Ya pasadas un poco las Fiestas, o al menos la parte linda de ellas, al fin tengo tiempo para sentarme a escribir algo (sigo creyendo que escribir un blog es como mandar un mensaje en una botella al mar, esperando que alguien la encuentre). No puedo quejarme, fueron unas buenas Navidades, a pesar del estrés, el cansancio, el trabajo, las compras navideñas (tan divertidas y estresantes a la vez) y demás.
Además, en un mundo que está tan mal, lleno de gente con verdaderos problemas, quejarse por tonterías como no obtener un regalo, o que no me gustó la comida (y que conste que no me quejo de nada de eso), sería un poco (muy) estúpido de mi parte.
Recibí buenos regalos, lindos regalos, útiles regalos, y espero haber acertado con los regalos que dimos. Creo que lo más épicamente resaltante de esta Navidad (y de todas las Navidades, últimamente) fue la comida: Deliciosa y excesivamente abundante. No sé si es que me acostumbré a comer poco, pero sentí que tragué como bestia hambrienta desde el 24 por la noche hasta...hace unas horas, con pretextos varios, aunque todos festivos. Al demonio la dieta, diciembre es para engordar.
Ya cerca del fin de este año, me siento (increíblemente asustada) algo preocupada por lo que viene. Soy de las que dice que cambiar de año no implica ningún gran cambio, que es sólo el paso de un día a otro, pero este año que viene sí va a ser un cambio importante.
En fin, lo que tenga que ser...
Feliz Navidad a todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario