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lunes, 28 de diciembre de 2015

Crónicas Navideñas 2015

Ya pasadas un poco las Fiestas, o al menos la parte linda de ellas, al fin tengo tiempo para sentarme a escribir algo (sigo creyendo que escribir un blog es como mandar un mensaje en una botella al mar, esperando que alguien la encuentre). No puedo quejarme, fueron unas buenas Navidades, a pesar del estrés, el cansancio, el trabajo, las compras navideñas (tan divertidas y estresantes a la vez) y demás.
Además, en un mundo que está tan mal, lleno de gente con verdaderos problemas, quejarse por tonterías como no obtener un regalo, o que no me gustó la comida (y que conste que no me quejo de nada de eso), sería un poco (muy) estúpido de mi parte. 
Recibí buenos regalos, lindos regalos, útiles regalos, y espero haber acertado con los regalos que dimos. Creo que lo más épicamente resaltante de esta Navidad (y de todas las Navidades, últimamente) fue la comida: Deliciosa y excesivamente abundante. No sé si es que me acostumbré a comer poco, pero sentí que tragué como bestia hambrienta desde el 24 por la noche hasta...hace unas horas, con pretextos varios, aunque todos festivos. Al demonio la dieta, diciembre es para engordar.
Ya cerca del fin de este año, me siento (increíblemente asustada) algo preocupada por lo que viene. Soy de las que dice que cambiar de año no implica ningún gran cambio, que es sólo el paso de un día a otro, pero este año que viene sí va a ser un cambio importante. 
En fin, lo que tenga que ser...
Feliz Navidad a todos.

viernes, 24 de febrero de 2012

Para fines terapéuticos

En general, tengo la costumbre de no tomar bebidas que tengan grado alcohólico. Para empezar, el sabor de la gran mayoría de ellas me parece francamente asqueroso y no entiendo qué gracia le halla la gente. Pueden perorar todo lo que quieran sobre al exquisitez de un whisky de 42 años o lo que sea, y sólo conseguirán de que siga convencida de que sabe (y huele) a alcohol medicinal. Punto.

Además, desprecio a los borrachos, así que el cuentito de que unos tragos te deshiniben y huevas, por muy cierto que sea, me suena a pretexto. Y gracias, no me gusta ese clase de deshinibición.

Pero ¿Qué puede hacer una simple humana si su amada madre el ofrece un vasito (muy chiquito) de vino dulce? Si hay algo a lo que no me resisto, es a los dulces, y mi mamá se consiguió un vinito increíblemente dulce y delicioso (nada de esas cosa áspera que me invitó mi cuñado hace un mes).

Así que, acá está la siempre leal defensora de la sobriedad y enemiga jurada de cualquier "bebida espirituosa" (me encanta como suenan esas palabras), tomándose un vasito de vino (muy muy chiquito) después de cada almuerzo, acompañada por su santa y abnegada madre. Claro, nuestro pretexto (dicho entre risas) es que el médico me dijo que tomara un poco de vino para hacerme subir mi presión, que está muy baja. ¿Ironía? Sï, tal vez. Salud.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cada día, una novedad...

Un atípico martes, debo decir, pero la "nueva política" me impide, al menos moralmente, salir de mi casa a no ser que vaya a hacer algo realmente productivo (que se relaciona mucho con los "descubrimientos" de hoy). De todas formas, la alegría de ir a decapitar zombies con una hermosa katana, y gritar, y tomar café (del que estoy privada desde hace unas tres semanas por el cierre del que fue, durante unos meses, el centro de operaciones alternativo del Club), por mucho que mi salud mental dependa de ello (no exagero), se estropea en gran medida si sé que a mi vuelta a casa me puede estar esperando un gran alboroto que no tengo ni las ganas, ni las fuerzas de enfrentar. Es probable que, realmente, me vuelva loca sin capuccinos fríos y sin Left4Dead2 (más, quiero decir), pero es lo que hay y tendré que soportarlo un tiempo.
Martes atípico, como les iba diciendo. En lugar de matar zombies con katana, me conformé con seguir arrojándoles plantas, peor es nada, pero no tiene la misma gracia sin sangre y una espada samurai. En vez de intoxicarme con exceso de cafeína y azúcar, me senté con mi mamá a ver "Robin Hood", pero la versión con Kevin Costner (¿así se escribe?) y he aquí uno de los grandes descubrimientos de hoy: el actor que hacía del Sheriff de Nothingham (¿así se escribe? en serio, hoy derramé mi orotografía en cualquier idioma) es, nada más y nada menos, que Alan Rickman. Lo divertido es que ni siquiera me di cuenta yo, si no mi mamá, lo señaló en la tele y me dijo: "Ése es el profesor amargado de Harry Potter, ¿verdad?". A eso he llegado por estar sin mi café.
De ahí en adelante las cosas no mejoraron, se mantuvieron en status aburrido/normal (¿hay algo menos entretenido que la normalidad? Por eso me enorgullezco de ser tan rara). Y, entre normalidad y normalidad, cayeron algunas cosas en mi mentecita:
1. Soy completamente improductiva.
2. Tengo complejo de princesa (Sobrino César, si algún día lees esto, seguramente sabrás a qué me refiero).
3. Al parecer, soy fácilmente reemplazable en algunos aspectos por la señora madre de mi sufrido novio (en caso de resfrío, ella hace sopa de pollo real, yo me limito a sugerir que compremos sopas de vaso sabor pollo).
4. La Fanta Icy Lemon se fabrica en el Reino Unido y, señoras y señores, sabe a esos antigripales de disolver en agua caliente "con sabor limón". Ingleses...

Por cosas como las anteriores es que los martes iba a tomar cafeína y azúcar, y después pasaba a liquidar zombies, para no estar diciendo tamañas estupideces (no digamos ponerlas por escrito en un blog).

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Extras de cumpleaños

Si hay algo que me gusta mucho de mi cumple es que, como es en día feriado, los amigos no siempre alcanzan a darme un abrazo (o un regalo) en persona el mismo día. Eso significa que los abrazotes aplastacostillas y presentes siguen llegando un tiempo después (el record es el 20 de noviembre).
Hoy, por ejemplo, salí al café de mis queridos amigotes (que tristemente acabo de enterarme que cerrará la siguiente semana), porque el querido Osito Emile quería darme un abrazo en persona. Resultó que el abrazo era sólo una parte de su regalo.
Primero, me dio una mini-torta, aduciendo que como yo me rajé para su cumple (aunque yo no lo llamaría así, dado que la primera masa se convirtió en carbón) era lo mínimo que podía hacer. Y, claro, lo máximo que podía hacer era darme café, pero no cualquier café, ¡oh no, preciosssso!
Su idea de un "capuccino de cumpleaños" era...¿cómo decirlo? Algo realmente grande. Ahora, imaginen el vaso normal de capuccino, que de por sí es una dosis bastante decente (uno de esos me deja feliz, dos me dejan brincando como pony encantado), y multiplíquenla por tres. ¡ERA UNA JARRA DE CAPUCCINO!
Y pensé que yo era la exagerada. ¿Es posible emborracharse con café? Desde la experiencia directa de esta modesta reportera, puedo asegurarles que sí, es posible. Dos horas después de que acabé con la bendita jarra, tenía los siguiente síntomas:
Pulso: Normal
Mareos: Leves, pero presentes.
Sensación de euforia: Oh sí, al menos, todo me parecía (y me parece) mucho más gracioso de lo normal.
Pupilas: Ligeramente dilatadas.
Otros: Mis dedos tienen cosquillitas en las puntas; mi pancita hace ruidos extraño; y definitivamente está comenzando a dolerme la cabeza. Y, claro, no tengo una gota de sueño.

Ahora, la pregunta del millón: Si es posible emborracharse con café, ¿es posible tener cha'ki (resaca) por café?

miércoles, 11 de febrero de 2009

Agradables rutinas y mucho azúcar

La anterior semana comenzaron las clases en los colegios y en la U (al menos en la que era mía, en las otras no sé) y pues, dado que son la cosa más repetitiva del mundo, da paso a que se formen rutinas.
Ya sé, yo ya no voy a la U (maldición!), así que no tendría por qué afectarme, verdad? Pero mi sufrido novio es docente de dos materias, y eso implica seguir un horario y patrañas. Lo malo es que sus dos clases son en la noche, lo que significa que llega a casa alrededor de las 9:00 p.m. y, generalmente con mucha hambre.
Y, a lo que me iba, eso nos ha generado una rutina de lo más graciosa: Sufrido novio llega hambriento después de hora y media de aguantar a un montón de fetos, Meli dice que ya comió y no tiene hambre, sufrido novio pone cara de borreguito, Meli queda convencida de salir (la mayoría de las veces, hay días en que me resisto), aparece el sobrinito de Meli al que le encanta ir al supermercado (generalmente instigado por una de las otras tías, hartas de cuidarlo), sobrinito pone cara de borreguito, Meli queda convencida (o resignada) a llevarlo al super mercado, sufrido novio agarra una mano del niño, Meli agarra la otra, y todos se van caminando (changos, qué párrafo tan largo!).
En el super, se necesita mucha paciencia y dotes atléticas para ir detrás de mi sobrino que siempre entra como un bala a coger un carrito. Por lo general acabamos comprando comida chatarra, tardamos horas en dar vueltas y más vueltas y volvemos a casa cargados con bolsas y con el niño (que a esas alturas del baile no quiere caminar y también hay que alzarlo).
Hoy tuvimos otra de esas salidas y, como casi siempre, acabamos comprando (uso el plural aunque yo no pongo ni un quinto. Eso, amigos míos, se llama cinismo) alguna cosa rara que no necesitamos para nada. La víctima de hoy fue una lata de Canada Dry sabor cereza o algo por el estilo.
Por lo que leí por ahí y como todas las bebidas gaseosas, se inventó como a finales del siglo XIX. Se hizo muy popular durante la época de la Ley Seca para disimular el sabor de los licores caseros (lo que sea con tal de farrear). A mí la gaseosa esa me supo más raro incluso que el Dr Pepper, y conste que dije RARO no FEO. Interesante, y tal vez me podría acostumbrar a tomarla, pero se me hace que por su precio, pues prefiero una buena botellota de Pepsi o algo así.
Así que, en este momento estoy con más azúcar del necesario dentro del cuerpo, lo que significa que no podré dormir en unas dos horas más, seguiré desequilibrando mi reloj biológico y mañana estaré como un zombi todo la mañana.

jueves, 22 de enero de 2009

La primera vez con el Dr Pepper


Okas, eso sonó feo, pero me refiero a la gaseosa, bola de mentes podridas. Pasa que hoy, por primera vez en mi corta vida, probé la famosa bebida Dr Pepper y debo decir que tengo un serio comentario al respecto (¿alguien cree que lo escribo sea serio? Levanten la mano por favor...).

Pero antes de eso...un poco de Historia: Dr Pepper es una bebida gaseosa pero no de cola (o sea, que no sabe a lo mismo que la Coca-cola y la Pepsi) que fue creada hace más de un siglo por dos tipos, uno de los cuales era farmacéutico (y eso explica muchas cosas para mí).

Supuestamente, según indica la wikipedia (gran fuente de información para vagos como yo), su sabor ultra raro deriva de una mezcla popular de sabores en las fuentes de soda (me pregunto qué rayos mezclaban ahí) y no, como dice una leyenda urbana, de una porción de zumo de ciruela que contiene.

Y ahí es donde yo me confundo porque, señoras y señores, Dr Pepper SABE A CIRUELA!! Lo juro por las tangas de Merlín. Con mi sufrido novio pensamos que era a lo mejor porque estaba medio tibio, y lo metimos al refri a que se enfríe...pero la verdad que no sirvió de nada, seguía con sabor a ciruela. O sea, feo no es, pero tampoco es para decir ¡qué bruto, qué delicia!, no sé...sabe raro, muy raro.

Conclusión: ya sé por qué Dr Pepper es el tercero en ventas mundiales de gaseosas.