Debo ser honesta en un aspecto de uno de mis múltiples vicios: Sí, me encanta leer, pero odio los libros de teoría y relacionados. Muy rara vez he logrado terminar un libro de teoría de lo que sea, y cuando lo hice fue por pura terquedad o porque realmente necesitaba terminar de leerlo. La teoría es árida y los escritores de teoría no saben hacerla interesante. Puedo ser una geek rata de biblioteca, pero jamás seré una académica (al parecer).
Por supuesto, existen las excepciones a toda regla. Si les dijera que acabo de terminar una muy sesuda monografía que analiza el trabajo de un director de cine, sonaría a que contradigo todo el párrafo anterior. Pero si les aclaro que la monografía en cuestión analiza la obra de Hayao Miyazaki, el mero mero de Studio Ghibli, cambia la cosa, ¿verdad?
¿Cómo terminé con una monografía que no me pagaran por revisar? Sencillo, mi esposito, que me sabe todos mis vicios (y si no sabe, se los inventa), me trajo "El mundo invisible de Haya Miyazaki" de su viaje a Buenos Aires. De entrada, el diseño del libro es precioso, con un montón de dibujitos (sí, ya sé, sueno a niña de 5 años), pero si vas a hablar de manga y anime, mínimo pones dibujitos.
Básicamente, el libro es un análisis de todas las influencias y referencias que se pueden encontrar en el trabajo de Miyazaki, incluidos sus largometrajes, sus cortometrajes y sus obras publicadas (el hombre es un capo, por cierto), desde sus inicios en Toei hasta el estreno de "Ponyo en el acantilado" (o sea, hasta hace relativamente poco). Miyazaki tiene un estilo bien definido y una forma de trabajo con la que se maneja Studio ghibli, con la que muchos otros directores no están de acuerdo, pero que definitivamente le funciona. La parte mala, las producciones del Studio dependen casi totalmente de él.
Aparte de su "modus operandi", Miyazaki tiene ideas claras de lo que quiere plasmar con sus historias, un propósito definido por una filosofía personal pero que le debe mucho a sus fuentes de inspiración y a sus pasiones (como volar, algo que es muy claro en casi todas sus películas). Si bien toma mucho de fuentes extranjeras, le debe aún más a la cultura japonesa, a su religión y sus mitos antiguos. Y a pesar de que se nota que sus producciones, incluso las que toman más de fuentes externas, están muy ligadas a Japón, son entendibles para públicos no japoneses porque sus mensajes principales son muy universales.
Obviamente, el análisis que presenta el libro es mucho más profundo, muy bien documentado y lleno de ejemplos de las mismas obras que se analizan. Incluso si no se recuerdan todos los detalles de las películas, se puede seguir fácilmente todo el análisis. Y como es un tema interesante (para mí, al menos) no se vuelve una lectura pesada.
Vale la pena armarse de paciencia y salir de la idea de que los libros académicos son del diablo (que lo son, pero este no) y darle una mirada a este trabajo. De veras.
Estaba segura, segurísima, que había escrito una muy aguda entrada sobre "Ready Player One" cuando fuimos a verla al cine hace unos meses (la verdad, no logro recordar en qué mes, asumo que abril), pero resulta que no. Dado que es obvio que ya ni en mi memoria puedo confiar (no es que le tuviera mucha confianza, pero esto ya es el colmo), y que hace unos días terminé de leer el libro (dos días, damas y caballeros), tendré que hacer las dos entradas en una.
Mi amigo/entrenador Jorgito fue el primero en mostrarme el trailer de la peli. Me sorprendió la cantidad de referencias y cosas de cultura pop que aparecían. De hecho, paramos el video en una escena para contar cuántas cosas reconocíamos y perdimos la cuenta. Obviamente que iba a ir al cine a verla, si podía ser en 3D, mejor todavía.
Si el trailer prometía mucho, la peli cumplía todas esas expectativas. Más allá de las animaciones y logrados efectos especiales (o sea, cerca de la mitad de la peli), la trama estaba muy planteada y resultaba convincente. La historia sucede en el año 2045 (no muy lejos de ahora, si la piensan), la Tierra es un desastre y Wade Watts (bautizado por su padre fan de los cómics y muerto), pasa su vida en las Torres, un montón de casas rodantes apiladas una sobre otra (una favela con estilo del primer mundo). Como todos los adolescentes de su época, y toda la gente del mundo, en general, Wade se pasa la vida metido en el OASIS, un juego masivo de rol en línea que además usa realidad virtual y que requiere que los usuarios requieran visores y guantes hápticos. O sea, que ven y sienten (de acuerdo a la calidad de sus dispositivos de acceso) el juego. Al diablo la realidad, está bastante jodida, y todos prefieren quedarse en el juego.
El creador de OASIS, Halliday, un geek fanático de los '80 (su infancia y adolescencia), al morir ocultó una Huevo de Pascua, accesible sólo tras resolver una serie de enrevesados acertijos relacionados con las obsesiones de Halliday. El que llegue primero, será el heredero de los millones de Halliday además del tener control total sobre el juego. Obviamente, todos se lanzan tras el gran premio, pero el creador resultó ser más listo atravesado que todos y cinco años después del lanzamiento del Huevo de Pascua, nadie ha logrado absolutamente nada.
Wade, con su avatar Parzival, es un cazador del Huevo de Pascua, pero su falta de cŕeditos en el juego lo limita a quedarse bastante atascado en su búsqueda, aunque (obviamente, porque es el héroe), ha jugado todos los juegos clásicos, visto todas las películas, y las series televisivas, además haber escuchado toda la música, detallados en el "Almanaque de Anorak", que es el diario de Halliday, pero sin fechas de ningún tipo. De pronto, un día como cualquier día, descifra la primera pista casi por casualidad. Resulta que tiene razón y consigue la primera llave de las tres necesarias para llegar al final del camino.
Y es ahí donde entran los malos. Una compañía internacional, IOI, tiene mucho, muchísimo interés en encontrar el Huevo, por el dinero y por el control de OASIS, al que piensan quitarle su carácter casi gratuito, llenarlo de publicidad y convertirlo en un bien de lujo más, accesible sólo a aquellos que puedan pagarlo. Como toda empresa maléfica que se respete, tiene un gerente malvado y un ejército de lacayos que entran al juego con avatares genéricos, y con número (que siempre empieza en 6) en lugar de un nombre, los Sixers encargados de buscar el Huevo para IOI y arruinar el juego para siempre. Toda la generación de Wade se opone a esto porque el OASIS es casi la única realidad que conocen.
Y... ya que nos alargamos mucho en las preliminares, de ahí en adelante, la vida de Wade se desmadra, IOI intenta matarlo activamente, a él y a sus amigos virtuales (jamás los vio en la vida real), mientas todos corren tras las llaves y los acertijos tratando de ser el primero en llegar al Huevo y conseguir el gran premio.
Como es de esperarse, el libro y la película tienen la misma premisa. El libro (igual que yo y mi eterna presentación de la trama) es muchísimo más detallado y descriptivo de la situación social, los personajes, y muchísimos detalles que la película. Los personajes son los mismos, los héroes y los villanos, aunque con algunas ligeras diferencias en sus relaciones.
Es en el desarrollo de la historia cuando el libro y la versión cinematográfica se empiezan a apartar. Las llaves y las puertas están en lugares muy distintos, mientras que en el libro es mucho más descriptivo y tiene muchas referencias a los '80, la peli, aunque se basa en tb en referencias, va mucho más a la acción y a los aspectos visuales, sin dejar la historia de lado. Sólo es otra forma de presentarla.
En el libro, Wade es un absoluto geek de los '80. Se ha leído el "Almanaque de Anorak" varias veces, además de saberse todos los juegos, películas, series, música, TODO lo que obsesionaba a Halliday, además de ser un chico que maneja la tecnología con muchísima soltura. Tiene una respuesta para todo, se las sabe todas... tanto que es hasta cargoso que realmente se las sepa todas, sólo necesitaba tropezar con las pistas para descifrarlas, básicamente.
Mientras que la película resuelve la historia en unas pocas semanas, como mucho, el libro tarda varios meses en hacer que los héroes lleguen a su destino y los malos reciban su merecido. El ritmo es más lento, tanto que al principio uno tarda un poco en engancharse a la historia. A eso le aumentan que el héroes en medio nabo con todos sus conocimientos de geek, y el final llega como un... ok, ¿eso fue todo?
Aunque ambos, libro y película, son muy disfrutables, creo que sólo por esta vez, disfrutaré un poco más de la película. No quiere decir que el libro sea malo, sólo que entre tanta vuelta y descripción de absolutamente todo, y qué capo es Wade, una se queda con sabor a poco al final. Pero cada quién juzgue.
Considerando que esta ha sido, francamente, la semana del desastre (absoluto desastre que prefiero no tener que recordar), he estado más que de costumbre hundida en los libros que (aún) no termino de leer desde la Feria del libro. Las víctimas de esta semana fueron mis últimas adquisiciones de obras de Jane Austen (una de mis favoritas de todos los tiempos).
"Mansfield Park", junto con "Northanger Abbey", es una de las obras de Austen a las que menos bola le he dado por mucho tiempo. Lógicamente, y de lejos, mi favorita es "Orgullo y Prejuicio" (es para de mi tratamiento contra la tristeza). Aunque pueda parecer un re-cuento de la Cenicienta, "Mansfield Park" es más densa que eso.
Fanny Price ciertamente cae en el molde la Cenicienta: pobre, criada en una familia que la desprecia, pero bonita, servicial, leal y cariñosa con su familia, y altamente virtuosa. Tan virtuosa que la mitad del tiempo del tiempo dan ganas de sacudirla para que se deje de tanto recato y diga algunas cosas que piensa pero se traga para no ser "desagradecida", y como la otra mitad anda sufriendo de mal de amores y lloriqueando por ahí...bueno, que no sé si Fanny me agrada o me desagrada. Austen muestra a través de ella todas sus ideas sobre moralidad y corrección, y estoy de acuerdo con muchas, excepto con eso de tragarse las cosas y lloriquear por los rincones.
En el pequeño mundo de Fanny, educada por sus parientes ricos que la miran de lado, se hacen evidentes todos los problemas de criar a personas con muchos conocimientos pero sin valores morales que les hagan contraparte. Aunque Austen siempre se refiere a las mujeres de sus novelas como personas cultas y educadas, sin importar sus situaciones económicas o familiares, y hace énfasis en sus elevado carácter moral, en esta novela todos las situaciones que se desencadenan alrededor de Fanny son consecuencia de la falta de principios de todos los implicados (menos de Fanny, obviamente) y a lo largo de toda la obra se lo subraya una y otra vez. Algunos no terminan bien (nada bien), y otros (los que tienen menos culpa o más oportunidad de revisar sus conductas) vuelven al camino correcto. Y, obviamente, de nuevo, Fanny vive feliz con su amado.
"Lady Susan", por otra parte, es el extremo opuesto de la virtuosa Fanny Price. Algo "entrada en años", es bonita, calculadora, y demasiado inteligente y falta de principios (igual que la Srta. Mary Crawford de Mansfield...o casi). Pero con ella, Austen es más blanda y se la toma con bastante humor. La obra es muy corta y está narrada en cartas de la misma Lady Susan y las personas que se relacionan con ella en el tiempo de la historia. Creo que lo más interesante ahí es lo bien que Austen se las arregla para caractizar a sus personajes por sus cartas, para cambiar de una voz a la otra sin enredarse y hacerlas creíbles a todas.
Lastimosamente, la segunda y tercera parte del libro en que está "Lady Susan" son lo que tenía avanzado de historias que dejó sin terminar. "Los Watson" y "Sanditon" empiezan bien y se ve que se pondrían más entretenidas y sarcásticas. Una lástima que no lograra terminarlas...es frustrante leer algo que no se sabe cómo terminara a ciencia cierta (y no me vengan con los varios intentos de terminar ambas historias, seguiría sabiendo que no son Jane Austen y me sentiría algo frustrada igual).
Haré uso de una de las frases más recurrentes en el libro que acabo de terminar de leer para el título de esta entrada que trata, justamente, sobre ese libro. Podría ponerme rebuscada y clavarle algo bien sesudo sobre la educación y pajas (el tema del libro), pero ya ando medio dormida.
Hace cosa de un año o más, mi esposito me leyó una entrada en facebook de uno de sus estudiantes: el pobre, después de un largo peregrinaje por la burocracia de las autoridades de educación regionales (papel, papel y más papel), había sido condenado (papelón de papelones) a repetir un curso de la secundaria (o, más bien, los exámenes), que en su época (y en la mía, que tenemos la misma edad pues) era 1° y ahora es 3° (papa patata), para poder darle su Título de Bachiller (papel). Hay que reconocer que el chico se lo tomaba con filosofía y buen humor. Yo me hubiera pegado un tiro.
El pobre condenado le puso al mal tiempo buena cara, agarró al toro por los cuernos (la mayor parte del tiempo) y se fue a dar los exámenes que le hacían falta. En el camino, se dio cuenta de que la educación en nuestro pobre país no ha cambiado desde que pasó el mismo curso hace 15 años...y de la burocracia no hablemos.
Y es que es realmente aterrador ver que los contenidos de las materias no han cambiado absolutamente nada con los años. Recuerdo que hace unos, cuando mi hermana menor seguía en el colegio y estudiaba geografía, le di una revisión a su texto y me encontré con que Yugoslavia estaba todavía entre los países de Europa, y mi hermana debía memorizar eso y repetirlo en su examen como un periquito. Yugoslavia. Como para echarle sal a la herida, era exactamente el mismo libro de texto que mi esposito había usado en el mismo colegio que mi hermana en sus años de colegio. Exactamente el mismo.
En su estilo, medio cómico y medio filosófico, el autor cuenta sus aventuras lidiando con el sistema escolar boliviano: profesores buena gente, profesores despreocupados, compañeros interesantemente reflexivos, y conocimientos que en la vida se vuelven a usar (al menos, todos creemos eso...hasta que por un horrible error te manden de vuelta al colegio a re-memorizar todo eso para el rato del examen y borrarlo de los recuerdos inmediatamente después).
Lo cierto, y en eso coincido con el chango, es que no se puede aprender nada si realmente no te interesa, si no te apasiona...o si no te lo hacen mínimamente interesante. No todos servimos para lo mismo, y aunque algunos (como yo) parecen tener el don de sacar buenas notas en todas las materias, no significa que en realidad hayamos aprendido algo (si me pusieran una de esas ecuaciones químicas que resolvía con los ojos cerrados en colegio, no sabría que hacer con ella hoy en día).
Por supuesto, los adultos siempre levantan el argumento de la "cultura general" para mandar a aprender todas esas cosas, y la "flojera" y falta de voluntad de la juventud para ponerle "empeño" a los estudios. El colegio te deja una leve (muy leve) capa de "cultura general" y un gran desinterés por el aprendizaje, además de la idea de que memorizar es lo mismo que aprender y es suficiente para obtener las tan deseadas buenas notas, que en no reflejan nada sobre los conocimientos.
Y también es por eso que aún no tengo hijos (entre otras cosas), porque me dan pesadillas pensando en qué colegios tendŕe que ponerlos a estudiar, o con qué profesores les tocará lidiar (ojalá no con una como la profesora de literatura que me dijo que Marte, el dios de la guerra, era mujer).
Hace unos días (un par de semanas, en realidad), fuimos a la fiesta de cumpleaños de mi sobrino. Creo que no tengo que aclarar que la horda de niños malcriados (y madres más malcriadas, créanme) sacaron lo mejor de mi autocontrol y rápidamente huí a esconderme en algún dormitorio. Felizmente, me topé con el librero de mi hermana, y recordé que debía realizar un búsqueda importante: el libro verde de Cuentos Rusos.
Este libro tiene una historia interesante (al menos, es interesante en mi cabeza). Mi papá, como buen becado a la ex URSS, tenía una afición por comprar libros de la Editorial MIR de Moscú y otros varios. No tengo ideas si los libros eran comunes y fáciles de encontrar o no, pero los que más recuerdo son las revistas Misha, y dos libros de cuentos. Uno de los libros, según las justas reparticiones de la casa es mío, y el otro, lógicamente, de mi hermana mayor.
Lastimosamente, cuando nos mudamos a Cochabamba, mi papá, hombre siempre práctico, regaló las Misha (me partió el alma que lo hiciera, por cierto, esas revistas eran geniales). Mi libro de cuentos aún lo conservo en buen estado, y el de mi hermana...pues perdió la sobrecubierta hace unos años, y después le perdí el rastro.
Si algo tenemos en común con mi hermana es que, al mudarnos de casa, de las primeras cosas que sacamos fueron los libros que consideramos propios. Yo me llevé mis "Cuentos de Aliónushka", y ella se llevó los Cuentos populares Rusos de Afanásiev. En fin, que encontré el libro en cuestión en medio del cumpleaños.
Ya que era técnicamente imposible que lo escaneara con el celular antes de que terminara la fiesta (además que tenía que ayudar con la comida), apelé a la generosidad de mi hermana...y le ofrecí copiarle el libro de Aliónushka (obvio que ella quiere mi libro, igual que yo quiero el suyo) para que me permitiera llevármelo a casa.
Recordaba algunos de los cuentos a grandes rasgos, y de otros no me acordaba nada. Al volver a leerlos, reí a carcajadas y recordé por qué despreciaba un poco a las princesas de Disney. Aunque en estos cuentos rusos también a varias "damas en peligro" que necesitan ser rescatadas, ninguna es precisamente tonta. Por otra parte, hay varias que son astutas y que, aunque son mostradas como mujeres algo caprichosas y mandonas, hay que reconocerles que les sacaban las castañas del fuego a varios de los príncipes de las historias.
Creo que lo más genial de los cuentos era que, a diferencia de muchos cuentos infantiles, los personajes necesitaban ser algo más que sólo "buenos" para lograr su final feliz. La inteligencia y la astucia eran las más necesarias para sobrevivir en un mundo en que podían mandar a cualquiera a enfrentar fuerzas sobrenaturales, aunque la ayuda de la magia tampoco estaba de más, pero la simple magia sin que el personaje estuviera un paso delante no tenía sentido.
La pena es que buscando una imagen de la portada que recuerdo, me enteré que el libro verde es parte de una colección. Hay un libro rojo y uno azul con otros cuentos que jamás leí, eso es más que suficiente para volverme loca.
Las consecuencias de nuestras acciones son siempre tan complicadas, tan diversas, que predecir el futuro resulta ser un negocio muy difícil en sí. - Albus Dumbledore
Y entre tanta vuelta, también me olvidé poner mi sesuda y elaborada opinión sobre el nuevo libro de Harry Potter, y eso que lo conseguimos aquí a los pocos días del lanzamiento (benditos los contactos y amigos de mi esposito). Para empezar, tendría que aclarar que no es una novela sobre Harry, sino una obra de teatro sobre su hijo Albus que comienza exactamente donde lo dejamos la última vez: King's Cross, 19 años después de la caída de Voldemort, el día en que Albus debía viajar a Hogwarts por primera vez.
Al terminar el 7° libro de la saga, la sensación era que todo iría bien en el mundo mágico y en la vida de Harry. No se puede negar que siempre hay problemas (y que el Niño que vivió los atrae como un imán), pero esperaba lo mejor para sus hijos. Digo, el pobre Albus ya estaba lo bastante fregado con el nombre que le clavaron.
Resultó que no. Albus Severus Potter estaba fregado como su padre (no tanto, pero por ahí) desde el momento en que se subió al tren, empeorando cuando se puso bajo el Sombrero Seleccionador y rematando en las clases. Eso bastaría para volver amargado a cualquier niño.
Lógicamente, el libro no tiene la profundidad de las novelas, aunque hay anotaciones sobre las emociones de los personajes y detalles de las escenas a medida que la historia avanza, y se puede colegir mucho de los diálogos. Es un consuelo saber que Harry sigue siendo bastante ingenuo a pesar de ser un hombre ya adulto, lo que puede ser desesperante en muchos momentos, y es fácil identificarse con la crisis emocional de Albus (todo un Potter y digno hijo de su padre en ese aspecto). Ron y Hermione son...bueno, son ellos mismos como siempre.
Aparte de los viejos personajes, hay varios nuevos, algunos que aparecieron en el epílogo y otros que no. Scorpius Malfoy es especialmente adorable, aunque Rose Granger-Weasley no me pareció la niña más agradable (se nota que le falta la buena onda de su madre para temperar el airecito de superioridad que comparten).
La historia es simple y enredada, como cualquier historia de Harry Potter que se respete. Las cosas no siempre son sencillas, y la magia puede ser una complicación la mitad del tiempo, pero la trama se mantiene cercana a lo que conocemos de la saga, sin volverse repetitiva o molesta. Cuando anunciaron el lanzamiento de este nuevo libro, estaba obviamente emocionada, pero una parte de mí también temía que la historia empezara a estirarse innecesariamente y que corriera el mismo destino que la proverbial gallina de los huevos de oro. Afortunadamente (bendita Rowling), la historia es buena, tan buena como para haber acallado mis miedos, y agarrarme del libro en cada momento libre que tenía (incluso como para que Draco Malfoy se redimiera un poco a mis ojos que siempre lo han despreciado cortésmente).
Me encantaría ver la puesta en escena de la obra. O ponerla en escena.
Cuando hace casi dos años vi "Guerra Mundial Z", algunos amigos me comentaron que la película es una porquería comparada con el libro. Personalmente, me gustó la peli, por muy alejada del libro que esté (en muchos, muchísimos detalles), tiene una buena historia, aunque no sea perfecta.
Eso sí, definitivamente, hay una diferencia abismal entre el relato del libro y el de la película. La última es un relato del típico héroe gringo (aunque me guste, no le quita nada de los clichés), mientras que el libro parece una tesis, una investigación en toda regla, y a la vez una colección de relatos de la guerra, desde sus primeros días hasta el final, más de diez años después.
Max Brooks, el autor, ya había escrito antes su "Guía de supervivencia - Zombie". Francamente, empecé a leerlo casi como una broma, pero su relato es tan "serio", tan detallado en todos sus aspectos (análisis de territorios, de armas, métodos de escape y aprovisionar un refugio, etc.) que por la mitad del libro ya ves tu propia casa con otros ojos: "esto sirve, esto no...no podría llevar esto, lástima. ¿Cómo puedo volar las gradas?". Para el final, después de los breves relatos de brotes de la epidemia en el mundo, ya estás calculando el precio de un machete y como conseguir un buen rifle y municiones.
En pocas, muy bien escrito.
El libro de "Guerra Mundial Z" sigue la misma idea en cuanto a sus zombies. Todo lo que dijo en su Guía sobre el "comportamiento" de los muertos vivientes aparece en todos los relatos de los sobrevivientes a la guerra. Pero lo más interesante es la perspectiva humana, el "factor humano" que no estaba tan presente en la Guía (porque no era su intención, un manual debe ser lo más preciso y objetivo posible), las personas que vieron los primeros casos y como se convirtieron en plaga, que con suerte, audacia y determinación sobrevivieron al caos.
Las historias vienen de todas partes del mundo, aunque se da más énfasis a los hechos de EEUU, desde los que huyeron de las grandes ciudades, hasta los que quedaron flotando en la Espación Espacial Internacional. La naturaleza humana es variada y complicada, y las situaciones de crisis sacan lo mejor de unos y los peor de otros, y todos esos aspectos aparecen de alguna manera en el libro. Brooks tiene el mérito de crear varias voces distintas y formar un relato coherente de lo que, hipotéticamente, podría ser el reto más grande que enfrentaría la humanidad.
E igual que con la Guía, te deja una sensación rara y dividida: incredulidad porque eso jamás podría pasar, y una leve paranoia porque, en este mundo, casi cualquier cosa puede pasar.
Pasando por alto todas mis decepciones y mis recientes renovados traumas con la ópera (y mi depresión de que jamás podré cantar así), recordé que debía poner al día mis lecturas de mis más recientes adquisiciones en la Feria del Libro. Acá entre nos, y sólo por mencionarlo, no había mucho que ver este año, a excepción de lo que me compré y el libro de Arturo que me regaló mi esposito.
El primero en mi lista era "Los Hijos de Húrin" de J.R.R. Tolkien. Lo cierto es que ya hace tiempo había leído la historia, hay una versión resumida de ella en el Silmarillion (y aún así es la más larga de todas las historias ahí). Recuerdo que, hace años, cuando recién lo leímos con mi hermana, las dos nos quedamos traumadísimas. Cuando nos enteramos que publicarían el libro con la historia más completa, esperamos y esperamos hasta conseguirlo (en esa época, no sabía que había libros digitales), y al final terminé yo regalándole el libro por una Navidad, si mal no recuerdo. Cuando lo vi en original en la Feria del libro, obviamente me lo tenía que comprar.
Veamos, se trata de la historia de Túrin, hijo de Húrin, y Niénor, su hermana. Después de una gran batalla que terminó con cualquier esperanza que pudieran tener los Elfos y los Hombres de derrotar al Señor Oscuro Morgoth, Húrin fue tomado prisionero, torturado y cuando se negó a revelar cierta información y, de hecho, se le rió en la cara a Morgoth, él lo maldijo, y a su esposa y a sus hijos, por las dudas, y los condenó a que vieran todas las desgracias que iba a mandarles sin poder intervenir. En efecto, la vida de Túrin y después la de su hermana Nienor, son una colección de golpes de mala suerte, que acaban siempre con alguien muerto como daño colateral. En cierta manera, se asemeja mucho a la idea de las tragedias griegas, no se puede huir del destino ni siquiera conociéndolo...pero el ingrediente de las propias imprudencias tienen mucho que ver.
Comparado con la breve historia, el libro tiene muchísimos más detalles, diálogos, motivaciones (y dibujitos) que ayudan a entender mejor el drama de un pobre hombre perseguido y cazado por sus enemigos, empujado por su propio valor, orgullo e imprudencia, y finalmente atrapado. Con todas las cosas malas que le pasan, es imposible esperar que salga bien librado. Si lo leen, háganse a la idea de que el final feliz no existe.
El segundo libro fue "Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media"...Volumen II. Mi mala pata hizo que alguien se comprara el Volumen I minutos antes de que yo llegara a ese stand y encontrara sólo la segunda parte. Frustración a mil. De todas formas, lo compré (mejor tener la mitad que no tener nada, si me preguntan). La Parte II comienza directamente en la Tercera Edad de la Tierra Media, y comienza con "El desastre de los Campos Gladios", o sea, cómo fue que murió Isildur. Las siguientes historias hablan de Gondor y Rohan, una breve perspectiva de Gandalf sobre la búsqueda de la Montaña Solitaria y de cómo Bilbo acabó metido en ese enredo; y sobre la expedición de los Nazgûl buscando el Anillo. También hay unos ensayos sobre los Magos, los Drúedain y las Palantiri. Todo muy informativo si, como yo, eres una maniaca del chisme de personas ficticias y/o muertas y de la Tierra Media.
Algo curioso de este librito es que cada historia tiene sus propias Notas, y algunas hasta apéndices. En algunos casos, las Notas son más largas que la historia misma, pero como todo es información nueva para mí, no me quejo mucho. Eso sí, el libro se maltrata un poco por leer saltando a cada rato de un lado a otro para revisar las notas (la paciencia no es lo mío).
Finalmente, tenemos el menos dramático de todos. "Roverandom" fue un cuento que Tolkien le contó a uno de sus hijos para consolarlo por perder su perrito de juguete. Obviamente, el cuento empieza con un perrito de verdad, Rover, que por morderle los pantalones a un mago es convertido en un juguete, lo compra una mamá para su hijito y él lo pierde sin querer en la playa. De ahí en adelante, el pobre perrito vive mil y una aventuras en la Luna y el fondo del Mar, donde conoce a otros dos perros que también se llaman Rover, y para evitar confusiones él pasa a llamarse Roverandom.
Es un cuento encantador y hermoso, por donde quiera que se lo mire, ni de lejos parecidos a los cuentos para niños tontos que publican hoy en día. Definitivamente, pienso saltarme todos esos y pasarme directo a las lecturas interesantes con mis hijos, y el día que en el kinder digan que Cenicienta y compañía son unas necias, habré cumplido en la vida.
Llevo días rumiando mi ira, si no he escrito hasta ahora toda una diatriba sobre mis frustraciones más recientes que, por cierto, me han tenido de bronca en bronca desde la anterior semana. Pero, aunque el propósito inicial de este blog era en gran medida tener un espacio en que poder desahogarme de todas esas cosas, debo haber desarrollado algún extraño sentido del pudor porque decidí no ventilar mis dramas por aquí (tal vez en unos días se me quite, no teman).
Y ¿de qué puedo escribir si no estoy despotricando? Lógicamente, de algún libro. Debo admitir que tardé en terminarlo más de lo debido a todas mis broncas, pero al fin lo logré. "La Caída de Arturo" es un poema en verso aliterado que Tolkien escribió en algún momento a principios de los años 30, y dejó a medias alrededor de 1934. Si algo de malo tiene Tolkien en algunos de sus trabajos publicados póstumamente es que muchos están incompletos porque en algún momento, por algún motivo, simplemente los dejaba. La otra es que sus bocetos son ilegibles en muchas partes y su hijo tiene que ir por la vida adivinando y dejando huecos donde no puede adivinar.
El libro, al menos la parte del poema que es la que realmente importa, lo publicaron en inglés y español en paralelo. Si entienden inglés, léanlo así, tiene su gustito aparte, incluso si lo leen con un diccionario al lado. Incluso si lo leen sólo en español, incluso incompleto como está, es un relato interesante y atrapante de los últimos tiempos del reinado de Arturo. Personalmente, siempre pensé que todos ahí eran un poco tontos, empezando con el Rey, pasando por todos los caballeros de la Mesa Redonda, el gran Merlín que acabó atrapado en un roca, Morgana y sus intrigas de pacotilla, y acabando en Ginebra, que encima se me hacía el epítome de la mosca-muerta.
Por supuesto, hay que tener en cuentas las fuentes que se toman en cuenta al construir un relato sobre la leyenda artúrica, porque aunque ahí él siempre es "perfecto y noble", los retratos de sus caballeros y todos los demás implicados varían un poco, igual que lo que sucedió con todos aquellos que sobrevivieron, aunque sea poco, a Arturo. Al leer el poema, se nota que Tolkien conocía bien las fuentes conocidas de la historia de Arturo, desde las más antiguas, pero que también les dio su propio toque, aunque fuera sólo un poco.
De una versión a otra, los detalles de la leyenda también varían, por lo que Tolkien también tuvo que hacer sus elecciones respecto a eso. Uno de los detalles que más me llamaron la atención, tal vez porque soy mujer, fue que al parecer, Tolkien no tenía una muy buena opinión de Ginebra: la retrata como una mujer fría y calculadora, bastante egoísta y caprichosa en todos los alborotos en los que se metió, siendo (obviamente) el más importante su amorío con Lancelot del Lago, al que al final dejó por volver al trono sin mucha pena. De todas formas, Tolkien se atiene, hasta donde logró llegar en su poema, a los hechos esenciales de la historia: Arturo va a guerrear al Este, acompañado de varios caballeros entre los que destaca Gawain, deja a Mordred al cuidado de su reino sin sospechar que él ya planea traicionarlo. Y todo eso sucede después de que Ginebra volviera y Lancelot fuera desterrado y expulsado de la fraternidad de la Mesa Redonda.
De todas formas, el poema no ocupa ni la mitad del libro. El resto son "ensayos" sobre lo que el poema no dice, es decir las varias vertientes de la leyenda artúrica y los aspectos de tal o cuál lado que se tomaron en cuenta para el poema; lo que pensó para el poema pero no llegó a ser escrito y su relación con las historias de Tolkien, como el Silmarillion; y, finalmente, los bocetos que se escribieron antes de que el poema tuviera su versión definitiva. Como admiradora del trabajo de Tolkien, me encanta ver los bocetos y los pasajes descartados, tanto porque son una forma de ver a dónde podría haber ido la historia, como porque muestran todo el trabajo real que toma escribir algo (la computadora es genial en el sentido de que editas siempre en limpio, pero hay algo lindo en tener un montón de papeles llenos d tachones antes de alcanzar un buen resultado).
Y por si todo eso no fuera bastante para hacer dar curiosidad por el libro, vuelvo a mi argumento inicial. Léanlo en inglés, más que nada porque ahí es cuando se aprecia la verdadera habilidad de Tolkien para manejar el verso aliterado. Sólo tengo una comprensión básica de la aliteración, no hay nada parecido en español, pero es una forma de versificación muy distinta rara y complicada, aunque tiene su propio encanto.
Hace muchos, muchísimos años (creo que estaba en segundo semestre de la U), me pasé una noche entera leyendo sin parar "El Código da Vinci". Lo gracioso del caso es que había comprado el libro para regalárselo a una amiga por el día de la amistad o algo por el estilo. Como no veía un momento cercano en que pudiera comprarme el libro, aproveché que ya lo tenía entre manos.
Lo interesante de ese libro en específico, tal como lo recuerdo, era su habilidad de "levantarse" a muchas personas famosas de la historia y hacerlas encajar en su complicada e intrincada trama sobre sociedades secretas. Cuando acabé de leerlo me sentí como si hubiera estado masticando un chicle toda la noche: divertido, buen sabor al principio, mucha tenacidad de mi parte por el medio pero poca gana de escupirlo para ver si tenía más sabor, y finalmente, lo escupo y sigo con mi vida. O sea, lo disfrutas, lo masticas, pero no te lo tragas.
Consideren, claro, que esos eran los días en que se pusieron de moda (otra vez) las conspiraciones y las sociedades secretas. Mi ansiedad por leer "El Códico da Vinci" era una respuesta lógica a todos los comentarios a mi alrededor, sobre el libro y la película. Algún tiempo después, salió la película basada en el libro anterior al "Código", "Ángeles y demonios". Después de mis experiencia con su antecesora, no estaba muy entusiasmada por leerlo, y ni siquiera me enteré que había película hasta que vi que la anunciaban en HBO y la vi de pura casualidad y desde la mitad (hasta el día de hoy, no he visto el principio).
Hace poco, dando vueltas por un blog (que parece que borraron, porque ahora no lo encuentro), me encontré el tal libro. Y ya que ando con tablet por la vida, me lo descargué, así que prepárense para la intrincada y complicada trama.
Robert Langdon, estudioso, historiador, docente de simbología religiosa en Harvard (¿siquiera esa materia existe?, recibe una llamada muy rara un día a las 5 de la mañana y una hora después (merced a un avión mega rápido) está en Suiza, en el CERN (si han visto alguna vez The Big Bang theory, seguro sabrán que es) ayudando a investigar un asesinato (chan chan chaaaaan).
De ahí, lógicamente (de acuerdo a cualquier historia que implique conspiraciones, sangre y muerte por todos lados), los eventos se suceden en una carrera alocada contra el tiempo para detener la locura de turno y a los psicópatas implicados. Una vez más (o más bien, por primera vez) toma a una sociedad secreta, Los Illuminati, y se toma libertades con los muertos famosos, como Galileo y Bernini.
No voy a negar que es atrapante e interesante, pero está tan lleno de inexactitudes de todo tipo (yo noté las que tienen que ver con el proceso de elección de un Papa, dejo las de ciencia a quien corresponda), que tenemos otra vez (o por primera vez) un libro-chicle: máscalo, pero no lo tragues.
Eso sí, debo admitir que de todas formas, me sentí algo decepcionada de la historia. Creo que el guión adaptado de la peli les quedó mejor, o tal vez sea que estoy acostumbrada a esa versión de la historia, con esos detalles.
Algo bueno de los libros, o al menos me gusta verlo así, es que permiten al lector evadirse de su realidad, sea la que sea. Dado que, generalmente, la realidad no es precisamente hermosa y agradable, la evasión funciona de maravilla, incluso si el libro no es precisamente optimista o feliz (Una nota sobre la realidad: originalmente, esta entrada debía tratar de la serie de problemas en el mundo, pero como esos no se me van...para la siguiente).
Pero, ¿qué sucede si el libro está lleno de desgracias desde el título? ¿y si el relato se la pasa anunciando cada calamidad por ocurrir a los pobres protagonistas? Lo usual es que, de una manera u otra, más o menos, al final de la historia, los protagonistas alcancen un relativo estado de felicidad. Pues, queridos míos, este no es ese caso. "Una serie de eventos desafortunados" o, como dice mi traducción, "Una serie de catastróficas desdichas" relata la vida de los niños Baudelaire (hermoso apellido, si me preguntan) desde el momento en que sus padres mueren en un incendio que, además, destruye su mansión. Las pobre criaturas pasan de tutor en tutor, siempre perseguidos por un villano de lo más malvado y desagradable, el Conde Olaf, empeñado en quitarles su fortuna.
Lo esperado de los protagonistas de los libros es que puedan vencer las dificultades y a sus malvados enemigos con sus increíbles dones y la eventual ayuda de sus allegados. Violet es una gran inventora, Klaus es un gran lector e investigador, y Sunny tiene afilados dietes y buen gusto para la cocina, y de una forma u otra se la ingenian para escapar del Conde Olaf una y otra vez, pero su entorno no ayuda para nada. Al parecer, una gran mayoría de los adultos que los rodean son personas mezquinas, tontas y muchas veces crueles.
Podría parecer que a lo largo de trece libros, con una línea temporal de alrededor de dos años, la trama se pondría algo repetitiva. A pesar de que los métodos del Conde tratan de ser originales, casi siempre cae en un molde, y los niños siempre escapan por los pelos, haciendo gala de sus habilidades ante la estupidez colectiva que los rodea, y revelando al villano a pesar de sus disfraces. Pero, en cierto punto de la historia, la idea cambia algo y los niños, empiezan a cuestionarse seriamente hasta qué punto ellos son los buenos y Olaf es el malo.
Aún así, los Baudelaires comprenden que, incluso con el mundo entero en su contra, se tienen unos a otros para cuidarse y siempre hay cosas buenas y nobles en un mundo lleno de perfidia...y con eso se prueba que se me pegó el estilo de todos esos dramas.
Mi vida se ha puesto medio aburrida estos días, o simplemente es que ando con la nariz tan hundida en libros que no noto la falta de eventualidades (aunque la anterior semana renegué mucho en el trabajo, pero bueh). La parte buena de eso es que no me ahogo en problemas (tanto), la parte mala es que me muero de histeria si, por ejemplo, me quedo sin batería.
La última víctima de mi fiebre lectora es la segunda saga (sí, saga) de Percy Jackson y su irremediable tendencia a acabar enredado en los asuntos de los dioses. Ya hace un tiempo, hice una extensa revisión sobre la primera saga, y mantengo mi opinión en muchos puntos, aunque sigo admitiendo que es entretenido de leer.
Pero, veamos: ¿Qué podría pasar con un semidiós después que derrotara a los Titanes que amenazaban el Olimpo? Al parecer, Percy la tiene peor que Harry porque hay más desastres en camino, al menos si uno sigue la lógica de la mitología...o casi. Por si fuera poco, el "lado griego" de la historia no es el único que existe, por ahí anda el "lado romano". Parece un poco jalado de los pelos, considerando al explicación de la saga anterior de que los dioses eran los mismos y sólo se mudaban de acá para allá.
Acá la explicación es que los romanos sí que le cambiaron algunos atributos y ciertos rasgos de personalidad a los dioses. Siendo así la cosa, al parecer los dioses, además de metiches e irresponsables, también tienen transtorno de personalidad múltiple y (más raro aún) tienen hijos semidioses en sus dos "modalidades". Más claro, que aparecen los hijos semidioses "romanos", que tienen su Campamento aparte y que los dioses mantuvieron apartados de sus hermanos griegos porque tienen la tendencia a matarse entre ellos por resentimientos muy antiguos.
Dado que ya acabó la guerra con los Titanes, y siguiendo el guión griego (más o menos), es el turno de Gea de tener un berrinche medio dormida y mandar a sus hijos, los Gigantes, para tratar de (qué sorpresa) eliminar a los dioses del Olimpo. Hera, que no es la diosa que más quiere a los semidioses, trama su plan por su cuenta y decide que la mejor manera de enfrentar el problema es hacer que los griegos y los romanos se unan. ¿Cómo se hace eso? Se secuestra a los líderes, se les borra la memoria y se los lanza en el campamento contrario a que sobrevivan como puedan.
De ahí en adelante, la historia se enreda en misiones cuasi imposible que los pobres personajes llevan a cabo a riesgo de sus pellejos, metiéndose en todos los problemas habidos y por haber, y tratando de encontrar sentido a sus caminos siguiendo las pistas dejadas por las antiguas historias. Todo un drama.
¿Entretenido de leer? Totalmente, incluso batallando con una traducción algo enredada (debo conseguir otra versión del cuarto libro). ¿Predecibles? Bastante, incluso sin conocer mucho de esa parte de la mitología.
Me muero por leer el quinto...cuando salga. Maldición.
Hace muchos, muchos años, escuché hablar de los "Cuentos de Terramar" de Úrsula Le Guin, pero no fue hasta que tuve mi hermosa, hermosa tablet que me animé a leerlos. Son cinco novelas en total, sin contar el libro de cuentos cortos (que aún no revisé), y todas siguen, de una manera u otra, a Gavilán de Gont.
Desde su aldea de la Isla de Gont, pasando por la Escuela de Magos de Roke y todas las aventuras por las islas de Terramar, Gavilán o Ged, aprende e influye en las vidas de todos los que conoce, hasta llegar a ser reconocido como el más grande de los magos de Terramar, incluso cuando ya ha perdido su poderes.
Lo genial de estas historias es que no solo aborda la fantasía, la creación de un mundo distinto y nuevo que de por sí es algo que requiere muchísima paciencia y tino, sino que narra las historias como, probablemente, se narraban las historias antiguas. El relato no parece seguir el clásico sistema de "introducción-nudo-desenlance", más parece una cadena de hechos pequeños, unos tras otros, que juntos forman la historia. Antes de que uno se dé cuenta, llegó al final de un libro y está buscando el siguiente, tratando de averiguar qué más hace Ged.
Por supuesto, hay detalles de la historia que no me quedaron del todo claros (y espero que los cuentos tengan la respuesta a mis dudas), pero definitivamente son historias que disfruté totalmente. Los personajes importantes son pocos, pero están bien construidos y se los conoce tanto a lo largo de las historias que se hacen muy queridos. Eso sí, y puede que sea culpa de mi edición, me perdía como sordo en balacera cuando se trataba de ubicaciones tipo Este-Oeste. Necesitaba un mapa con urgencia.
La parte buena de tener una tablet es que sirve al propósito que le dí: poder leer los libros que tengo en digital sin tener que acarrear mi compu de acá para allá.
La primera víctima de mi nueva fiebre de lectura fue un libro que llevaba mucho tiempo deseando leer. "La ladrona de libros" resultó ser una maavillosa primera opción.
Hay muchísimos relatos sobre la Segunda Guerra Mundial, desde todos los ángulos, muy buenos y no tanto. Como cualquier drama humano, es bueno para contar historias (todas muy tristes), pero lo interesante de ésta en particular es el enfoque. Si lo cuenta la Muerte, no puedes esperar a un final "feliz".
Liesel Meminger es una niña, hija de comunistas perseguidos por el régimen nazi, que es entregada en adopción a una pareja algo mayor. Su nueva madre es una mujer muy mal hablada y de mal carácter, pero esencialmente buena, y su nuevo padre es un hombre compasivo y cariñoso. Además de las dificultades propias de la relativa pobreza y la guerra, Liesel lidia con sus propios traumas y problemas diarios. Ayudada por su padre, aprende a escribir y leer, y descubre el poder de las palabras para el bien y para el mal.
Si bien es cierto que la Segunda Guerra Mundial, por todos sus horrores, ha sido el origen de varios libros y relatos, incluso hasta llegar a convertirse en algo "trillado", lo que agrada de "La Ladrona de libros" es que no es el relato de un soldado, o de las decisiones de las latas cúpulas, o menos de los judíos y los campos de concentración y todas sus barbaridades, es la historia de una niña relativamente común (aunque sus circunstancias no eran tan comunes), en una familia común, en una ciudad común en medio de la Alemania Nazi. Se tiende a creer que absolutamente todos los alemanes de esa época creía ciegamente en Hitler y su ideología, pero lo cierto es que aunque fueran una mayoría, no eran la totalidad. Casi en silencio, muchos se opusieron e hicieron lo que pudieron por ayudar.
La historia está muy bien contada, es atrapante y conmovedora (los que, como yo, tengan corazón de pollo, sería bueno que se consigan una caja de pañuelos). Los personajes están bien construidos y son tan creíbles, más allá de su contexto, que dan la impresión de ser personas conocidas, amigos que uno ha visto y conocido, y por eso mismo sus circunstancias se vuelven aún más cercanas.
La parte mala de los e-books es que no puedo llevarlos en mi cartera y leerlos cuando no estoy en casa, básicamente, porque no tengo una table ni un kindle ni nada por el estilo, más que mi laptop, que es muy engorrosa de transportar. El caso es que se me ha hecho casi una costumbre desde principio de año andar con un libro por ahí. El último fue "Una vacante imprevista" y después de eso me quedé sin ideas. Mi esposito, al que le pedí consejo, me sugirió leer "El mundo de Sofía".
Puede ser por mis malas experiencias en el colegio (en que filosofía era una de las materias más improductivas que había), pero jamás tuve una buena opinión de los filósofos ni de la filosofía. Pueden sermonearme toda la vida sobre su utilidad y cómo pensar nos hace humanos todo lo que quieran, pero ningún muerto va a decirme como vivir. Punto. El caso es que no empecé el libro precisamente entusiasmada...y según yo, tenía toda la razón.
Más allá de las lecciones de filosofía, que algo sí me dejaron (una nueva capa a mi cultura general), la historia en sí no me pareció nada del otro mundo. Admitamos que he leído un montón de literatura fantástica y tramas atravesadas (de muy buenas a malísimas), así que algunos giros no me sorprenden. Admitamos también que leía las partes de filosofía a la gran carrera para llegar a la historia y aún así no me sentí increíblemente sorprendida con ninguno de los giros, ni decir con el final que me dejó con algo así como "¿Y?¿Eso fue todo?". No es una sensación agradable.
Voy a tratar de ser justa y admitir que el libro fue publicado en los '90, y fue un verdadero hito en su tiempo, antes de que la literatura fantástica volviera a ponerse de moda. Por otra parte, mi esposito dice que le entré con "mala leche" a este libro, y creo que tiene una buena parte de razón. Pero nada va a quitar que los diálogos son forzados, que los personajes son flojos (los reales y los "imaginarios") y que lo importante de un libro de más de seiscientas páginas es la filosofía y que la historia está de relleno. Más honesto hubiera sido hacer un libro de texto y ya. (¡Qué mala soy!).
Había pensado en escribir mi siguiente entrada sobre la absoluta pesadilla que fue tratar de empadronarme para las elecciones de octubre. Después de ir seis veces y hacer filas de horas y horas para no ser atendida, puede considerarse todo un triunfo, en especial en este lado del mundo. Pero me encontré con algo mejor que escribir que mi larga peregrinación hacia la incompetencia.
Hace cosa de dos años, Rowling publicó una nueva novela, dirigida a adultos y lejos, muy lejos del mundo mágico. "Una vacante inesperada" se sitúa en un imaginario pueblito inglés, Pagford, en que, aparentemente, todo es paz y tranquilidad. Aparentemente.
Cierto día, al inicio de la historia, el concejal Barry Fairbrother cae muerto de un aneurisma, dejando a una desconsolada viuda y cuatro hijos. Podría haber sido una muerte como cualquier otra si no fuera porque Barry era querido y apreciado por casi todos en el pueblo. Los que no los querían ni lo apreciaban eran todos los que, por diversas razones, se oponían a sus opiniones en el Consejo Parroquial sobre los Prados, una barriada en los límites del pueblo y la ciudad cercana de la que nadie quiere hacerse cargo, y que Barry defendía a capa y espada.
"Pueblo chico, infierno grande", dicen, y Rowling muestra eso, precisamente. Los grandes y pequeños problemas, las mezquindades y estrecheces de miras de la clase burguesa que desprecia sin realmente comprender a los menos afortunados que ellos. La carrera electoral por el puesto vacante del consejo parroquial del pueblo empieza, disputado por diferentes motivos, pero siempre teniendo en la mira a los Prados.
Lo que nadie tiene en cuenta en medio de sus campañas es que todos tienen secretos que eventualmente podrían desvelarse.
Empecé el libro el miércoles, y había avanzado algo. El jueves me desenchufé del mundo y cuando me di cuenta ya eran las dos de la mañana y ya había terminado el libro. A Rowling no le falta fluidez para contar una historia, saber hacerla interesante y atrapante, aunque sea un relato sobre las miserias de la vida. "Una vacante inesperada" es una historia triste y dramática, que sabes que no puede terminar bien incluso en los momentos en que te hace reír y te divierte, aunque puedes concebir cierta esperanza para los personajes que no son un absoluto desastre.
A este libro le criticaron que no evocaba la magia que Harry Potter tenía, que al ser una ficción de la misma realidad en que estamos atrapados no alcanzaba lo logrado con su saga mágica. Creo que no se puede contar en un solo libro todo lo que se contó en siete, y esta historia iba directamente por otro lado. Harry Potter hablaba de la lucha entre el bien y el mal y el crecimiento de un niño al que se le impuso un largo y dificultoso camino, mientras que esta historia muestra las pequeñeces y miserias de unos pueblerinos y la difícil vida de la pobreza, que son más tristemente reales que magia. Personalmente, disfruté este libro, me atrapó y no pude soltarlo más. Eso es un buen libro.
Un buen fanático colecciona objetos de lo que le gustan, un gran fanático tiene incluso las cosas que no son precisamente halagadoras. El caso de Harry Potter da mucho para eso por todas las opiniones de un lado y del otro sobre la historia, muy especialmente de los sectores cristianos conservadores. Y mi caso como fanática, considerando lo que escribí antes, es un cómodo intermedio: tengo cosas raras y trato de ignorar las cosas raras a la mala con elegancia.
Por ejemplo, entre mis libros tengo dos cosas algo raros: "Si Harry Potter dirigiera General Electric" y "El Evangelio según Harry Potter". Dado que sé que Harry tiene una carrera muy buena como auror, dudo que alguna vez se meta en una empresa muggle (a no ser de incógnito, como parte de su trabajo para atrapar a algún mago psicópata...), y aunque la saga trata básicamente de la lucha entre el bien y el mal, jamás se ha hecho referencia a ninguna creencia en particular en toda la historia. Teóricamente, Hogwarts es una escuela abierta a todos los credos. Pero, he ahí la clave, no debemos tomar estos títulos literalmente.
"Si Harry Potter dirigiera General Electric" trata, básicamente, de usar ejemplos de liderazgo y otros valores necesarios para triunfar en los negocios que pueden encontrarse en los libros de Harry Potter. Analiza a Dumbledore y Harry a la vista de sus acciones y fortalezas en sus andanzas, y como los magos ven y viven valores como la ética, la verdad y el valor, todos aplicables a líderes de grandes empresas reales actuales. El que lo escribe es un filósofo que ha dado varias conferencias y es autor de varios libros parecidos. En general, no soy nada fanática de los libros de "autoayuda" (y, definitivamente, éste clasifica ahí), me tragué el libro entero para ver si me decía algo que no sabía sobre Harry Potter. Considerando que está actualizado hasta el sexto libro, sus observaciones sobre Snape, aunque moderadas por la duda de lo que aún no se sabía de él, no son del todo acertadas. Y Dumbledore queda al nivel de un santo que nunca ha roto una taza en su vida (cómo se nota que no conocía su vena maquiavélica). Harry, por otra parte, promete mucho, a pesar de sus evidentes defectos, promete bastante a futuro, y en eso debo estar de acuerdo.
"El evangelio según Harry Potter" parte de una premisa interesante: la autora, una devota cristiana, ha leído Harry Potter (al menos hasta el cuarto libro, que es hasta donde está actualizado) y ha encontrado que las historias no contradicen a lo que enseña la Biblia. Es más, le preocupa que muchísimos cristianos condenen y critiquen la saga sin haber leído ni uno de los libros, y basándose sólo en fragmentos muy marcados sacados de contexto. Siguiendo esa lógica, la de sacar pedazos marcados, plantea que aunque no es lo deseable, también se pueden encontrar enseñanzas buenas en la historia. Jamás me verán contradecir eso, y supongo que en ciertos círculos más apegados a la ortodoxia y a seguir la Biblia al pie de la letra, un libro así es necesario, y aunque es algo vueltero y repetitivo, tiene razón a la vista de su planteamiento inicial. Eso sí, tiene el mismo defecto de considerar a Dumbledore como un santo y a Snape como algo todavía dudoso.
Lo malo de la fama es que todos quieren subirse al tren, o al Expreso de Hogwarts en este caso en particular. Harry Potter es una historia fabulosa en sí, y definitivamente está llena de enseñanzas útiles para la vida y buenos valores (no por nada es sobre el bien, el mal y el poder del amor), y probablemente muchas personas no sean capaces de ver eso, para bien o para mal, y necesitan que los muestren claramente. Personalmente, acabé los libros por pura tenacidad y para ver qué decía sobre ciertos puntos claves de la historia a medida que avanzaba. Ambos, a su manera, son bastante acertados considerando que ninguno de los dos (al menos en los ejemplares que tengo, no sé si después los actualizaron) llegó al final de la historia, a la gran revelación de todos los misterios que no entendimos por años, aunque no estoy de acuerdo con algunos puntos (en especial con la parte del valor, Harry es imprudentemente valiente la mitad del tiempo). Pero, volviendo a lo señalar las cosas para verlas claras, no veo la necesidad real de apuntar algo que, para cualquiera que haya leído los libros con ecuanimidad y por placer, se le hace obvio (¿o sólo son obvias para mí? Corríjanme si me equivoco).
Interesantes, sí...pero no absolutamente necesarios más allá de la sana curiosidad.
Al final, resulta que no hice nada de lo que quería hacer en mis vacaciones (y encima tuve que hacer dos turnos el día de mi regreso al trabajo, pero esa es otra historia). Eso significa que mi casa sigue desordenada, que igual tuve trabajo que hacer, y que mi lista de lectura sigue acumulándose. Eso sí, logré dormir bastante.
Eso sí, logré terminar el libro de ensayos de Tolkien que andaba arrastrando un tiempo. Debo admitir que, aunque interesantes, los ensayos de Tolkien, en especial ese sobre la Traducción de Beowulf, era un cacho..."mareantes". Considerando que todos los ensayos del libro fueron leídos en cursos y conferencias por él mismo, supongo que tenían muchas más gracia escuchados que leídos (incluso considerando la conocida tendencia de Tolkien a hablar muy rápido y comerse las palabras).
Algunos fueron más complicados que seguir que otros. Por ejemplo, disfruté su ensayo sobre Sir Gawain y el Caballeron Verde, y Sobre los Cuentos de Hadas, aunque no podría decir lo mismo del ensayo sobre la Traducción de Beowulf (pasé tres páginas sin entender que rayos era el verso aliterado) y el ensayo sobre el Galés (que era muchísimo más inteligible que el de Beowulf, de lejos).
Con todo eso, fue bastante interesante asomarse a la otra faceta de Tolkien, la de filólogo, aunque todo su trabajo en fantasía estaba impregnado de su estudio e invención de lenguas. El hombre era todo un académico y se nota de lejos que disfrutaba con esos ensayos, con transmitir lo que él sabía o su opinión sobre algo que lo apasionaba. Si bien se enreda en ciertos pensamientos o salta de uno a otro casi sin darse cuenta, si una salta con él no se pierde (tan) fácilmente.
Tolkien era conocido por ser muy desorganizado, al menos en lo que se refiere a sus escritos. Papeles por aquí, papeles por allá, tachones, dibujitos por todos lados, inscripciones rúnicas en los bordes, y encima tenía una letra que era prácticamente ilegible en algunos lugares. El caos. Que alguien logre descifrar el caos y ordenarlo es todo un logro, pero supongo que tiene algo de ventaja si es el hijo del creador, en primer lugar.
Antes ya había leído uno de los libros que componen esta colección, justamente el último. En su momento se me hizo fácil de leer, aunque algo confuso por eso de que hacía referencia a los libros anterior un montón de veces. Lo bueno es que es relativamente corto, así que no había mucho más campo para perderse. Este otro, me lo regaló mi suegra para Navidad (seguro que fue mi esposito el que lo encargó, pero aún así fue un gran detalle de su parte), y estuvo en mi lista de pendientes hasta, más o menos, mediados de enero.
Juro por las tangas mas rosas de Merlín que jamás de los jamases me costó tanto terminar un libro, ni siquiera cuando leía Julio Verne en mi tierna infancia, ni siquiera cuando leí "Cien años de soledad" a escondidas porque mi mamá me dijo que no era para mi edad (tenía 13 años...y mi mamá tenía razón, pero esa es otra historia), ni siquiera cuando leí "Crimen y Castigo" a los 14. Ubican la idea, ¿no? "La Traición de Isengard" lleva dando vueltas conmigo desde mediados de enero. Eso son más de dos meses para terminan un libro. ¡Deshonra! ¡Desgracia!
¿Por qué tardé tanto? Podría decir que fue por falta de tiempo, la mayor parte del tiempo sólo me daba espacio de leer de camino a casa, y hacía cualquier otra cosa por ahí. En pocas, flojera. Podría decir que fue porque me mandé dos libritos más en medio de esta lectura, o sea, poca dedicación a la causa. Y una gran parte de la culpa la tiene, lógicamente, el enredo fenomenal de Tolkien.
Por supuesto, Christopher Tolkien trata de presentar lo más ordenados posibles los bocetos escritos hasta antes de llegar a lo que se publicó en el libro, pero hay tantas referencias a "El Retorno de la Sombra" (el libro anterior que ni he visto más que en fotos), a páginas anteriores, a páginas posteriores, a notas del final de cada capítulo, a notas que te mandan a otra referencia, que para seguirlas hay que leer con, al menos, tres separadores de libros. Hay un montón de datos interesantes, claro, giros que pudo dar la historia antes de irse por donde debía, pero una se marea fácilmente en esa confusión de datos cruzados.
Un detalle que me pareció interesante: la muerte de Boromir no estaba planeada. Siempre me dio penita ese personaje, cayó en la tentación, trató de arreglarlo como mejor pudo y después se murió hecho un alfiletero. No bonito. Lógicamente, no hay guerra sin bajas, ni aventuras en que todos salgan ilesos, pero estaba convencida de que Boromir debió vivir para volver a su ciudad, aunque se torciera el final feliz en el proceso. Y ahora, en vista de lo que podría haber sucedido con él, o lo que estaba planeado para él, caigo en cuenta de que está mejor muerto el pobre cuate. Si no hubiera muerto y hubiera regresado a Minas Tirith, se hubiera convertido en un traidor que vendería a su ciudad y a su gente por envidia y deseos de poder. No, gracias.
Eso sí, cada vez que leo un libr de Tolkien me deprimo, porque me doy cuenta de cuántos me falta aún por encontrar y leer. ¿Una idea? Tengo sólo 7 de esta colección.
Siendo como soy, aficionada a las novelas policiales de Agatha Christie, tengo la tendencia a creer que ningún libro de ese género puede sorprenderme realmente. La premisa de todo buen detective, como Hércules Poirot y Sherlock Holmes, es que debes sospechar de todos y de todo si se trata de un crimen. Nadie está libre de sospecha, bajo ninguna excusa.
Tal vez es por eso que estoy tan encantanda con "El canto del cuco", que me regalaron en Navidad. Supongo que hay una gran posibilidad de que no me hubiera enterado de la existencia de este libro si no fuera por la noticia que salió en las páginas de fans: J.K. Rowling, que nos dio a Harry Potter (y toda la locura consecuente), había escrito un libro nuevo (más) y lo había publicado con un pseudónimo. Esta nueva novela había recibido buenas críticas, mejores incluso que la que había publicado con su nombre y apellido. Como nunca faltan ociosos en el mundo, algunos "estudiosos" que leyeron el libro, hicieron una comparación entre el estilo del "Cuco" y (supongo) las novelas de Harry Potter, y llegaron a la conclusión de que Rowling era la autora. Cuando se lo preguntaron, ella no lo negó...y lo demás es historia.
Cuando me enteré, hace unos meses, mi esposito y yo logramos conseguir la edición digital en inglés (aún no la habían traducido). Debo decir que aunque los primeros capítulos me parecieron interesantes, no pude terminar de leer la historia, creo que leer en la computadora me empieza a pesar (otra síntoma de mi envejecimiento).
Afortunadamente, mi esposito (tan considerado como siempre) me lo regaló para Navidad, gloriosamente traducido al español. Ordenar mi lista de libros por leer siempre es difícil, pero cuando empecé a leer "El Canto del Cuco" me atrapó.
Al principio me pareció un poco decepcionante, el detective Cormoran Strike carece de la gracia social y simpatía de otros detectives, por no decir de la agilidad y la solvencia económica. A pesar de la insistencia que se hace en el relato de que es un hombre meticuloso, ordenado, de mente ágil y metódico, uno no se lo acaba de creer porque anda por ahí lidiando con una tormentosa vida personal (que implica a una ex-novia un cacho rara) y una prótesis en la pierna.
Su "ayudante" es su secretaria temporal, Robin, una muchacha inteligente, avispada, felizmente comprometida y que siempre tuvo el secreto deseo de ser detective. Detrás de la fachada bonita, la chica tiene mucha perspicacia, inventiva, y un gran talento de actriz en circunstancias apuradas que requieren soluciones rápidas.
Estos dos se conocen en uno de esos días raros en que todas las coincidencias parecen juntarse: En medio de la debacle financiera y emocional que parecen a punto de mandar su trabajo de detective, su compromiso con su novia, e incluso sus finanzas por un tubo, aparece el cliente que podría ser la solución a todos sus problemas. Un hermano desesperado por el aparente suicidio de su hermana modelo, le pide a Cormoran Strike que re investigue el caso y que encuentre la verdad.
El caso tiene todos los visos de un suicidio: la única testigo estaba drogada con cocaína cuando sucedió el hecho, nadie más se dio cuenta de nada hasta que la modelo estuvo muerta y la pobre chica tenía desorden bipolar, estaba bajo medicación y tenía fama de inestable. Nadie más que el hermano de modelo cree que haya sido otra cosa, ni siquiera Strike. El caso avanza y salen datos, pequeñas cosas que no parecen no tener conexión entre sí, versiones contradictorias de los mismos hechos y la misma persona.
Lo cierto es que, en medio del berenjenal de la vida amorosa y emocional de Strike, las breves pero simpáticas colaboraciones de Robin, y la extraña descripción del mundo de los ricos y famosos de la moda, todo el alboroto no parece tener sentido para nadie que no sea el mismo detective. Sólo a la mitad del libro uno cae en cuenta de que, en verdad, Strike se ha dado cuenta (mucho antes que el lector) de que hay algo más de lo que parece en el caso de la modelo hecha puré en su acera. Y ni por si acaso logré llegar a deducir al culpable de entre la bola de posibles sospechosos.
Tengo algunas quejas por algunos errores en la traducción, pero en general es un libro muy disfrutable, tanto para las personas que disfrutan del género como para los que no tienen ni idea.