viernes, 29 de julio de 2011

Mi vida apesta

Sospecho que he caído en la versión más aproximada a mi infierno personal que podría haber en la Tierra: un día igual que el otro, trabajo monótono y aburrido, sólo sazonado con pequeñas ridiculeces que no alcanzan a compensar todo la miseria que siento, y la incapacidad de ejercer mi especialidad, es decir, corregir cosas mal redactadas, poner tildes, comas y puntos donde deben estar. Yo, maniática de la lengua española, debo transcribir documentos que pueden tener 11 líneas seguidas y ni un punto para separar las oraciones.
Sí, hay cosas buenas como que mi jefa me tiene mucha paciencia (aunque sospecho que eso me acarreará problemas con mis compañeras a la larga), o me encuentro con nombres tan divertidos que me hacen desear reír a carcajadas (que no puedo). Pero ni aún así me puedo considerar mínimamente cómoda en el trabajo: no encajo ahí de ninguna forma.
No me caracterizo por mi exceso de paciencia, y esa frase que me soltó el otro día mi mamá (con la mejor de las intenciones, supongo) de "Tal vez es el momento de aceptar la voluntad de Dios...", me acabó de poner de los nervios. ¿De veras cree que ESTO es lo que Dios quiere para mí? ¿Que pase mis días unos tras otros sin hacer nada que no sea un trabajo aburrido? Me niego de plano a creer semejante idea, y que me lo diga mi madre que hace unas semanas no se cansaba de decirme que explote mis capacidades, que si quería estudiar música estaba a tiempo aún, y que yo era tan inteligente y tan apta para hacer lo que quisiera y me gustara, y etc, me parece casi una falta de respeto.
Como si no fuera bastante malo, ayer descubrí las desventajas de trabajar en una oficina que atiende al púlblico en general: mi celular desapareció misteriosamente de mis escritorio en un momento en que había un montón de gente ahí metida. Tengo a mi sospechosa y ninguna manera de recuperar mi teléfono.
Trataré de ser un poco más paciente, tengo que aguantar hasta que encuentre algo que sí tenga que ver con lo que estudié (¿o para qué rayos me quemé las pestañas cinco años?).

martes, 26 de julio de 2011

Aburrimiento mortal

Sabía que había una buena razón para no querer trabajar nunca de los nuncas en una oficina, lo sentía en los huesos y me conozco a mí misma más de lo que la mayoría cree. La razón es absurdamente sencilla: no puedo estar en un lugar en que el trabajo no exige nada, NADA de imaginació, nada de música, nada de libros (hay lectura, pero es tan extraña...) y nada de colores.
Además, estos dos días en la oficina me han hecho recordar una de las razones por las que no quise estudiar Derecho: Es aburrido, tedioso a más no poder, y se me debe estar pegando porque no encontré más que dos sinónimos para decir algo.
Tengo la mano izquierda medio acalambrada de tanto llenar el tal libro de protocolos de poderes o lo que sean, y probablemente tenga pesadillas con el tal Anko Arthur Stilma, gerente de SICIREC BOLIVIA, porque va el menso y saca como 1o poderes seguidos para lo mismo. Hay gente burra...
No espero que mañana me den algo más interesante que hacer, porque ¿qué podría hacer en una notaría una comunicadora? Si hasta la otra chica que es estudiante de Derecho está perdida como sordo en balacera, yo más. Quiero hacer otra cosa, quiero otro trabajo.

domingo, 24 de julio de 2011

Nieve en llamalandia

¿Sabían que en el Departamento de COchabamba está la mayor reserva de llamas de Bolivia? Ahora lo saben. No sé exactamente en donde está dicha reserva, pero estoy segura de que estuvimos muy cerca de ahí. Digo, vi más llamas que en toda mi vida, todas tan altivas y bonitas.
Había pensado hacerme un tatuaje en el hombro (una Clave de Sol, que además de bonita, serviría para recodarme siempre qué es lo que de verdad quiero) para despedir mi juventud y esas cosas, pero en vez de eso, nos fuimos de paseo a algún cerro (sigo sin saber cuál) con mi sufrido novio y unos amigos para ver la nieve. Bueno, el plan inicial era ver hasta donde nos llegaba el combustible (calculando ida y vuelta) para planear una futura excursión.
Sorprendentemente, el combustible aguantó bien y llegamos hasta la nieve, o lo que quedaba de la última nevada. No era mucho, pero igual era hermoso. La nieve es tan suavita, pero moja los guantes, quema las manos y si te golpean con una bola bien compactada, duele como un pedrazo. Jugamos como chiquillos, comimos pan con mortadela a montones, tomamos café calientito, e hicimos un muñeco de nieve chiquito. Rodeada como estaba de tres Gryffindor, lógicamente el pobre muñeco acabó vestido de amarillo y rojo (pinches leones), pero por un ratito me permitieron ponerle los colores de mi Casa. He aquí el resultado:



¿Lo único malo? No tenía la más pálida idea de que una se quema por el reflejo del solecito en la nievecita. Mi cara está hecha un trapo.

viernes, 22 de julio de 2011

Compradora compulsiva

Eso es algo que nunca he sido, al menos no cuando se trata de ropa, zapatos, maquillaje o cualquier cosa de las que entusiasma al 99% de las mujeres normales (me enorgullezco de no ser para nada normal). Si hay algo que podría comprar compulsivamente son libros y juguetes (en especial de Harry Potter, El señor de los Anillos, o Star Wars), pero como suelo estar escasa de fondos, pues no lo hago.
Para mí, salir a comprar ropa es un martirio, si lo hago tardo más en llegar que en comprar. Voy en plan "mira rápido, elije lo más sencillo y bonito que haya, fíjate que no sea muy caro, pruébate, compra, vámonos de aquí". Hacerme coser ropa tampoco es una opción, generalmente no lo hago y cuando lo hago es más del tipo "Hazme una falda bonita, medio amplia, ¿listo? Vámonos". Elegir modelitos, que si esto es má bonito que aquello, por muy incómodo que se vea, que si el corte acá o el corte allá, y cosas, definitivamente no es lo mío.
En mi opinión, la ropa debe ser cómoda, servir para múltiples propósitos (salir al cine, con los amigos, a beber, a jugar, etc, etc), no me entretengo en fruslerías. Tal vez por eso mismo es que siempre ando con pantalones jeans, poleras y tenis (zapatillas deportivas para los incultos). No significa que me vea desarreglada, no, simplemente que estoy más cómoda que toda la gente que vive trepada en tacones, con pantalones de tela incómodos (porque no se acomodan a ningún lado) y blusas de tela tan delgada que viven resfriados. Si alguna debilidad tengo en cuestión de vestir, son las faldas, pero como evito las oportunidades de vestirlas, pues están todas bien guardadas el fondo del ropero.
Eso sí, con esto de "mi nuevo empleo", mis papás juzgaron conveniente comprarme ropa, lógicamente, ropa como para usar en una oficina porque, en su opinión, no puedo ir con tenis, jeans holgados y poleras con estampados de Pac-man a trabajar, oh no, preciossso. Así que me dieron dinero (que nunca es mal recibido) y me mandaron de compras con mi hermana en calidad de "Asesora de modas", con claras instruciones de no dejar que me compre nada suelto ni estampado (y vi una polera que decía "I love chocolate").
Aún teniendo en cuenta mi inveterado odio por las salidas de compras, en especial las excesivamente prolongadas, fue un paseo interesante...y no precisamente por la ropa. Descubrí, por ejemplo, que la gente se ha encogido. ¿Cómo? se preguntarán. Es muy sencillo, mis jóvenes padawans, resulta que cada vez que me probaba un pantalón de esos que están de moda (bota chupada, ajustados y con cosas bordadas), dicha prenda de vestir, aunque me cerrara, me quedaba muy corta. Tenía que pedir que fueran largos para que me quedaran bien. No soy muy alta (1.70 m no es la gran cosa), pero si los pantalones estándar me quedan cortos, debo deducir que una mayoría de la población ha perdido tamaño.
Y la gran aventura del día. Después de una larga caminata comprando pantalones, una blusa, crema de peinado (para finjir que hago algo más que con mi cabello que simplemente atarlo), y algunas cosillas más, nos encontramos con X cantidad de dinero (No diré cuanto. Si alguno de mis conocidos lee ésto, me desprestigiaré ante sus ojos. Se dice el pecado, no la penitencia) que, por cierto, no era poco, pero tampoco mucho. Íbamos por ahí caminando, con la idea de comprar una blusa más cuando mi hermana ve una que, hay que admitirlo, era muy bonita y, definitivamente, algo que yo usaría. Pregunta el precio, digamos N. Convencida de que era una buena compra, mi hermana, a la que ingenuamente dí todo el dinero porque mis bolsillos no son los más seguros, sacó todo lo que quedaba, contó y pagó por la blusa. El resultado de la transacción fue:
X - N = 2.20 Bs.

Ahora, consideremos que el pasaje de micro para dos personas en Cochabamba es 3.40 Bs. (1.70 Bs po cabeza) y, lógicamente, cualquiera cae en cuenta de que estábamos en grandes problemas. Debo admitir que sabía lo que pasaría cuando compramos la blusa, pero no dije nada porque, por una vez, me dejé llevar por la imprudencia y el deseo de tener ropa bonita, así que parte de la culpa también es mía.
Supongo que sólo por eso, no hice un escándalo y me negué a comprar la tal blusa. Supongo que por eso, no me quejé por caminar varias cuadras mirando al suelo y rogando por encontrarme una moneda de 2 Bs por lo menos (obviamente, no hubo suerte). Y supongo que también por eso, no me quejé cuando mi hermana usó buena parte del crédito que me quedaba en el celular para llamar a casa pidiendo auxilio.
De veras, me tiene que ir muy bien en este trabajo o me sentiré mucho más culpable por comprar esa blusa tan bonita.

jueves, 21 de julio de 2011

Nuevas eras

Bueno, hagámoslo corto: Conseguí (o más bien, mi papá me consiguió...que feo suena) un trabajo. Nada que ver con mi carrera, nada que ver con mis gustos, nada que ver con nada, pero es un trabajo. ¿Qué se yo de Derecho? Nada (para empezar, soy zurda, jaja), pero ahí estamos, a punto de comenzar a trabajar en una notaría, nada menos.
Estuve deprimida por muchos días, de veras, la idea de trabajar en una oficina y de vestirme estilo "señorita" con pantalones de tela (y no jeans), con blusitas (y no poleras) y con tacones o zapatitos decentes (y no tenis) es de por sí escalofriante para mí. Al final de cuentas, supongo que si te dan a elegir entre aburrirte en casa o aburrirte en una oficina y que te paguen por ello...

Indignada

Como si no fuera bastante que para encontrar un trabajo te pidan dos años de experiencia que nadie te quiere dar, resulta que para hacer un concierto en el Teatro Achá también te piden que te hayas presentado dos veces en el Teatro Adela Zamudio, que hayas grabado discos, que seas "profesional" y, lógicamente, no "tan joven" como nosotros.
¿Cómo diablos se supone que un coro de gente joven, dirigido por alguien joven, llegue a ser conocido si los encargados de uno de los principales escenarios de la ciudad arman un lío porque "son muy jóvenes" y "no son profesionales"? Es la segunda cosa absurda que he oído en mi vida (junto con la del trabajo, lógicamente).
Parece que todos los hados están conjurando contra este concierto, nos damos la vuelta y algo empieza a salir mal. Digo, como si no fuera bastante mala suerte ya con lo de la orquesta y huevas. Esto está comenzando a desesperarme, y mucho.

martes, 19 de julio de 2011

Continuada

La mala suerte me persigue...o, más bien, simplemente vivo con mi familia. ¿Qué clase de día se puede considerar bueno si comienza con un charco de aceite en la cocina? No soy especialmente quisquillosa con eso del orden y la limpieza, pero hay cosas que no se pueden tolerar ni ignorar, y eso incluye los charcos de aceite.
Tal vez no me hubiera tomado las cosas tan a la tremenda si no hubiera sido porque la directa responsable se negó cínicamente y no quiso limpiar, alegando que tenía que ir a ponerse crema a las manos. Perdona, la piel de mis manos se ha puesto como una lija, y mojarlas y meterlas al detergente no ayuda, pero no por eso voy por ahí negándome a limpiar y poniéndome cremita cómodamente.
De ahí todo se fue cuesta abajo, típica situación de día en que mi mamá se va de viaje. Quisiera ver qué hacen el día que se me ocurra conseguir un trabajo y los deje arreglárselas como puedan. Odio cocinar, pero no tanto como las demás, odio limpiar el baño pero soy la única que lo hace. Así es la vida: un asco.

domingo, 17 de julio de 2011

Días maaaaaaaaaaaalos

Hoy no, aunque ayer sí que lo fue, así que las cosas se arrastran hasta hoy. Realmente, soy muy burra, demasiado despistada y excesivamente confiada en que las cosas están donde las recuerdo. Eso es un gran error, dado que mi memoria es un asco para cosas prácticas (como recordar dónde dejé las cosas), resulta que podría no saber exactamente qué hice con mis cosas.
Por ejemplo, ayer, saliendo ya hacia el cine para el día de exposición y huevas, me dí cuenta recién de que mi billetera (con 20$ y mi carnet de identidad) no aparecía por ningún lado. Revolví mis cosas y la parte de mi casa donde recordaba haberla dejado y no apareció. No sé aún qué hice con ella, mi hermanita dice que estaba en mi bolso el día de la premier, así que hay una gran probabilidad de que la perdiera en el cine. Considerando que sacar un carnet es un alboroto eterno, y que la plata no me sobra, creo que mi depresión es por demás justificada. Ando rezando para que resulte que no revisé bien algún rincón y la pinche billetera aparezca, pero no creo tener tanta suerte.
Deprimida y todo, pasé parte de la tarde con el Club en el cine, con los chicos tratando de consolarme de mi pérdida.Deprimida me fui al ensayo del coro, con todo el ánimo de pasarla bien un cacho cantando, pero no contaba con mi mala suerte. Entre una cosa y otra, resulta que hubo algunos líos y no cantaremos ya con orquesta el Requiem de Mozart. Es muy decepcionante, pero, como dice mi sufrido novio, al menos cantaremos. Nos presentaremos en el Teatro Achá con piano, como la última vez. Supongo que ahora sí mi hermana podrá sacarnos fotos decentes...o mi chico podrá sacarnos fotos más decentes todavía.
Regresando al Cine para levantar la exposición y que nada (más) se me perdiera, sucedió lo mejor de mi día: Alcanzamos a ver los penales del partido Argentina-Uruguay, Tévez la tarreó una y Uruguay se quedó adentro de la Copa. La felicidad hay que agarrarla por donde se pueda, y eso me dejó más o menos contenta...hasta que me llamaron de mi casa. Yupi yú...
Entre una cosa y otra, no fue precisamente un buen día.