada la empresa, que se liquidaría lo que se les debía a todos los trabajadores además sus finiquitos y demás, y que los paquetes que estaban para entregar... bueno, esos irían saliendo de a poquito (bien poquito).
La huevada, y no creo que nosotros seamos el único caso, es que mi esposito tenía (y aún tiene) tres paquetes que ya debían llegar y ahora están perdidos en el mar de la burocracia y la lentitud del funcionamiento de lo que queda de Correos. La otra huevada es que justo ese día iba a hacer un pedido de equipo deportivo que necesitaba para el Campeonato Nacional. Con el Correo cerrado y la incertidumbre de cuándo abriría, no me animé a hacerlo y me lancé al nacional con lo que tenía (que no estaba mal todavía, pero ya está medio para el perro). No fue tan terrible, pero una vez clasificada, se hizo evidente que necesitaba una renovación de algunas cosas de mi equipo.
Siendo así la cosa, hice un pedido de varias cosillas poco antes de mediados de abril, calculando que aunque el correo estuviera entregando paquetes a media máquina, con algo de suerte aún llegaría.
Lo grave del asunto fue que 1) Se hizo evidente que necesitaba renovar urgentemente mis flechas, y aunque ya tengo las varas, no sirven de nada si no tengo las plumas y los nocks, 2) Los paquetes de mi esposo siguen perdidos en algún lugar Dios sabe dónde, 3) Los juegos están a la vuelta de la esquina y yo sigo sin usar las malditas flechas nuevas, y 4) No hay nadie en la Selección que a) tenga plumas o nocks de sobra y 2) le tenga suficiente confianza para pedirle que me venda lo que le sobra.
Estaba a punto de ponerme a llorar (y planeando a quién podría llorarle) cuando, milagrosamente, me llamaron de Correos cuando salía del entrenamiento. ¡Sorpresa! Mi paquete llegó, no sé en qué estado, pero llegó. 
Así que, momentáneamente, tengo esperanzas de poder usar flechas nuevas pronto, mejorar mis puntajes, y esperar a que los paquetes de mi esposito aparezcan mágicamente.

miércoles, 11 de abril de 2018

Febrero poco, marzo loco... ¿abril?

Febrero fue un mes relativamente tranquilo, no me quejo. Dentro de todo, me parecía que tenía cierto control sobre las cosas que pasaban... hasta que empezó marzo. 
Marzo fue el mes del caos, del desorden, de todos caen enfermos, de no para de llover... una locura total. Que el campeonato más importante de mi vida (hasta ahora) fuera a final de mes y que entre todo lo anterior no tuviera tiempo para entrenar como para otros campeonatos, no ayudó para nada.
Resumen, llegué al campeonato sin sentirme del todo preparada y con ganas de que simplemente terminara para poder dormir un día o dos, que falta me estaba haciendo. Por suerte (porque la suerte tuvo mucho que ver con todo esto) quedé dentro de la Selección Nacional de Tiro con Arco. Así es, damas y caballeros, fieles lectores y recién llegados, aunque raspando logré clasificar y eso nadie me lo quita.
Obviamente, eso viene con más estrés y trabajo del que tenía antes del campeonato, y con más gastos de los que teníamos (aunque no sean del todo sorpresivos), en especial por la regla de la convocatoria de llevar todo el equipo en un case rígido con llave. Adivinen cuánto cuesta una de esas cosas...
En fin, ahora sólo queda entrenar y esperar a que el Comité Olímpico no nos haga de las suyas (como suele pasar)y acabe recortando lugares en nuestra selección para dárselos a cualquier otro deporte con "más trayectoria en nuestro país". 

viernes, 5 de enero de 2018

Empezando tarde

La verdad, debí escribir esto hace días. Tenía muchas cosas que contar, pero con el ajetreo de las fiestas y demás se me van olvidando y probablemente se queden para siempre perdidas en los recovecos de mi memoria (buena para datos que a nadie le importan, mala para recordar cosas útiles). 
Tal vez uno de mis propósitos de este año deba ser actualizar un poco más este pobre blog que se me va muriendo de a poco. Prometo hacer lo mejor posible, pero no confíen mucho en mí. De todas formas, no creo que mi vida o mis opiniones le interesen a mucha gente allá afuera. Este blog sigue siendo un ejercicio de escritura y un remedio a mi mala memoria.
Otro propósito es no frustrarme tan rápidamente, en especial en lo que se refiere a mi deporte y a practicar técnica (porque la mía es un desastre). Lastimosamente, Dios no me dio paciencia, ni me hizo buena deportista, pero se hace lo que se puede... aunque debería hacer más considerando que el selectivo para los Odesur está encima. De momento, los entrenamientos van bien y vamos trabajando aunque el progreso aún no se note.
También, me gustaría retomar algunas de mis otras actividades, como tocar el piano, leer un libro por semana, y tal vez hacer un uso decente de los Sharpies que me dio mi esposito por Navidad. Eso implica pasar un poco menos de tiempo clavada en la computadora y/o en el celular (lo que podría resultar un poco contradictorio con el primer propósito, pero ni tanto).
Y definitivamente, debo tratar de mantener mejor el orden y la limpieza de mi pequeño departameno alias "el cuchitril", lo que sí es complicado considerando la tendencia de mi esposito a dejar todas sus cosas en la primera superficie que encuentre (que no necesariamente debe ser plana), y mi propia tendencia a seguirle la corriente y dejar que el polvo me gane.


miércoles, 25 de octubre de 2017

Mudanzas, Spotify, viajes, enfermedades, y un muy corto octubre

Con todas las cosas que pasaron este mes, recién acabo de darme cuenta que no escribí ni una palabra aquí y ya estamos a menos de una semana de que se termine (y que sea muy cumpleaños, por cierto). Y realmente que pasaron un montón de cosas, tantas que da flojera contarlas todas, así que un breve resumen:
1. Nos tuvimos que mudar del Aurora. Demasiada explicación y muchas vueltas, pero ahora estamos en un lote en Tiquipaya, que es mega grande pero hay que entrar por un camino medio misterioso. La parte buena es que tiene mucho potencial como para que hagamos algo decente allí sin peligro de romper flechas contra nada (casi). La parte mala (aparte de la distancia) es que la mudanza coincidió con la Feria del libro y nuestra participación en eso (otra historia que será contada en otra ocasión), así que fueron unos días realmente agotadores para todos.
2. Nos pusimos Spotify de pago. Al principio, no estaba muy convencida, pero he de admitir que tiene sus ventajas, aunque me decepciona su falta de algunas canciones en versiones que me convenzan, pero considerando que la rara soy yo y no el Spotify, supongo que podría disculparse. De todas formas, lo estoy disfrutando mucho (aunque sienta que traiciono a mi carpeta de música).
3. Me maredo se fue de viaje. Sep, una semana y ando por ahí deprimida.
4. Y para probar que a) estoy deprimida, y b) estoy bastante loca, me enfermé al día siguiente del viaje de mi esposito. 

Al parecer, a mi mes no le faltó absolutamente nada.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Después de la decepción

No es el título más original para una entrada (es más, sospecho que ya lo usé antes, probablemente para referirme al mismo tema, pero no tengo ganas de buscarlo), pero es lo que tenemos (cero imaginación). ¿REcuerdan mis anterior entrada? Resultó que ni siquiera era la tercera, era la cuarto porque resultó que no gané en Tarija, si no que quedé segunda y nos avisaron 4 días después que había un error en las sumas... no sabía si morir de vergüenza (porque el error fue mío, aunque culpo al calor y al cansancio) o de bronca (porque los inútiles de la Federación no saben que esas cosas se avisan al tiro, o 24 horas después como mucho.
Pero a lo hecho, pecho, la vida continúa y esas gansadas. He de admitir que no es precisamente motivador encontrarte con tantas decepciones seguidas, y estuve flojeando unas dos o tres semanas. Por suerte, cuento con buenos amigos y buenos compañeros de equipo, que siempre encuentran la manera de arrastrarme de regreso al campo de tiro y, más importante aún, un esposito a prueba de todo y con la paciencia de un santo. A pesar de las decepciones, a pesar de todos los errores que todos puedan cometer, soy una chica con suerte.
Más importante aún, creo que es mi sagrado deber seguir al pie del cañón en este asunto de locos y ayudar en lo que se pueda a todos los que van. Por suerte para todos, mis papás me enseñaron rectitud moral ante todo, algo de lo que muchos de los que están metidos en este deporte (y en cualquiera, para ser honesto) carecen (o tienen un concepto algo doblado del asunto). 
Mientras me toque ir a competir a algún lado, queda seguir trabajando sin rendirse, a pesar de todo.

lunes, 3 de julio de 2017

¿Me extrañaron?

¿No? Qué puedo decir, he estado muy ocupada en junio. Y julio no parece pintarse mejor. Si llego viva y cuerda (o casi) al 7 de agosto, será mucha cosa de por sí. ¿Por qué? Veamos: Tenemos concierto el 1 y 2 de agosto (si están en Cochabamba, vayan), y campeonato el 5 y 6 de agosto. Eso significa que entre el entrenamiento (6 días a la semana) y los ensayos (4 días a la semana), no me queda mucho tiempo para nada más que los domingos por la tarde. 
Pero no se trata sólo de entrenar y ensayar, oh no. Hay que apuntar a, por lo menos, 626/720 puntos en el campeonato, y preparar un solo para el concierto, además de inscribir a todo el mundo, pelear con la Federación, diseñar todo el material impreso para el concierto y conseguir un vestido largo de fiesta. Todo eso en un mes.
Pero más allá del posible stress, las posibles broncas y todos los problemas que puedan surgir en el camino, miro hacia el futuro con cierto entusiasmo (a pesar del terror que tengo a fallar en varios o todos los planes del mes). Espero que mi fe en mi misma esté justificada.

jueves, 16 de marzo de 2017

Miedo y distancias de competición

Tengo un saludable respeto por los 70 mts desde el fiasco del torneo de Marzo del año pasado. Un demasiado saludable respeto. Por supuestos, todas las distancias de competición tienen su maña y su dificultad, pero creo que me quedé traumada con los 70 mts. Pero son justamente los 70 mts los que están en mi camino de conseguir algo serio con este deporte, como salir a competir internacionalmente. Por supuesto, el objetivo es hacerlo lo mejor posible en el caso de que salga, y eso significa  conseguir el mejor puntaje de todos en los siguientes campeonatos. Además, no es bastante ser mejor que las demás, porque somos pocas mujeres compitiendo, hay que lograr un puntaje decente que permita no ir a hacer un papelón afuera.
He estado trabajando en mi técnica, y aunque siento que he mejorado un poco, aún tengo un largo camino por delante. De todas formas, mi peor enemiga no es mi técnica (que de por sí es un asco), si no mi poca fe para salir de la sartén, negatividad o, como me gusta llamarlo, realismo bien informado. 
Hace unos días, mi buen amigo Jorgito regresó de un curso mega veloz con EL entrenador de Korea, patria de los mejores arqueros del mundo, con un montón de ideas nuevas en técnica y preparación mental. La más importante: este no es deporte para gente con pensamientos negativos, ni aunque sean realistas. Así que, estoy trabajando en mantenerme positiva y convencerme de que puedo llevarme a todas por delante en el siguiente campeonato (que está ya encima nuestro).
Claro, es más fácil decirlo que hacerlo, en especial si ando perdiendo flechas o desplumándolas. Y no ayuda nada que las flechas de pierdan en la selva en que se convirtió el pasto, o que se golpeen con las ramas de los árboles más bajos (que tampoco es que sean muy bajos). Así que...ahí vamos. 

martes, 7 de febrero de 2017

Trabajo físico, trabajo mental

Dado que ya terminó mi ronda de dos escasos meses de oficina, he estado tratando de volver a mis rutinas de ejercicio que tuve que dejar por falta de tiempo (y falta de voluntad de levantarme dos centavos más temprano para hacerlas). No voy a engañarlos y pretender que hacía una ronda seria de ejercicios, de esos que te dejan adolorida todo el día, pero al menos me servían para mantener un poco más mi fuerza. Entre el trabajo y las fiestas, mi rutina se fue al demonio y la estoy pagando en falta de fuerza con el arco...
Pero es más fácil recuperar mi fuerza y mis dizque abdominales que trabajar en mis miedos, especialmente si esos miedos se manifiestan en errores estúpidos que ya no cometía. En toda esta semana, y en una alarmante progresión aritmética (que si fuera geométrica me muero), maté 6 flechas contra la temible plancha del campo de tiro. Las flechas no se rompieron, pero sí las plumas, y si consideran que no tengo emplumadora...no es una situación que me anime mucho, la verdad.
Aún así, reemplazar plumas es fácil, lo difícil es recuperar la confianza en mí misma para volver a disparar sin miedo y sin entrar en pánico por la frustración creciente. Lo malo de cometer errores que ya no cometía, es que empiezo a darme cuenta de los errores que aún cometo y no logro corregir, y como por encanto se hacen visibles para todos los demás. No soy una persona que lidie fácilmente con las críticas, incluso las bien intencionadas, y menos aún si son cosas que ya sé que debo arreglar...tal vez por eso jamás me postulo a trabajos que requieran "tolerancia a trabajar bajo presión". Hablen de presión con mis casi lágrimas en pleno entrenamiento.

martes, 6 de diciembre de 2016

De regreso de Tarija

Fueron cuatro largos días que estuvimos allá, tres de ellos compitiendo y disfrutando los sabotajes del clima a nuestras flechas. Vientos que venían de todas partes y que no permitían compensar, calor insoportable incluso con el cielo nublado. Hubo un momento en que me sentía como en Chapare: demasiada humedad para mi gusto.
Eso sí, Tarija (lo que pude ver) es una ciudad muy linda: chiquita, limpia, ordenada, verdecita, un poco cara pero nada extraordinario, y los tarijeños son buenas gentes. En todo nuestro cansancio por el campeonato, y la frustración por los retrasos y el clima, fue un buen viaje que todos disfrutamos. Y eso que terminamos medio insolados y excesivamente bronceados.
El campeonato mismo tuvo sus altibajos, aunque lo más memorable en general fue la gran caída de los eternos favoritos, o al menos de los que siempre acababan en lo alto del medallero. A varios los eliminaron en las eliminatorias, antes o después, los más llegaron a medalla de bronce como mucho...que no es malo, por cierto.
A mí me fue bastante bien, aunque no tan bien como hubiera querido. Lo malo de ganar una vez es que todos esperan que lo vuelvas a hacer, empezando por una misma. Una medalla de plata en individual y una de bronce en equipo mixto no están mal, pero me hubiera gustado llevarme el oro de nuevo.
Y con eso se terminan los campeonatos del año. Como balance general, fue un año raro en cuanto a campeonatos: Pasé de estar en el fondo de la clasificación en marzo, a llevarme el oro en agosto y la plata hace unos días. El trabajo duro rinde sus resultados.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Los tiempos han cambiado

Recuerdo el tiempo en que ir a ensayar con el coro me hacía feliz. Veía a mis amigos, hacía lo que me gustaba, y aunque no siempre estaba de acuerdo con algunas decisiones o situaciones, siempre acababa disfrutándolo.
Tal vez es que ando muy cansada, tal vez sea que mis prioridades han cambiado (para moverse al mundo del deporte, quién lo diría), tal vez también afecte que el coro mismo ha cambiado en estos años, y muy radicalmente en estos últimos meses, pero las cosas ya no son las mismas. No me malentiendan: aún amo la música y cantar es algo sin lo que no puedo vivir (el día que pase sin que yo me ponga a cantar a grito pelado en cualquier parte, teman), pero este último tiempo en el coro me trae más dolores de cabeza que otra cosa.
Siendo honesta, creo que no me estoy tomando bien los cambios...ni la dirección actual del coro, y no ayuda que varios de los nuevos integrantes no logre pasarlos ni con llajua, como se dice por aquí. Tal vez parte del problema sea que he generado un pequeño complejo de superioridad, pero ni admitiendo eso logro entender cómo algunos califican ciertas cosas de "buenas" y "muy musicales" y yo sólo escuche voces que parecen cornetas de año nuevo.
Puedo tener muchos problemas, pero sorda no estoy todavía.

sábado, 14 de mayo de 2016

Brandy

Normalmente, soy conocida en mi círculo de amigos (y enemigos) por ser casi totalmente abstemia. Antes de mi épica despedida de soltera en que me tomé sola una botella entera de vino, jamás había estado ebria (y eso que esa vez no estaba muy mal, me acuerdo de todo...y todas mis amigas también se acuerdan de todo). Después de eso, jamás he vuelto a beber en esas cantidades (será poco para algunos, pero para mí fue como beberme hasta los floreros, como se dice).
¿Qué significa eso? Que realmente no tengo mucha experiencia con el alcohol y sus consecuencias. Mi poca tolerancia a las bebidas espirituosas hace que siempre sepa donde detenerme, y eso es después de una copa y media de vino, o media lata de cerveza. Así que, además de los efectos que son del absoluto dominio popular, como los síntomas de las resacas y no mezclar alcohol con antibióticos, no sé nada sobre el asunto.
Pensándolo bien, es vergonzoso que alguien de mi edad y que se precia de ser más lista que el resto, no supiera que no se debe beber alcohol si una ya está con molestias estomacales. Alego en mi defensa que los anfitriones que nos invitaron brandy a una amiga arquera y a mí son demasiado amables y queridos para rehusar una copa...seguidas por otra de vino cabernet sauvignon y otra de tannat (sí, incluso aprendí nombres de vino).
Las consecuencias lógicas (para todos, menos para mi ingenua mentecita) fueron un absoluto desastre. Terminé terriblemente indispuesta y muy deshidratada. Sé que las cosas están mal cuando no me siento con fuerzas como para ir a disparar, a pesar de que mis flechas están recién cortadas y con puntas nuevas. Eso es grave.
De todas formas, y aquí entre nosotros, ese brandy estaba genial.

miércoles, 13 de abril de 2016

Con ojos nuevos

Y mis papás se salieron con la suya. Me operaron de la vista el anterior jueves.
En honor a la verdad, debo admitir que valió la pena. Aún me falta más tiempo para recuperarme completamente, todavía veo borroso las cosas a lo lejos, pero nada comparado con la pésima vista que tuve casi toda mi vida. La parte que sigue sin hacerme gracia para nada es no poder ir a entrenar por el sol y por el esfuerzo. Estoy tratando de ser paciente con eso, y poder leer para pasar el tiempo ayuda, pero extraño mucho mi arco...y no ha pasado ni una semana!
Los primeros dos días fueron horribles, quería que me devolvieran mis córneas (imposible, las quemaron con un láser, digamos) o que me arrancaran los ojos, lo que sucediera primero. Además del dolor y la picazón, estaba el detalle de poder tocarme los ojos para nada (¿por qué cree uno que tocarse lo que le duele ayuda a disminuir el dolor?). Aparte los cuidados: gotas cada hora, pañitos fríos, nada de luces fuertes, ni tele, ni compu, ni libros, ni celular...Sí, estaba al borde de la locura.
Creo que lo peor ya pasó, así que ahora queda ir para adelante y esperar.

domingo, 3 de abril de 2016

De vaga...o algo así

Hace una semana, terminó el IV Campeonato Nacional de Tiro. Fue memorable por muchos motivos, incluyendo los dramas de la Federación (después de la reunión a la que nos colamos un montón de deportistas, soñé con un montón de gallinas que cacareaban de leyes y tejemenejes), que conocí varias personas simpáticas...y que me fue como a la patada. Gané una medalla, pero no porque me la mereciera. Un desastre total.
La parte buena de todo eso, aparte de conocer gente divertida, fue ponerme más fuertecita...si es las palas de 30 libras ahora me parezcan de goma es una señal de eso. La parte mala es que ya no puedo seguir dándole largas a mis papás que me persiguen para sentarme bajo un láser y hacerme operar de la vista. Es decir, estoy bastante miope (por culpa de sus genes, debo añadir), pero nada que unos buenos lentes de contacto no puedan solucionar.
No me siento precisamente entusiasmada por eso de la operación, ya vi a mi hermana llorar dos días de dolor y debo decir que la idea no me hace gracia. Beneficios a largo plazo y demás, bla bla bla...no tengo paciencia para esas cosas (otro de los motivos por los que siempre le escapo a los médicos). De todas formas, la peor parte del asunto es que me estaré un mes sin poder entrenar, entre el sol y no hacer nada de fuera estaré fregada. Para colmo, los primeros días resulta que no se puede ni leer ni nada, ¿qué se supone que haga? ¿sentarme mano sobre mano? No que sea la persona más activa del universo, pero no puedo estar sin hacer nada en lo que se me pasa el dolor y los analgésicos empiezan a funcionar.

lunes, 22 de febrero de 2016

Sigo al revés

Hoy había elecciones en Bolivia (otra vez). Sé que las votaciones son algo así como la cúspide de la democracia participativa y demás, pero tengo un certificado de votación por cada año desde que me casé...estoy segura que eso no es bueno para la economía de ningún país, pero así estamos.
Esta votación es realmente importante, se trata de modificar la Constitución parcialmente para que este Gobierno (que, por cierto, fue el que aprobó la Constitución en cuestión) pueda presentarse a una nueva re-elección después de que concluya este periodo, que, por cierto, ya es el tercero/segundo (se agarraron ahí con un tecnicismo bárbaro). De momento, según los primeros resultados no oficiales, el NO va ganando por dos puntos porcuentales. Nada, básicamente. 
Ahora mismo, el Facebook es un alboroto comparable a uno de esos festines/borrachera de la Edad Media, en que todo mundo grita su opinión a voz en cuello, y dan gritos de alarma por un posible (y muy temido) fraude. La cosa está como para coincidir con Umberto Eco (Descanse en paz), que dijo que las redes sociales han convertido al "bobo del pueblo" en el "vocero de la verdad" al darle el espacio para decir tonterías.
Y en este momento, ¿qué es lo que me preocupa realmente a mí? Me preocupa que mis hipotéticas palas, y mis hipotéticos estabilizadores (azules, por favor, no puedo romper la hermosa combinación de mi arco) lleguen a tiempo aquí. Me preocupa poder acostumbrarme a ellos durante el mes que me queda antes del Torneo que, gracias a Dios, ya no será en Tarija, si no en Cochabamba. Me preocupa terminar de revisar esta tesis que tengo entre manos para no quedar desfalcada por mis nuevas adquisiciones (de verdad que me encanta buscarme actividades caras...). Me preocupa solucionar esto de la operación de la vista y que nadie me odie por ello. 
Los resultados serán los que tengan que ser, cumplí con ir a votar. El Torneo...hora de entrenar como loca, de nuevo.

martes, 27 de enero de 2015

Se acercan las fiestas

Suelo quejarme mucho del Carnaval como fiesta en sí, más que nada por los globazos y el exceso de borrachos. La única parte buena es, lógicamente, el largo y maravilloso feriado...en el que me encierro en casa para evitar que me mojen, porque si hay algo que me enoja en la vida es que me mojen. He dicho.
Obviamente, formo parte de una minoría. La mayor parte de las personas por aquí ama el Carnaval. El Carnaval y su adecuado festejo es casi sagrado. Hay una historia, que muchos dicen que no es cierta, de que el inicio de la Guerra del Pacífico cayó en pleno Carnaval, y el Presidente en turno decidió que las medidas pertinentes se tomarían...al terminar los festejos. Para muestra, un botón.
Parte de las celebraciones es la famosa Entrada del Carnaval que ha puesto a Oruro, la ciudad nativa de mi mamá, en el mapa mundial. Básicamente, es el paso de varios conjuntos de baile por un recorrido que atraviesa Oruro y termina en el Santuario de la Virgen del Socavón, patrona de Oruro. Los bailes son un montón, las "fraternidades" son cientos, y los bailarines miles. Oruro es un hervidero de gente ese día, y al ser una ciudad pequeña, jamás entendí dónde se acomodan.
La Entrada fue nombrada hace varios años como Obra maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco, eso le dio más fama de la que ya tenía. Y al ser tan famosa, obviamente se transmite por televisión nacional, por todos los canales, en vivo y en directo, todo el sábado de Carnaval. 
No voy a negar que es genial, aunque hace muchos, muchísimos años que no voy a verla en vivo (otra vez, mi repulsión a los borrachos y a las multitudes entra en juego). Veo la entrada a pedazos desde la comodidad de mi casita...y evitándome el lento y desesperante paso de la Morenada que jamás acaba de pasar y hace baches en la entrada, yendo por algo de picar en lo que entra el siguiente conjunto. Eso sí, siempre espero a que pase la Llamerada Socavón.
Resulta que mi mamá bailó en la Llamerada Socavón cuando era joven y soltera. Lo interesante del asunto, y aquí cito a mi abuelita en uno de sus comentarios algo racistas clásicos de su edad y época, es que mi mamá se metió a bailar cuando "las que bailaban eran las del mercado". Según mi abuelita, después de que mi mamá bailó en el Carnaval, "las señoritas" entraron a otros grupos y fraternidades, haciendo de la entrada lo que es hoy en día: una gran fiesta en que todos, sin importar su clase social, "estatus", ingreso económico (hay que ver los gastos que se hacen en Carnaval), "apellido y renombre", bailan y cantan  codo a codo. 
Por cierto que siempre he dudado un poco de la versión de mi abuelita, básicamente porque exagera un poco las cosas. Pero que mi mamá bailó en la Llamerada, bailó (y nadie quita lo bailado y esas cosas). Ver a la Llamerada pasar, siempre me hace pensar en mi mamá.


"Así se baila, llameros, con la Llamerada Socavón (Fuerza, llameros!"
Por cierto que a los del Carnaval les convendría grabar en mejor calidad y aprender a editar mejor.

Son más de 250 personas sólo en la Llamerada, y por algún motivo no me aburro de verlos pasar. 
Algo más, aunque no estoy completamente segura. Hay un señor que baila solo casi al inicio del paso de la fraternidad, y baila distinto a los que van detrás suyo. Si no me equivoco, era el señor que siempre que veíamos pasar a la Llamerada en el Convite antes del Carnaval con mi abuelita, se acercaba a saludarla y mandar saludos para mi mamá porque se acordaba de ella. El señor lleva más de 40 años bailando todos los años en el Carnaval. Si eso no es aguante, no sé qué es.

lunes, 26 de enero de 2015

Fu...

Últimamente, ando con muchos inicios de jaquecas, pero el verdadero dolor de cabeza no suele comenzar. Demasiados días emocionantes. ¿Tensa yo?

domingo, 2 de noviembre de 2014

Feliz cumpleaños para mí

Este debe ser el cumpleaños que con menos entusiasmo he esperado, al menos durante los últimos dos días. Tal vez no debería dejar que los comentarios de algunas personas me afectaran tanto, cualquiera sabe eso a nivel racional pero la dificultad está en aplicarlo realmente.
Por cualquier motivo, estaba de pésimo humor ayer por la noche y algo esta mañana. Primeras horas de mi cumpleaños y yo quería pelearme con el mundo entero y/o quedarme en mi cama, una actitud no muy festiva. 
De todas formas, todo mejora con una buena comida llena de calorías e carbohidratos malos para la salud pero deliciosos para consumir, incluso si van acompañados por una discusión sobre política entre partidarios de la derecha y de la izquierda (por demás incómodo). Después de un buen rato con la familia, volví a casa con mi hermanita y mi sobrinito a jugar y ver pelis de animación para niños.
Tengo 29 años ya, y puedo decir que no me hace gracia envejecer y darme cuenta de ello es aún peor. Pero hay tantas cosas buenas en mi vida, muchas veces las doy por hecho y no las aprecio como debería. Tal vez la conciencia de esa idea fue lo que, en cierta manera, mejoró mi humor y pude tener el resto del día sin una nube negra sobre mi cabeza. Supongo que, al final de cuentas, eso es lo que hace un buen cumpleaños.
Obviamente, no voy a ser tan hipócrita como para no admitir que los regalos hacen también su parte mejorando el humor de cualquiera en su cumpleaños. Entre ellos (que de todas formas no fueron muchos), destacan el regalo de mi esposito y el de mi amigota Marce.
Después de ir dos veces a la Feria del libro de este año (que merecerá una entrada aparte en su momento), mi esposito me consiguió uno de los libros que vi ahí, de uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos, el gran profesor Tolkien. Lo último que le publicaron (porque es su hijo el que publica ahora, dado que el profesor lleva sus buenos 40 años muerto) es su poema titulado "La caída de Arturo". Y sí, es el Arturo de Camelot. Además de lo obvio, mi deseo por leer este libro se basa en que, hace poco, leí la (inconclusa) versión de Steinbeck sobre los Hechos de Arturo y sus Caballeros, que justo se termina antes de que Lancelot y Ginebra empiecen a ponerle los cuernos al Rey. Gana de chismear total.
El otro regalo, el de mi amigota Marce, fue un cubo rubik. Pero no el cubo estándar que todos conocemos, el 3x3x3, sino el 2x2x2. ¿Qué tiene de diferente? A primera vista, es obvia la falta de un montón de cuadraditos, pero al momento de armarlo, es como haber juntado sólo las esquinas. Por lo tanto, armarlo es cuestión de manejar esas esquinas. De entrada, me costó deducirlo, lastimosamente mi cerebro funciona mejor con instrucciones claras, pero las instrucciones que encontré eran todo un engorro y no me funcionaban, así que supongo que estaba haciendo algo mal. Me puse a pensar en la lógica del cubo normal y los pasos que sabía para arreglar esquinas ahí, y funcionó después de darle muchas vueltas.
Después de todo, no fue un mal cumpleaños.

jueves, 30 de octubre de 2014

Otra vez el verano

Sí, ya sé que no es verano, pero se siente como si lo fuera. Me podrían decir que 28° C no es tan terrible de soportar, pero en mi departamento, donde no puedo generar una corriente de aire ni con todas las ventanas y puertas abiertas, donde el sol pega directo a la ventana de mi habitación toda la tarde, y donde la terraza está cubierta de calamina plástica que ¿qué creen? genera más calor, se siente como si fuera verano y estuviéramos en, no sé, el Sahara.
Lo peor es que me da vergüenza andar en mi short cortito y medio indecente, no apto para "señoras casadas", porque al parecer, gimnasio o no gimnasio, engordé y me queda demasiado apretado. Así que encima de acalorada, estoy demasiado consciente de mis lonjas, lo que no es agradable de ninguna manera.
Y pensar que aún falta para que haga verdadero calor de verano...

miércoles, 25 de junio de 2014

La fiera interior

Al fin, sé qué es lo que tengo en la garganta que se niega a salir. Al parecer, tengo todo un zoológico de bacterias resistentes a la penicilina y a varios antibióticos. Un desastre, y todo por mordisquear bolígrafos eventualmente.
Es como la cereza sobre el cherry para un mes muy malo, pasando por todas las enfermedades de mis perros, los secuestros de mascotas, mascotas muy enfermas y puestas a descansar (pobre Igorcito). Ya quiero que este mes se acabe (para no darle tiempo de hacer más cosas).