sábado, 7 de julio de 2018

La peli frente al libro: Ready player one

Estaba segura, segurísima, que había escrito una muy aguda entrada sobre "Ready Player One" cuando fuimos a verla al cine hace unos meses (la verdad, no logro recordar en qué mes, asumo que abril), pero resulta que no. Dado que es obvio que ya ni en mi memoria puedo confiar (no es que le tuviera mucha confianza, pero esto ya es el colmo), y que hace unos días terminé de leer el libro (dos días, damas y caballeros), tendré que hacer las dos entradas en una.


Mi amigo/entrenador Jorgito fue el primero en mostrarme el trailer de la peli. Me sorprendió la cantidad de referencias y cosas de cultura pop que aparecían. De hecho, paramos el video en una escena para contar cuántas cosas reconocíamos y perdimos la cuenta. Obviamente que iba a ir al cine a verla, si podía ser en 3D, mejor todavía.
Si el trailer prometía mucho, la peli cumplía todas esas expectativas. Más allá de las animaciones y logrados efectos especiales (o sea, cerca de la mitad de la peli), la trama estaba muy planteada y resultaba convincente. La historia sucede en el año 2045 (no muy lejos de ahora, si la piensan), la Tierra es un desastre y Wade Watts (bautizado por su padre fan de los cómics y muerto), pasa su vida en las Torres, un montón de casas rodantes apiladas una sobre otra (una favela con estilo del primer mundo). Como todos los adolescentes de su época, y toda la gente del mundo, en general, Wade se pasa la vida metido en el OASIS, un juego masivo de rol en línea que además usa realidad virtual y que requiere que los usuarios requieran visores y guantes hápticos. O sea, que ven y sienten (de acuerdo a la calidad de sus dispositivos de acceso) el juego. Al diablo la realidad, está bastante jodida, y todos prefieren quedarse en el juego.
El creador de OASIS, Halliday, un geek fanático de los '80 (su infancia y adolescencia), al morir ocultó una Huevo de Pascua, accesible sólo tras resolver una serie de enrevesados acertijos relacionados con las obsesiones de Halliday. El que llegue primero, será el heredero de los millones de Halliday además del tener control total sobre el juego. Obviamente, todos se lanzan tras el gran premio, pero el creador resultó ser más listo atravesado que todos y cinco años después del lanzamiento del Huevo de Pascua, nadie ha logrado absolutamente nada. 
Wade, con su avatar Parzival, es un cazador del Huevo de Pascua, pero su falta de cŕeditos en el juego lo limita a quedarse bastante atascado en su búsqueda, aunque (obviamente, porque es el héroe), ha jugado todos los juegos clásicos, visto todas las películas, y las series televisivas, además haber escuchado toda la música, detallados en el "Almanaque de Anorak", que es el diario de Halliday, pero sin fechas de ningún tipo. De pronto, un día como cualquier día, descifra la primera pista casi por casualidad. Resulta que tiene razón y consigue la primera llave de las tres necesarias para llegar al final del camino.
Y es ahí donde entran los malos. Una compañía internacional, IOI, tiene mucho, muchísimo interés en encontrar el Huevo, por el dinero y por el control de OASIS, al que piensan quitarle su carácter casi gratuito, llenarlo de publicidad y convertirlo en un bien de lujo más, accesible sólo a aquellos que puedan pagarlo. Como toda empresa maléfica que se respete, tiene un gerente malvado y un ejército de lacayos que entran al juego con avatares genéricos, y con número (que siempre empieza en 6) en lugar de un nombre, los Sixers encargados de buscar el Huevo para IOI y arruinar el juego para siempre. Toda la generación de Wade se opone a esto porque el OASIS es casi la única realidad que conocen.
Y... ya que nos alargamos mucho en las preliminares, de ahí en adelante, la vida de Wade se desmadra, IOI intenta matarlo activamente, a él y a sus amigos virtuales (jamás los vio en la vida real), mientas todos corren tras las llaves y los acertijos tratando de ser el primero en llegar al Huevo y conseguir el gran premio.
Como es de esperarse, el libro y la película tienen la misma premisa. El libro (igual que yo y mi eterna presentación de la trama) es muchísimo más detallado y descriptivo de la situación social, los personajes, y muchísimos detalles que la película. Los personajes son los mismos, los héroes y los villanos, aunque con algunas ligeras diferencias en sus relaciones. 
Es en el desarrollo de la historia cuando el libro y la versión cinematográfica se empiezan a apartar. Las llaves y las puertas están en lugares muy distintos, mientras que en el libro es mucho más descriptivo y tiene muchas referencias a los '80, la peli, aunque se basa en tb en referencias, va mucho más a la acción y a  los aspectos visuales, sin dejar la historia de lado. Sólo es otra forma de presentarla.
En el libro, Wade es un absoluto geek de los '80. Se ha leído el "Almanaque de Anorak" varias veces, además de saberse todos los juegos, películas, series, música, TODO lo que obsesionaba a Halliday, además de ser un chico que maneja la tecnología con muchísima soltura. Tiene una respuesta para todo, se las sabe todas... tanto que es hasta cargoso que realmente se las sepa todas, sólo necesitaba tropezar con las pistas para descifrarlas, básicamente. 
Mientras que la película resuelve la historia en unas pocas semanas, como mucho, el libro tarda varios meses en hacer que los héroes lleguen a su destino y los malos reciban su merecido. El ritmo es más lento, tanto que al principio uno tarda un poco en engancharse a la historia. A eso le aumentan que el héroes en medio nabo con todos sus conocimientos de geek, y el final llega como un... ok, ¿eso fue todo?
Aunque ambos, libro y película, son muy disfrutables, creo que sólo por esta vez, disfrutaré un poco más de la película. No quiere decir que el libro sea malo, sólo que entre tanta vuelta y descripción de absolutamente todo, y qué capo es Wade, una se queda con sabor a poco al final. Pero cada quién juzgue.

miércoles, 20 de junio de 2018

Los Juegos

Había pensado escribir esto nada más llegando a mi casa de regreso de la Villa Suramericana, pero... lo de siempre. Soy muy floja, muy volada, y la distancia empieza a ponerme la cabeza fría y bajarme los ánimos.
Hay muchas cosas que podría contar sobre esa semana y media de locura que fueron los Juegos Suramericanos para mí, desde el momento de la inauguración hasta la tarde en que salimos de la Villa, pero creo que ninguna le haría justicia y por andar en detalles perdería mucho tiempo (suyo y mío).
La Inauguración fue... rara, por decirlo de alguna manera. Fue interesante y emocionante estar del lado de los deportistas y no del público. Creo que fuimos los primeros de Bolivia en entrar al stadium antes de que empezara el show y la gente en las filas nos aplaudía al pasar. Si eso no es emocionante, no sé qué pueda serlo. De ahí, la cosa se puso un poco pesada, alargaron mucho los bailes y para cuando llegó la hora de encender el pebetero, la mayoría de las delegaciones se habían ido de regreso a la Villa porque tenían sus competiciones al día siguiente.
La estadía en la Villa fue toda una aventura. Buen lugar, comida mala, mucha gente rara dando vueltas por todas partes. Mínimo nos encontrábamos con los colombianos al bajar en el ascensor, fuera la hora que fuera. Había un trafico de pines de los países de los más loco, y los más codiciados eran de los países que trajeron pocos atletas.
Conocimos mucha gente interesante, y me tocó casi pelearme con una de las arqueras colombianas por motivos de lo más bobos y que no eran culpa de nadie más que del piso (en serio). Nos destrozaron en la competición, al menos a la mayoría de nosotros, pero aún así la pasamos bien. la mal tiempo, al menos ponerle buena cara para que los demás no crean que te están apaleando de verdad.
A decir verdad, y sin exagerar, cada segundo fue una experiencia, desde despertarse a 5:30, con todo oscuro afuera, para alistarse y llegar al desayuno a las 6:00 y al bus a las 7:00 para ir al lugar de competición, hasta las torneos de cartas con todo mundo metido en mi cuarto porque parece que mi destino es que todos se crean con el derecho de botarse en mi cama siempre que hay un campeonato. 
Fue aterrador pero ilustrativo darse cuenta de que ser buena en Bolivia no significa que serás buena también afuera. El nivel de competición era de otro planeta y si nos ganaron de entrada fue porque nos dio miedo. Pero eso es parte de la vida en el deporte y no queda otra que seguir, tratar de alcanzar ese nivel y meterle ganas.
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Había pensado hacer una especie de trilogía sobre todo lo que pasó en los Juegos, pero como es evidente que no la haré, les dejo los títulos, a ver qué idea sacan.
- Meli en la Tierra de la Gente muy muy Alta o Bastante Bajita
- Meli en el único lugar en que se come mal en todo Cochabamba
- Meli y su espectacular pelea internacional

miércoles, 9 de mayo de 2018

Fe en el correo ¿restaurada?

Lo sé, vivo perdida últimamente, más que en todos los años anteriores de este blog combinados. Es más, acabo de hacerme decir con mi pequeña amiga Vicky que desde que clasifiqué a los Juegos ya no parezco yo, que ando con problemas con los que no creía que pudiera andar... Se me hace que me dijo que estoy vieja, pero no tengo pruebas.
Uno de mis recientes "problemas de vieja" es que no hay servicio de correos en Bolivia desde marzo ,exactamente, desde el 1 de marzo, damas y caballeros, el fatídico día en que las oficinas de la ECOBOL amanecieron con resguardo policial y un anuncio en las puertas que decía que el Gobierno daba por cerrada la empresa, que se liquidaría lo que se les debía a todos los trabajadores además sus finiquitos y demás, y que los paquetes que estaban para entregar... bueno, esos irían saliendo de a poquito (bien poquito).
La huevada, y no creo que nosotros seamos el único caso, es que mi esposito tenía (y aún tiene) tres paquetes que ya debían llegar y ahora están perdidos en el mar de la burocracia y la lentitud del funcionamiento de lo que queda de Correos. La otra huevada es que justo ese día iba a hacer un pedido de equipo deportivo que necesitaba para el Campeonato Nacional. Con el Correo cerrado y la incertidumbre de cuándo abriría, no me animé a hacerlo y me lancé al nacional con lo que tenía (que no estaba mal todavía, pero ya está medio para el perro). No fue tan terrible, pero una vez clasificada, se hizo evidente que necesitaba una renovación de algunas cosas de mi equipo.
Siendo así la cosa, hice un pedido de varias cosillas poco antes de mediados de abril, calculando que aunque el correo estuviera entregando paquetes a media máquina, con algo de suerte aún llegaría.
Lo grave del asunto fue que 1) Se hizo evidente que necesitaba renovar urgentemente mis flechas, y aunque ya tengo las varas, no sirven de nada si no tengo las plumas y los nocks, 2) Los paquetes de mi esposo siguen perdidos en algún lugar Dios sabe dónde, 3) Los juegos están a la vuelta de la esquina y yo sigo sin usar las malditas flechas nuevas, y 4) No hay nadie en la Selección que a) tenga plumas o nocks de sobra y 2) le tenga suficiente confianza para pedirle que me venda lo que le sobra.
Estaba a punto de ponerme a llorar (y planeando a quién podría llorarle) cuando, milagrosamente, me llamaron de Correos cuando salía del entrenamiento. ¡Sorpresa! Mi paquete llegó, no sé en qué estado, pero llegó. 
Así que, momentáneamente, tengo esperanzas de poder usar flechas nuevas pronto, mejorar mis puntajes, y esperar a que los paquetes de mi esposito aparezcan mágicamente.

domingo, 29 de abril de 2018

Las complicadas guerras heróicas

Sí, lo sé, me volví a perder un montón de tiempo. En mi defensa, he estado entrenando hasta que sacarme más callos en las manos de los que ya tenía, y quemando calorías en un ritmo que ya comienza a asustarme (trago como fiera hambrienta, a todas horas y ni así logro moverme de mi peso actual). Como suelen decirme mis compañeritos de entrenamiento, #NoExcuses, pero la realidad no es una ninguna excusa (creo). De todas formas, tengo mis altibajos. ayer volví de entrenar al borde de las lágrimas, y hoy salí tan contenta como para irme por un helado de premio.
Pero, haciendo una pausa a mi ajetreada vida de deportista, y a modo de ser buenos anfitriones con una amiga que llegó a entrenar también, nos lanzamos al cine a ver la gran sensación de los últimos días: Infinity Wars.




Soy de las que odia los spoilers, así que trataré de no hacerlos (pero la cosa está bien complicada, en serio). Después de 10 años (desde que salió la primera película de Iron Man), al fin todas las historias se van entrelazando y se cruzan. Es fácil deducir eso por el trailer, y además es muy de esperarse que nuestros héroes, antihéroes y demás gente que amamos del universo Marvel caerán como cucarachas ante Thanos. Ya la cosa se cocía a fuego lento desde hace rato y lo mínimo que podía ser esta historia es épica. ¿Es épica? Vaya que sí ¿Es un poco larga (o la sentí así)? También, pero se lo perdonamos porque no creo que hubiera otra forma de contar todo ese berenjenal de historias de otra forma, al menos no en una sola peli.
Por un lado, tenemos a los Avengers donde los dejamos después de Guerra Civil (y su pelea de parqueo), a los Guardianes de la Galaxia haciendo lo que mejor saben hacer (vueltear por la galaxia, a parecer), a Thor y compañía también dando vueltas por la galaxia, a Spider-man son su vida de adolescente y a Pantera Negra en Wakanda. Es mucha gente para meterla en un solo saco y resultar coherente, y lo bueno es que la historia que nos presentan resulta bastante coherente. 
Tal vez su mejor logro es hacer que Thanos no sea un villano unidimensional, de esos que son malos porque son malos y listo. Todo villano, igual que los héroes, tienen sus historias por detrás, y aunque cuestionemos (o no...otro logro de la historia) los motivos, razones y lógica detrás de la búsqueda de Thanos por las Gemas del infinto y eventualmente cargarse a medio universo (literalmente), no resultan trillados.
A fin de evitarme saber toda la lista de posibles muertos en la película, estuve 4 días entrando al facebook lo mínimo indispensable y sólo para ver las notificaciones. No les voy a arruinar la trama (a los pcos que me leen), pero vayan haciéndose a la idea de que si bien no hay sangre por ahí y por allá, sí que hay muertes y drama a patadas. No den a nadie por muerto hasta que vean el cadáver, y no crean que tal o cual sobrevive sólo porque sí. 
En todo lo larga que me pareció, Infinity Wars tiene una buena combinación de los clásicos chistes simpáticos de Marvel y el drama justo y necesario para hacer sufrir al público. Todo se arma hacia el cruel final que todos sabíamos que venía, con giros que no son tan predecibles como para hacer que la historia caiga en lo obvio.
Finalmente, ¿quieren un spoiler? La cosa aún no termina. Sufran.

miércoles, 11 de abril de 2018

Febrero poco, marzo loco... ¿abril?

Febrero fue un mes relativamente tranquilo, no me quejo. Dentro de todo, me parecía que tenía cierto control sobre las cosas que pasaban... hasta que empezó marzo. 
Marzo fue el mes del caos, del desorden, de todos caen enfermos, de no para de llover... una locura total. Que el campeonato más importante de mi vida (hasta ahora) fuera a final de mes y que entre todo lo anterior no tuviera tiempo para entrenar como para otros campeonatos, no ayudó para nada.
Resumen, llegué al campeonato sin sentirme del todo preparada y con ganas de que simplemente terminara para poder dormir un día o dos, que falta me estaba haciendo. Por suerte (porque la suerte tuvo mucho que ver con todo esto) quedé dentro de la Selección Nacional de Tiro con Arco. Así es, damas y caballeros, fieles lectores y recién llegados, aunque raspando logré clasificar y eso nadie me lo quita.
Obviamente, eso viene con más estrés y trabajo del que tenía antes del campeonato, y con más gastos de los que teníamos (aunque no sean del todo sorpresivos), en especial por la regla de la convocatoria de llevar todo el equipo en un case rígido con llave. Adivinen cuánto cuesta una de esas cosas...
En fin, ahora sólo queda entrenar y esperar a que el Comité Olímpico no nos haga de las suyas (como suele pasar)y acabe recortando lugares en nuestra selección para dárselos a cualquier otro deporte con "más trayectoria en nuestro país". 

jueves, 8 de febrero de 2018

Nada pasa sólo porque sí

La temporada de lluvias ya debería estar en lo último, y probablemente así sería si las estaciones y todo fueran...bueno, como solían serlo, supongo. Sin embargo, al parecer los fenómenos climatológicos están en contra nuestra (La Niña, le dicen), y desde mediados de enero casi no ha parado de llover. 
En general, y después de la sequía de los últimos años, no suelo quejarme de que llueva, y la verdad es que el exceso de lluvia es la mitad del problema. ¿Qué sucede? Hace una semana, Tupiza (al sur de Potosí) tuvo una de las peores inundaciones de la vida, la riada fue tan feroz que dobló la vías del tren, y la gente salió nadando de sus casas.
Eso está lejos, me dirán. Es cierto, lo está, pero Vinto no está tan lejos, unas cuantas horas manejando (y eso, debe ser menos) de la ciudad de Cochabamba. En Vinto, el río Rocha se desbordó, desviado al parecer por unos arreglos o no sé qué que se estaban haciendo cerca. Resultado, 2-3 metros de agua en el pueblo, cubriendo la mayoría de los primeros pisos de las casas (de las que tenían la suerte de tener dos pisos, claro). Los municipios cercanos, Cochabamba entre ellos, y la Gobernación mandaron bombas de agua para ayudar a sacar el agua, aunque de todas formas el daño ya está hecho.
Vinto, aunque cerca, sigue siendo una realidad algo lejana, me dirán. Ok, ¿más cerca? Tiquipaya, a 40 minutos en micro desde mi casa, 50 si se tarda mucho. Eso sí es cerca.
Más cerca aún, el cruce Taquiña, Trojes, Chilimarca, Chiquicollo, todo eso de camino a Tiquipaya. Estos meses que llevamos yendo a entrenar a Tiquipaya, de camino he visto todas las entradas a esos lugares, o al menos estoy segura a qué altura de la ruta están. Hace dos noches, bajó la mazamorra sobre Trojes y Chilimarca.
¿Qué es la mazamorra? Así le dicen por aquí a esos aludes de barro, rocas y ramas, que pasan a toda velocidad y se llevan todo por delante. En "Raza de Bronce", una novela nacional (por demás dramática, si me lo preguntan) mencionaban la mazamorra que pasó de noche sobre un pueblo y se llevó todo, incluyendo a la gente. 
Y eso fue lo que pasó aquí: Pasó la mazamorra, y se llevó autos, se metió en todas las casas, rompió paredes y dejó un rastro de lodo que alcanzaba la cintura. La única "suerte" del caso es que no pasó en la madrugada o muy entrada la noche, la mayor parte de la gente estaba despierta y logró salir. La desgracia real es el daño material. Muchas familias perdieron todo en el barro, y aunque hay equipos de rescate y maquinaria pesada trabajando hasta donde les alcanza el combustible, no quita que mucha gente esté pasando las noches en refugios con sólo la ropa que traen puesta.
Por si fuera poco, ayer al medio día volvió a pasar otra riada, arrastrando todo lo que no había llevado la primera...y una más dejó barro por todas partes 20 minutos después. Y otra más por la noche, por las dudas.
Hay tantas cosas que están mal con lo que está pasando. Es obvio que los humanos no podemos controlar una riada cuando se le ocurre bajar, e incluso los mejores defensivos pueden llegar a ceder, pero lo innegable de este caso es que si bajó la riada y la mazamorra fue porque no había nada que la parara. Generalmente, los árboles en las laderas de los cerros mantienen la tierra junta, evitando que se caiga...y en caso de que se caiga, aguantan la mayor parte de la tierra y la detienen un poco.
¿Qué pasó? Que no hay los suficientes árboles en el cerro para detener la caída. Ergo, todo se vino abajo. ¿A quién culpamos, ya que nos encanta repartir culpas? A todos, porque nadie queda impune en este jaleo: a las autoridades que cortaron el presupuesto para manejo ambiental o que nunca se preocuparon del tema (a pesar de que se llenan la boca de la Madre Tierra aquí, y la Madre Tierra allá...), a los que lotearon los cerros porque eran tierra de nadie, a los que talaron los árboles para meterle cemento a todo lo que estaba a la vista, a todos los que no hicimos ni dijimos nada en su momento y vimos callados cómo se quemaban los cerros, y cómo se iban quedando pelados a toda velocidad. Y si a eso le sumamos los que iban a botar escombros de construcción y basura al cauce del río Taquiña con el pretexto de que estaba vacío, tenemos el desastre completo y bien servido.
Y aún falta la cereza sobre el pastel: ¿qué hacen nuestros geniales y profesionales deportistas ante el desastre? Obviamente, tienen que mostrar las casas llenas de lodo o medio caídas, las calles con piedras por todas partes, autos en los techos, paredes rotas... y hacerle un zoom a la madre que llorar sobre el cuerpo de su hijo de 12 años que quedó atrapado en el barro, preguntarle a la mujer pobre cómo se siente cuando regresa a su casa y encuentra todo destruido por el barro, resaltar con círculos rojos a la gente subida en los techos de la casa esperando a que una nueva riada acabe de pasar por las calles. Todo eso acompañado de apropiada música dramática (una banda sonora de, por ejemplo, "Gladiador" o " El señor de los Anillos"), y una oportuna voz dolorida y acongojada. Nada como un poco de drama para sazonar la desgracia ajena, ¿verdad?

Foto: Los Tiempos

domingo, 28 de enero de 2018

Al fin, Coco

Como era de esperarse, después de dos salidas planificadas y fallidas, fue una salida a lo loco y al ras del tiempo la que al fin terminó en mi esposito, mi amiga Marce y yo sentados en el cine viendo Coco. Marce iba por tercera vez, valga la aclaración.

Realmente, Pixar no me decepciona con sus historias (tal vez con Cars, pero ni así) y Coco es todo lo que podría esperar después de escuchar a todos mis amigos cantar sus alabanzas y amenazarme con spoilers y todo.
Para empezar, la animación de Coro es impecable, muy imaginativa y vistosa, pero llena de detalles bonitos. Los de Pixar se superan a sí mismos cada vez. A eso súmenle que la música de Michael Giacchino y las canciones son preciosas, y tienen la mitad de la película vendida.
La historia, como todos saben, va del pequeño Miguel y su familia que odia la música, pero a niveles radicales, por culpa del tatarabuelo músico que abandonó a la tatarabuela y a su hijita pequeña, que vendría a ser la bisabuela de Miguel, Coco. Como es de esperarse para que la historia arranque, Miguel ama la música aunque no lo dice para no malquistarse con su familia. Entonces, llega la festividad mexicana (y latinoamericana, pero eso a nadie le importa) más famosa del mundo: Día de muertos, el día en que los muertos regresan al mundo para ver a los vivos...y todo se desmadra.
Miguel, por conductos misteriosos, se cuela al mundo de los muertos y necesita la bendición de su familia de ese lado para regresar. Dado que su familia de ese lado, igual que la de este, también odia la música, y pueden imponerle las condiciones que quieran al mandarlo de regreso, entre ellas prohibirle la música, Miguel decide buscar al único familia que podría entenderlo, su tatarabuelo, que según él, es el famoso músico Ernesto de la Cruz.
Obviamente, en el camino de encontrar al tatarabuelo (que es famoso y requerido también en el mundo de los muertos), Miguel encuentra amigos, historias, varias verdades dolorosas y también algo de sí mismo. La historia no va sólo de ser fiel a uno mismo, buscar lo que amas, si no sobre aprender a perdonar y comprender a los demás y valorar la historia y a la familia. Encima, si perdiste a alguien muy querido, la relación con los muertos y lo que pasa con ellos al otro lado te llega al fondo del alma. Puede que la trama resulte un poco predecible, pero no deja ser conmovedora.
O sea, lloré, y lloré, y lloré... lo interesante es que Marce, que ya la vio tres veces, lloraba igual que yo, y gracias por los pañuelos que traía porque sino hubiéramos salido del cine con algo menos de dignidad.

miércoles, 24 de enero de 2018

El artista desastre o cómo no llegamos a ver Coco

Hace unos días, en vista de que Coco ya estaba en un sólo horario, salimos en gran estampida a verla. Lastimosamente, todo (y fue realmente todo) lo que podía salir mal, salió mal y cuando llegamos al cine, veinte minutos más tarde del horario de la película, ya no quedaban entradas (al parecer, Coco está arrasando).
Para no desperdiciar una ida al cine y eso, revisamos la cartelera y nos metimos a la única película que empezaba en la siguiente media hora, que tenía espacio en la sala (de hecho, sólo éramos 10 personas en la sala), y que tenía una buena calificación en Rotten Tomatoes.



REsultó que nos metimos a una película de lo más rara, pero buenísima. Dicen que la realidad es más rara aún que la ficción y en est caso es cierto. "The Disaster Artist " (en mi planeta, eso no se traduce como "Obra maestra", pero bueno) trata sobre dos amigos con aspiraciones de actores que, frustrados por la falta de progreso de sus carreras, deciden hacer su propia peli. Claro que la historia es real y la aventura de la película resultó en lo que muchos reconocen como la peor película de la historia del cine.
Tommy Wiseau, un personaje de lo más raro, además de la mente y la billetera detrás de la película "The Room",  es interpretado por James Franco, y realmente el cuate se lució, no sólo porque el tipo de por sí ya era raro, sino porque logra volver real en la pantalla a una persona que uno no creería, ni aún sabiendo que realmente existe. Si el tipo es realmente como lo mostraron, es sorprendente que lograran hacer la película, incluso siendo tan mala como dicen que es (también estás los que dicen que es una comedia negra, claro)
La historia en la peli está muy bien contada, es entretenida y graciosa incluso en los momentos que emulan la película a la que se refieren y que podrían resultar francamente incómodos. Obviamente, si están hablando de a filmación de una película, tienen que mostrar partes de ella...y es genial cómo recrearon varias de las escenas con mucha exactitud. Y ahí es donde vuelve a entrar en juego la habilidad interpretativa de James Franco. 
Si le película original es mala como una blasfemia (comedia o no comedia), esta película sobre la película (¿una meta-película?) es buenísima como...¿qué es lo contrario a una blasfemia?