El estúpido Kinder o Jardín de Niños (iguales a pequeñas pestes) fue el primer lugar en que me di cuenta de que, definitivamente, no encajaba. Lógicamente, con mis tiernos 5 años no lograba captar exactamente qué era lo que me hacía diferente de la masa de niños (la verdad, ahora tampoco lo entiendo del todo, pero sé que ser más lista que los demás tiene mucho que ver), así que el kinder fue un largo suplicio.
Debo admitir que, en realidad, no recuerdo mucho de esa época (gracias a Dios), pero de todas formas estuve maś que feliz de salir de allí. Sé que ahí te enseñan las cosas más básicas como para que después no te hagas un embrollo con un lápiz y demás cosas, pero debo admitir que, de lo que recuerdo, era muy aburrido eso de escribir mil veces el mismo número, o hacer mil y un dibujos de papá, mamá y demás familiares. Un muermo.
Ya van 21 años de que dejé el kinder, y parece que hoy me hubiera vuelto a alcanzar. Pasé una buena parte de la tarde ayudando a mi sobrino a hacer su tarea, consistente en un calendario de febrero en que había que escribir 4 veces cada fecha. Espero que mi sobrino recuerde por siempre que el último febrero tenía 29 días, porque a mi se me quedó grabado por siempre. Que cosa más aburrida...