domingo, 26 de mayo de 2019

Pensamiento, palabra, obra y omisión

Llevo un buen tiempo sin escribir, y siento que cada vez esto se pone más trivial y ya es lo último. Hoy vengo aquí, probablemente el lugar más inseguro del mundo para ventilar mis mal llevadas emociones, pero con todo el que menos chance tiene de ser encontrado por las personas a las podría o no aludir en este post (y darse cuenta que son ellas).
El Selectivo vino y pasó, y fue tal vez una de las peores experiencias de mi vida deportiva, considerando lo que estaba en juego. Sí es cierto que tuve la mala suerte de lesionarme pocos días antes, y aunque hice tratar la lesión a tiempo, no fue lo suficiente para estar al tope de mi rendimiento. A eso súmenle mis más que obvios nervios y miedo al fracaso que suele aparecer justo cuando menos lo necesito, y fue un desastre total. Fue peor de lo podía hacer imaginado y ni siquiera la medalla de oro en equipo femenino me sirvió de consuelo. Lloré como nunca en mi vida y en público! En público, a la vista de todos los metidos en el deporte porque no era sólo el hecho de quedar atrás y no estar en la Selección para los Panamericanos con esos cupos que yo ayudé a ganar en Medellín, era sentir que había regalado mi logro por no pelear más cuando aún podía, lesión o no lesión, viento o no viento. 
De eso, ya va más de un mes, y aunque el deseo de quedarme en mi cama llorando y comiendo a turnos, y mandar a todos al demonio, consuelos y palabras huecas incluidos, ha disminuido considerablemente, aún no logro salir del hueco. Sí, hay un plan de entrenamiento y todos dicen que siempre hay una chance de que algo cambie, pero prefiero no hacerme ilusiones en vano. Admito mi culpa en todo este desmadre, pero en mis peores momentos siento la bronca contra todo el mundo, todos los que tuvieron o no algo que ver en esto, todos los que aún siguen teniendo una parte aunque sea lejana... y estoy segura que eso no es bueno.
Tal vez porque me criaron en la religión católica, en que casi todo es culpa, es que creo que, a pesar de lo que digan los psicólogos modernos, no todas las emociones son válidas, en especial si esas emociones están dirigidas a desear el mal al prójimo porque no puedo superar lo que hice mal, y lo que ellos también hicieron y hacen mal.
Quiero que la vida siga, y quisiera poder plantearme nuevas metas pero en este momento no veo cómo, no veo una forma en que todo lo que había esperado, deseado y trabajado llegue a darse de laguna manera. Soy una persona de más de 30 años que no sabe lidiar con el fracaso.
Y encima de todo eso, hay algo que me molesta más que mi propio fallo (lo que también está mal). Detesto las mentiras y los falsos consuelos, las palabras que algunas personas lanzan sólo porque sienten que deben consolarme... o las que callan porque sienten que deben "protegerme" ocultando cosas. Es ridículo y en no me hacen sentir mejor, me hacen sentir mucho, mucho, mucho peor de lo que ya me siento. Y tal vez todo esto se relaciona con dos cosas muy específicas: Fotografías y el campamento.
Parecen que no tienen sentido, pero sí lo tienen. Para rematarla, me recuerdan a una pregunta que escuché hace mucho: ¿Ocultar no es lo mismo que mentir? Para mí, sí es lo mismo. 
Hay días en que esas cosas, todas esa emociones con las que no puedo lidiar pero no quiero ventilar en voz alta porque no son buenas, se acumulan más que otros por pequeñas cositas, detalles que escucho por ahí y que veo confirmados después. Es ahí en que la frustración por mí misma se junta con el enojo a los demás y no hay por dónde sacarlos. Tengo que mantener una fachada firme y no dejar que nada de eso rebalse por ningún lado, porque no está bien desquitarse con los que no tienen culpa, y tampoco está bien desquitarse con los que sí la tienen porque negarían todo... y porque la rayada siempre termino siendo yo, y estoy harta de ese papel desde hace años, y no quiero volver a él. Ese llanto dolido, furioso y descontrolado de Santa Cruz fue el gran resbalón de la rayada que puedo llegar a ser, y es un error que no quiero volver a cometer.
Y entonces, sucede que mis pensamientos son malos y oscuros, y quisiera ser mejor persona o ser menos humana. Aunque no actúe de acuerdo a ellos, no significa que estén bien, y no siempre las palabras que se me salen son buenas, ni todo lo que callo es precisamente inocente.

martes, 2 de abril de 2019

La escalera del conocimiento

Ojalá fuera recta y fácil de trepar. Para alguien que, como yo, se sentía muy a gusto en las aulas, es triste admitir que mis tiempos de estudiante pasaron a mejor vida, o al menos mi paciencia para sobrellevar la vida de estudiante con gracia están en un lugar mejor.
Hace menos de dos semanas, nos llegó al correo de la Asociación una invitación para un curso de Monitores de Tiro con Arco que, en el escalafón del conocimiento y la preparación, están debajo de los Entrenadores de Nivel 1 y levemente encima de un arquero mínimamente independiente (o sea, casi todos los miembros de mi club). Considerando que, como siempre se dice en nuestros pagos, el cartón de certificado es lo que sirve, y que a la larga mi plan es pasarme a entrenadora cuando sea obvio que ya no estoy para competencias (o sea, en unos 20 años, calculo), este curso no era una oportunidad para desperdiciar... ni siquiera sabiendo quién daría el curso y conociendo a esa persona como la conozco.
Quisiera decir que el curso acelerado de cuatro días fue sencillo y agradable de seguir. Quisiera, en serio. Lastimosamente, el conocimiento, incluso aquel sobre el que tienes ideas bastante claras (a pesar de todos los posibles errores conceptuales que se podría esperar de alguien prácticamente empírico), es larga y retorcida. Muy retorcida. Imagínense que hasta aprendí de caballos y ciclismo de pista, que aunque sean deportes, no tienen mucho que ver con el mío. Cosas de la vida.
La pena de que mi capacidad de sentarme quieta en un aula y los entresijos y desvíos de la escalera del conocimiento se hayan encontrado es, obviamente, la pérdida casi completa de mi paciencia y mi absoluto desprecio por varios personajes que adornan el tiro con arco en Bolivia. Gracias a Dios, no compiten en mi categoría o me vería seriamente tentada a ponerles zancadilla de camino a recoger flechas.
Eso sí, el camino recorrido entre amigos, metafórica y físicamente, es el mejor. O que nos lo digan a los del Vico Móvil y los cantos del ruiseñor.

lunes, 11 de febrero de 2019

Nuevamente, la poke-cacería

En agosto (o fue julio, tal vez) de 2016, se habilitó Pokémon GO en Bolivia. Obvio, en los primeros meses, todo mundo jugaba y andaban como zombies con la cabeza metida en sus celulares. Con el tiempo, el grupo de los jugadores se redujo bastante pero quedó gente de lo más interesante.
Lastimosamente, siempre están los que hacen trampa y juegan con fly y resulta un problema cuando se trata de bajar un gimnasio, pero da una ligera ventaja cuando se trata de entrar a incursiones entre 5 en una plazuela vacía y ver que hay gente en combate en el gimnasio... En fin.
Desde hace un tiempo, entre los arqueros, de ser una de las tres que seguía jugando religiosamente, re aparecieron muchos en el vicio y ahora tenemos un grupito más agregados que salimos a pokemonear tratando de atrapar al pokémon legendario de turno en las incursiones. Caminamos como judío y evitamos llamadas de amigos y familiares en medio de los combates, y encima reímos como locos cada vez que a alguien se le escapa el bicho. Para rematarla, siempre acabamos comiendo algo por ahí y recuperando todas las calorías que quemamos en caminar.
Eso sí, me duelen mucho las piernas por las caminadas.

viernes, 8 de febrero de 2019

Y se me pasó el Año Nuevo...

Cada vez es más complicado mantener este blog. Realmente, historias no me faltan, cada día pasan cosas raras y vivir la agitada vida de una deportista es de lo más interesante... y la vez no. Mucho trabajo, mucho sacrificio y cero paga. La misma historia de todos.
De todas formas, esto va a que hace unos días mi laptop se suicidó de un solo saque. Aunque había dado señales previas de que su vida se agotaba, no pensamos que fuera realmente serio. Había el plan de ahorrar para comprar otra laptop, hacer un respaldo de los datos guardados y todas las precauciones que se toman cuando algo electrónico está por morir... pero como el momento no llegaba, simplemente no le dimos más importancia, hasta que realmente se reinició y el disco duro no arrancó más.
No sabemos exactamente qué pasó ahí dentro. Hay un leve olor a quemado, pero no tenemos manera de saber cuál fue la falla precisa que mandó todo por la borda. Como siempre, después de las lamentaciones de rigor, y echar cuentas sobre cuántos años tenía la difunta (unos 8, según mis cálculos), el siguiente paso era pensar en reemplazarla con algo más reciente, más resistente y que estuviera dentro de nuestras posibilidades económicas y los otros gastos que hay que hacer (más flechas...).
Resultado: Estamos en presencia de... mmm... la nueva laptop innominada de Meli. Largo tiempo dure.

jueves, 15 de noviembre de 2018

El mundo de las explicaciones extrañas (SPOILERS)

Juro que traté de hacer esta entrada sin contar mucho, en serio, pero hay tantas cosas que no me acabaron de cuadrar que no pude resistirme. Los que todavía no hayan ido a ver "Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald", no lean esto. En serio. 
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Un nuevo año, un nuevo evento para el Club HP. Hace bastante tiempo que no nos metíamos en estos alborotos. El estreno anterior, el cine con el que queríamos trabajar, básicamente, nos hizo una propuesta tan miserable (así es Cine Center, hablo de ti) así que preferimos ver la peli como todos los mortales. Para este estreno, ya hay nuevo cine en la ciudad y pues les hicimos un trato: entradas por evento. Buen trato para todos.


No es que no haya disfrutado la película. Al menos una buena parte, sí la disfruté. Si se tata de Rowling, soy una persona muy parcial y estoy dispuesta a confiar en su criterio e imaginación casi siempre. Pero (siempre hay un pero), hay cosas que, como buena fan/nerd me es difícil dejar de lado.
La historia comienza en 1927. El MACUSA va a mandar de vuelta a Grindelwald a Europa para que responda por sus crímenes, y obviamente todo sale mal (o no tendríamos película). Grindelwald, como todo villano que se respete, desea dos cosas: poder, en la forma de Credence (que, damas y caballeros, no estaba muerto), y estilo, en la forma de una mansión en París.
Newt, mientras tanto, sigue con sus amigos animales mágicos, convenientemente guardados en su maleta o su sótano (gran sótano, por cierto), y esquivando al Ministerio de Magia británico y/o a su hermano Theseus y su novia que era su amiga en Hogwarts, Leta Lestrange (les suena el apellido, seguro). En ese alboroto, sólo falta saber dónde están las hermanas Goldstein y nuestro muggle favorito: Tina está en París (qué coincidencia) y Queenie aparece con una Jacob con pinta de drogado /hechizado en la puerta de Newt.
Hasta ahí, todo va bastante coherente. Después, Credence escapa con Nagini (seguro que ya saben del lío de la maledictus), Tina conoce a un señor sospechoso en París, Queenie deja a Jacob después de Newt lo desembruja, y todos se van a París. Ya tenemos a todos los interesantes en la ciudad luz, y es momento de que se suelte el caos. 
Para empezar, la personalidad de Queenie se fue al cuerno en algún momento entre las dos pelis. Donde habíamos visto una mujer dulce e inocente, pero con una buena dosis de fuerza interior, ahora tenemos una mujer que más que dulce e inocente parece una niña caprichosa. Newt se pierde un poco en su propia película, y el protagonismo se lo lleva la historia de Credence (que no necesariamente él), Leta Lestrange, el pasado de Dumbledore y los planes de Grindelwald. Asumamos que eso se debe al título de la peli, pero incluso así esperaba más criaturas fantásticas y menos Jhonny Depp. 
Por cierto, Depp quedó bastante convincente como Grindelwald y los de casting tuvieron el buen detalle de buscar al muchacho que lo interpretaba de joven. En general, las actuaciones son buenas, los efectos impecables, y la estética es muy cuidada. Pero  es cuando se trata de rellenar la historia cuando las cosas se ponen complicadas.
Entre enterarnos del turbio pasado de los Lestrange (bien turbio), y el de Leta específicamente, nos muestran detalles que se notan que están hechos para tentar a los fans: un vistazo de la Piedra Filosofal en la casa de Nicolas Flamel, un regreso a Hogwarts y, damas y caballeros, una Profesora McGonagall. La cosa es que es imposible que sea la profesora McGonagall que todos conocimos, las fechas no encajan por ninguna parte. Dumbledore aparece como Profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, lo que estaría muy bien si no fuera porque él enseñaba Transformaciones. Incluso si resulta que esa Profesora McGonagall es Minerva, significaría que Dumbledore es todavía Jefe del Departamento de Transformaciones o ya es Director de Hogwarts. En fin, que algo no encaja ahí.
A medida que avanza la historia, el drama de Queenie y los planes de Grindelwald avanzan hasta llegar al "catastrófico" final: Queenie deja a su mugle para irse con Grindelwald... que le promete ser libre para poder estar con su muggle (que por cierto, no quiere ir con ella siguiendo al fascista mágico). ¿Un buen motivo? No lo creo.
Y para acabar de matarnos a todos, la gran revelación (y no hablo del pacto de sangre entre Dumbledore y Grindelwald que hace que no puedan atarcarse uno al otro... lo que genera un gran hueco en la historia de la muerte de Ariana Dumbledore, si me preguntan). La gran revelación es que Credence es (chan chan chaaaaan) un Dumbledore. Por dónde, ni idea. ¿Primo lejano? ¿Primo cercano? ¿Hermano (¿mal doblaje?)? Hay mucha tela para cortar con muchas explicaciones jaladas de los pelos, y realmente espero que Rowling dé una explicación coherente a todos esos desmanes porque de otra manera toda la historia se cae solita por su propio peso (en incoherencias temporales, claro).
Y con eso ya les conté toda la trama. De veras, siempre evito hacerlo (excepto con las cosas muy obvias), pero esta vez no podía evitar quejarme. Aún le doy algo de beneficio de duda a Rowling, pero eso puede cambiar en base a lo que aclare, no creo ser la única que haya notado esas cosas (es más, casi todo el Club aquí lo hizo. Nos pasamos la mañana tratando de despertar a fuerza de debatir por chat sobre los méritos de la peli). ¿Qué pasará? ¿Qué misterio habrá? Fue una gran noche, pero no lograré dormir con todas esas cosas dando vueltas.

viernes, 19 de octubre de 2018

Inspiraciones y Referencias

Debo ser honesta en un aspecto de uno de mis múltiples vicios: Sí, me encanta leer, pero odio los libros de teoría y relacionados. Muy rara vez he logrado terminar un libro de teoría de lo que sea, y cuando lo hice fue por pura terquedad o porque realmente necesitaba terminar de leerlo. La teoría es árida y los escritores de teoría no saben hacerla interesante. Puedo ser una geek rata de biblioteca, pero jamás seré una académica (al parecer).
Por supuesto, existen las excepciones a toda regla. Si les dijera que acabo de terminar una muy sesuda monografía que analiza el trabajo de un director de cine, sonaría a que contradigo todo el párrafo anterior. Pero si les aclaro que la monografía en cuestión analiza la obra de Hayao Miyazaki, el mero mero de Studio Ghibli, cambia la cosa, ¿verdad?
¿Cómo terminé con una monografía que no me pagaran por revisar? Sencillo, mi esposito, que me sabe todos mis vicios (y si no sabe, se los inventa), me trajo "El mundo invisible de Haya Miyazaki" de su viaje a Buenos Aires. De entrada, el diseño del libro es precioso, con un montón de dibujitos (sí, ya sé, sueno a niña de 5 años), pero si vas a hablar de manga y anime, mínimo pones dibujitos.
Básicamente, el libro es un análisis de todas las influencias y referencias que se pueden encontrar en el trabajo de Miyazaki, incluidos sus largometrajes, sus cortometrajes y sus obras publicadas (el hombre es un capo, por cierto), desde sus inicios en Toei hasta el estreno de "Ponyo en el acantilado" (o sea, hasta hace relativamente poco). Miyazaki tiene un estilo bien definido y una forma de trabajo con la que se maneja Studio ghibli, con la que muchos otros directores no están de acuerdo, pero que definitivamente le funciona. La parte mala, las producciones del Studio dependen casi totalmente de él.
Aparte de su "modus operandi", Miyazaki tiene ideas claras de lo que quiere plasmar con sus historias, un propósito definido por una filosofía personal pero que le debe mucho a sus fuentes de inspiración y a sus pasiones (como volar, algo que es muy claro en casi todas sus películas). Si bien toma mucho de fuentes extranjeras, le debe aún más a la cultura japonesa, a su religión y sus mitos antiguos. Y a pesar de que se nota que sus producciones, incluso las que toman más de fuentes externas, están muy ligadas a Japón, son entendibles para públicos no japoneses porque sus mensajes principales son muy universales.
Obviamente, el análisis que presenta el libro es mucho más profundo, muy bien documentado y lleno de ejemplos de las mismas obras que se analizan. Incluso si no se recuerdan todos los detalles de las películas, se puede seguir fácilmente todo el análisis. Y como es un tema interesante (para mí, al menos) no se vuelve una lectura pesada. 
Vale la pena armarse de paciencia y salir de la idea de que los libros académicos son del diablo (que lo son, pero este no) y darle una mirada a este trabajo. De veras.

jueves, 4 de octubre de 2018

Vicios de toda la vida

Cada año se repite esta entrada en algún momento (si no es en dos momentos), y es que hay impulsos que son más fuertes que la voluntad de cualquiera en esta casa (y eso incluye a los perros). A estas alturas de octubre (y habiendo ignorado olímpicamente todo lo que pasó y dejó de pasar en septiembre), lo habitual es la Feria del Libro en Cochabamba.
Como siempre, procuramos ir el primer día a comprar los libros que después no encontraremos y decidir los que pueden esperar a las rebajas del último día, y ver de paso quiénes serán los afortunados que reciban libros por Navidad. Hasta ahí, todo normal como siempre, si no fuera porque hace dos semanas nos pusimos a ordenar un poco el desorden de la casa. 
En un intento por despejar la mesa del comedor de todas las cosas que siempre acabamos poniendo encima, tratamos de distribuir los libros apilados en los pocos espacios disponibles en la estantería (o sea, tratar de apretujarlos lo más posible sin hacer que el librero acabe derrumbándose por el peso). Lastimosamente, la realidad es que ya no hay espacio y los libros se nos apilan en todas partes: en la mesa del comedor, la de la salita, el piso del escritorio, mi velador... Ustedes digan una superficie horizontal cualquiera, y es probable que tengamos algunos libros acumulados ahí. 
Viendo las cosas así, nos dijimos que, siendo las circunstancias lo que son, este año evitaríamos comprar más libros en la Feria del libro... a no ser que fuera algún libro raro rarísimo. Nada de compras hasta conseguir estanterías. ¿Hecho? Hecho.
Y... primer día de la Feria del libro, y acabamos volviendo con cinco libros nuevos a casa, cuatro de ellos para nosotros, además del propósito de hacer una lista clara de qué libros tenemos y no comprar repetidos (aunque eso no impidió que tuviéramos tres ediciones de "El Hobbit", dos de "El Silmarillion", varias de Harry Potter diferenciadas por el idioma... y así podemos seguir).
Me pregunto si terminaremos como una pareja de acumuladores de libros que vi una vez en televisión: pilas de libros del suelo al techo y tapando los pasillos... No creo que ese sea un destino despreciable.

miércoles, 29 de agosto de 2018

El cuento de Medellín

Como siempre, cuando empiezo a contar mis historias aquí ya son cosa del pasado relativamente lejano (lejano considerando la velocidad a la que la información pasa y cambia hoy en día). Como se ha vuelto común en estos últimos años en mi blog, aunque me pasan cosas cada vez más interesantes, cada vez tengo menos tiempo o ánimo de compartirlas. Una lástima, mis historias son mejores que cuando empecé con esto.
¿Por dónde empezar mi cuento en Medellín? Obviamente, por Cochabamba. Al terminar los Juegos Suramericanos, sabíamos todos los de la Selección de la posibilidad de ir al Campeonato Panamericano de Tiro con Arco en, justamente, Medellín, en (adivinen) agosto. La Federación, muy cordialmente, nos informó que cada uno tendría que cubrir sus propios gastos si quería ir, unos 1200 $Us en el mejor de los casos.
Lo interesante del caso era que para ir a ese Campeonato había que clasificar con puntaje... y a los bolivianos nos invitaron de buenas gentes, porque estaba visto que como no teníamos mucha experiencia en competencias internacionales, necesitábamos roce y salir de nuestros límites cómodos de competencia. En cualquier caso, aparte del gasto, se trataba de toda una oportunidad... una que daba mucho miedo.
Después de semanas de debate, interior y exterior, decidimos ir los valientes de siempre de Cochabamba. Fue toda una aventura en varios niveles.
Aparte de que era la primera vez que salía al exterior de viaje sola (y técnicamente a cargo de las criaturitas), estaba el detalle de que era nuestra primera competencia seria afuera (los Suramericanos no cuentan, era nuestra cancha y todo eso). A eso, súmenle la presión de hacer un papel decente aunque, técnicamente, nadie te lo exija porque todos sabían que era un viaje para ganar experiencia compitiendo afuera más que para lograr algo real.
Y vino el primer día: Clasificación. Empecé una maravilla. No increíble, o disparando puros amarillos como las demás, pero con buenos disparos y sintiéndome cómoda con lo que hacía. Y eso duró exactamente dos andanadas. Por algún motivo que aún no logro descifrar del todo pero que sospecho se debió al mal estado de mis flechas (varios golpes contra el ladrillo no ayudan a la estabilidad y buen estado del carbono, para que lo vayan sabiendo), y a los nervios de ver que varias caían al piso sin razón aparente. Pánico es poco para describir lo que sentía ese rato. Vergüenza se le acerca bastante. Ira medio disimulada también. Me dio mucha bronca ver que pude haber hecho un mejor puntaje si no fuera porque mis flechas decidieron caer una tras otra al césped, sin importar lo que hiciera o dejara de hacer, y pensar que acabaría entre las últimas sin merecerlo del todo. 
Gracias a Dios por las compañeras de equipo pacientes y los encendedores de bolsillo. Esa tarde, antes de irnos de paseo por la vida (como todas las tardes que estuvimos en Medellín), sacamos todas las puntas de mis flechas, revisamos una por una las que estaban con rajaduras o marcas raras, y volvimos a pegar las puntas buenas en las flechas que no  estaban tan jodidas. El plan para el siguiente día de competición: No ser yo la que hunda al equipo femenino.
Aquí hay que hacer una nota importante: Hasta el día previo a la clasificación, no había recordado (o no me había enterado, no recuerdo bien) que en el Campeonato Panamericano, se jugaban las primeras plazas de clasificación individual y en equipos a Lima 2019, que es también clasificatorio para Tokio 2020. Nos habían dicho que sólo habían 6 cupos para equipos, 3 femeninos y 3 masculinos. Aparte de eso, habían cupos individuales para los que no quedaran en los equipos el tercer día de competición (es todo un jaleo, no pidan que explique).
Segundo día de competición: Eliminatorias en Equipos. Por mi espantoso puntaje en la clasificación del día anterior (que sigo creyendo culpa de mis flechas), habíamos entrado de últimas en la tabla, y contando los byes disponibles y la distribución de las llaves, nos tocaba ir contra Cuba en 8vos de final. Llegamos temprano al campo para aprovechar el campo de prácticas y no entrar frías y sin calibrar a la competencia. Los chicos entraron primero y las chicas nos quedamos entrenando un buen rato más. 
Cuando fueron a buscarnos, los chicos ya estaban eliminados (les tocó contra Colombia de entrada, feo) y faltaban todavía dos rondas para terminar con los equipos masculinos. Tuvimos dos rondas de práctica ya en los parapetos oficiales, y alcanzamos a ver que las chicas de Cuba disparaban... igual que nosotras. Tal vez eso nos envalentonó, pero nos convencimos unas a otras que si metíamos todo dentro del rojo, podíamos pasar a la siguiente etapa. Obviamente, más fácil decirlo que hacerlo, aunque he de admitir que lo que mejor nos funcionó fue la dinámica que establecimos casi automáticamente como equipo. Aunque nos había tocado competir en equipo con una o con otra, nunca habíamos estado las tres en el mismo equipo al mismo tiempo, y aún así fluimos bastante bien juntas. Llegamos a flecha de oro, ante el asombro de las cubanas (y todo el resto del mundo) y ganamos al final. Para nosotras, era como haber ganado el mundo.
Brasil era nuestro siguiente oponente, y ya las habíamos visto disparar en los Suramericanos. Nos achicamos, pero seguimos dando pelea y nos fuimos 6 - 2. Nuestra filosofía de "nadie nos quita lo bailado" nos mantuvo con el ánimo arriba, y nos fuimos a desarmar equipos en paz con el resultado, y fue cuando empezaron los rumores de clasificación. No nos lo creímos al principio, se supone que eran sólo tres puestos, y eso lo habíamos entendido bien claro. Y nos lo confirmaron: nadie, menos nosotras, creía que podíamos lograr algo, habíamos ido a aprender a competir por roce, y conseguíamos una clasificación por esos 2 puntos que conseguimos contra Brasil, y por dejar a Cuba de camino.
Después de eso, la competición pasó como un borrón, con sus altos y sus bajos, disparando o apoyando a los chicos, aprendiendo siempre. Empezaron a llover los mensajes de whatsapp, las notificaciones de facebook, las llamadas a casa para avisar las buenas noticias. 
Conseguir la clasificación para Lima no significa que iremos las que conseguimos el cupo. En un mundo ideal, sería así, pero eso no sucede en los deportes. Bolivia va, no nosotras como personas individuales, y sabemos que todas estarán ahora dispuestas a saltar sobre los cupos al menos descuido. Eso significa que tendremos que seguir trabajando, más que hasta ahora, para ser nosotras las que vayan. Hay mucho camino aún por delante, pero, nuevamente "nadie nos quita lo bailado".

sábado, 7 de julio de 2018

La peli frente al libro: Ready player one

Estaba segura, segurísima, que había escrito una muy aguda entrada sobre "Ready Player One" cuando fuimos a verla al cine hace unos meses (la verdad, no logro recordar en qué mes, asumo que abril), pero resulta que no. Dado que es obvio que ya ni en mi memoria puedo confiar (no es que le tuviera mucha confianza, pero esto ya es el colmo), y que hace unos días terminé de leer el libro (dos días, damas y caballeros), tendré que hacer las dos entradas en una.


Mi amigo/entrenador Jorgito fue el primero en mostrarme el trailer de la peli. Me sorprendió la cantidad de referencias y cosas de cultura pop que aparecían. De hecho, paramos el video en una escena para contar cuántas cosas reconocíamos y perdimos la cuenta. Obviamente que iba a ir al cine a verla, si podía ser en 3D, mejor todavía.
Si el trailer prometía mucho, la peli cumplía todas esas expectativas. Más allá de las animaciones y logrados efectos especiales (o sea, cerca de la mitad de la peli), la trama estaba muy planteada y resultaba convincente. La historia sucede en el año 2045 (no muy lejos de ahora, si la piensan), la Tierra es un desastre y Wade Watts (bautizado por su padre fan de los cómics y muerto), pasa su vida en las Torres, un montón de casas rodantes apiladas una sobre otra (una favela con estilo del primer mundo). Como todos los adolescentes de su época, y toda la gente del mundo, en general, Wade se pasa la vida metido en el OASIS, un juego masivo de rol en línea que además usa realidad virtual y que requiere que los usuarios requieran visores y guantes hápticos. O sea, que ven y sienten (de acuerdo a la calidad de sus dispositivos de acceso) el juego. Al diablo la realidad, está bastante jodida, y todos prefieren quedarse en el juego.
El creador de OASIS, Halliday, un geek fanático de los '80 (su infancia y adolescencia), al morir ocultó una Huevo de Pascua, accesible sólo tras resolver una serie de enrevesados acertijos relacionados con las obsesiones de Halliday. El que llegue primero, será el heredero de los millones de Halliday además del tener control total sobre el juego. Obviamente, todos se lanzan tras el gran premio, pero el creador resultó ser más listo atravesado que todos y cinco años después del lanzamiento del Huevo de Pascua, nadie ha logrado absolutamente nada. 
Wade, con su avatar Parzival, es un cazador del Huevo de Pascua, pero su falta de cŕeditos en el juego lo limita a quedarse bastante atascado en su búsqueda, aunque (obviamente, porque es el héroe), ha jugado todos los juegos clásicos, visto todas las películas, y las series televisivas, además haber escuchado toda la música, detallados en el "Almanaque de Anorak", que es el diario de Halliday, pero sin fechas de ningún tipo. De pronto, un día como cualquier día, descifra la primera pista casi por casualidad. Resulta que tiene razón y consigue la primera llave de las tres necesarias para llegar al final del camino.
Y es ahí donde entran los malos. Una compañía internacional, IOI, tiene mucho, muchísimo interés en encontrar el Huevo, por el dinero y por el control de OASIS, al que piensan quitarle su carácter casi gratuito, llenarlo de publicidad y convertirlo en un bien de lujo más, accesible sólo a aquellos que puedan pagarlo. Como toda empresa maléfica que se respete, tiene un gerente malvado y un ejército de lacayos que entran al juego con avatares genéricos, y con número (que siempre empieza en 6) en lugar de un nombre, los Sixers encargados de buscar el Huevo para IOI y arruinar el juego para siempre. Toda la generación de Wade se opone a esto porque el OASIS es casi la única realidad que conocen.
Y... ya que nos alargamos mucho en las preliminares, de ahí en adelante, la vida de Wade se desmadra, IOI intenta matarlo activamente, a él y a sus amigos virtuales (jamás los vio en la vida real), mientas todos corren tras las llaves y los acertijos tratando de ser el primero en llegar al Huevo y conseguir el gran premio.
Como es de esperarse, el libro y la película tienen la misma premisa. El libro (igual que yo y mi eterna presentación de la trama) es muchísimo más detallado y descriptivo de la situación social, los personajes, y muchísimos detalles que la película. Los personajes son los mismos, los héroes y los villanos, aunque con algunas ligeras diferencias en sus relaciones. 
Es en el desarrollo de la historia cuando el libro y la versión cinematográfica se empiezan a apartar. Las llaves y las puertas están en lugares muy distintos, mientras que en el libro es mucho más descriptivo y tiene muchas referencias a los '80, la peli, aunque se basa en tb en referencias, va mucho más a la acción y a  los aspectos visuales, sin dejar la historia de lado. Sólo es otra forma de presentarla.
En el libro, Wade es un absoluto geek de los '80. Se ha leído el "Almanaque de Anorak" varias veces, además de saberse todos los juegos, películas, series, música, TODO lo que obsesionaba a Halliday, además de ser un chico que maneja la tecnología con muchísima soltura. Tiene una respuesta para todo, se las sabe todas... tanto que es hasta cargoso que realmente se las sepa todas, sólo necesitaba tropezar con las pistas para descifrarlas, básicamente. 
Mientras que la película resuelve la historia en unas pocas semanas, como mucho, el libro tarda varios meses en hacer que los héroes lleguen a su destino y los malos reciban su merecido. El ritmo es más lento, tanto que al principio uno tarda un poco en engancharse a la historia. A eso le aumentan que el héroes en medio nabo con todos sus conocimientos de geek, y el final llega como un... ok, ¿eso fue todo?
Aunque ambos, libro y película, son muy disfrutables, creo que sólo por esta vez, disfrutaré un poco más de la película. No quiere decir que el libro sea malo, sólo que entre tanta vuelta y descripción de absolutamente todo, y qué capo es Wade, una se queda con sabor a poco al final. Pero cada quién juzgue.

miércoles, 20 de junio de 2018

Los Juegos

Había pensado escribir esto nada más llegando a mi casa de regreso de la Villa Suramericana, pero... lo de siempre. Soy muy floja, muy volada, y la distancia empieza a ponerme la cabeza fría y bajarme los ánimos.
Hay muchas cosas que podría contar sobre esa semana y media de locura que fueron los Juegos Suramericanos para mí, desde el momento de la inauguración hasta la tarde en que salimos de la Villa, pero creo que ninguna le haría justicia y por andar en detalles perdería mucho tiempo (suyo y mío).
La Inauguración fue... rara, por decirlo de alguna manera. Fue interesante y emocionante estar del lado de los deportistas y no del público. Creo que fuimos los primeros de Bolivia en entrar al stadium antes de que empezara el show y la gente en las filas nos aplaudía al pasar. Si eso no es emocionante, no sé qué pueda serlo. De ahí, la cosa se puso un poco pesada, alargaron mucho los bailes y para cuando llegó la hora de encender el pebetero, la mayoría de las delegaciones se habían ido de regreso a la Villa porque tenían sus competiciones al día siguiente.
La estadía en la Villa fue toda una aventura. Buen lugar, comida mala, mucha gente rara dando vueltas por todas partes. Mínimo nos encontrábamos con los colombianos al bajar en el ascensor, fuera la hora que fuera. Había un trafico de pines de los países de los más loco, y los más codiciados eran de los países que trajeron pocos atletas.
Conocimos mucha gente interesante, y me tocó casi pelearme con una de las arqueras colombianas por motivos de lo más bobos y que no eran culpa de nadie más que del piso (en serio). Nos destrozaron en la competición, al menos a la mayoría de nosotros, pero aún así la pasamos bien. la mal tiempo, al menos ponerle buena cara para que los demás no crean que te están apaleando de verdad.
A decir verdad, y sin exagerar, cada segundo fue una experiencia, desde despertarse a 5:30, con todo oscuro afuera, para alistarse y llegar al desayuno a las 6:00 y al bus a las 7:00 para ir al lugar de competición, hasta las torneos de cartas con todo mundo metido en mi cuarto porque parece que mi destino es que todos se crean con el derecho de botarse en mi cama siempre que hay un campeonato. 
Fue aterrador pero ilustrativo darse cuenta de que ser buena en Bolivia no significa que serás buena también afuera. El nivel de competición era de otro planeta y si nos ganaron de entrada fue porque nos dio miedo. Pero eso es parte de la vida en el deporte y no queda otra que seguir, tratar de alcanzar ese nivel y meterle ganas.
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Había pensado hacer una especie de trilogía sobre todo lo que pasó en los Juegos, pero como es evidente que no la haré, les dejo los títulos, a ver qué idea sacan.
- Meli en la Tierra de la Gente muy muy Alta o Bastante Bajita
- Meli en el único lugar en que se come mal en todo Cochabamba
- Meli y su espectacular pelea internacional

miércoles, 9 de mayo de 2018

Fe en el correo ¿restaurada?

Lo sé, vivo perdida últimamente, más que en todos los años anteriores de este blog combinados. Es más, acabo de hacerme decir con mi pequeña amiga Vicky que desde que clasifiqué a los Juegos ya no parezco yo, que ando con problemas con los que no creía que pudiera andar... Se me hace que me dijo que estoy vieja, pero no tengo pruebas.
Uno de mis recientes "problemas de vieja" es que no hay servicio de correos en Bolivia desde marzo ,exactamente, desde el 1 de marzo, damas y caballeros, el fatídico día en que las oficinas de la ECOBOL amanecieron con resguardo policial y un anuncio en las puertas que decía que el Gobierno daba por cerrada la empresa, que se liquidaría lo que se les debía a todos los trabajadores además sus finiquitos y demás, y que los paquetes que estaban para entregar... bueno, esos irían saliendo de a poquito (bien poquito).
La huevada, y no creo que nosotros seamos el único caso, es que mi esposito tenía (y aún tiene) tres paquetes que ya debían llegar y ahora están perdidos en el mar de la burocracia y la lentitud del funcionamiento de lo que queda de Correos. La otra huevada es que justo ese día iba a hacer un pedido de equipo deportivo que necesitaba para el Campeonato Nacional. Con el Correo cerrado y la incertidumbre de cuándo abriría, no me animé a hacerlo y me lancé al nacional con lo que tenía (que no estaba mal todavía, pero ya está medio para el perro). No fue tan terrible, pero una vez clasificada, se hizo evidente que necesitaba una renovación de algunas cosas de mi equipo.
Siendo así la cosa, hice un pedido de varias cosillas poco antes de mediados de abril, calculando que aunque el correo estuviera entregando paquetes a media máquina, con algo de suerte aún llegaría.
Lo grave del asunto fue que 1) Se hizo evidente que necesitaba renovar urgentemente mis flechas, y aunque ya tengo las varas, no sirven de nada si no tengo las plumas y los nocks, 2) Los paquetes de mi esposo siguen perdidos en algún lugar Dios sabe dónde, 3) Los juegos están a la vuelta de la esquina y yo sigo sin usar las malditas flechas nuevas, y 4) No hay nadie en la Selección que a) tenga plumas o nocks de sobra y 2) le tenga suficiente confianza para pedirle que me venda lo que le sobra.
Estaba a punto de ponerme a llorar (y planeando a quién podría llorarle) cuando, milagrosamente, me llamaron de Correos cuando salía del entrenamiento. ¡Sorpresa! Mi paquete llegó, no sé en qué estado, pero llegó. 
Así que, momentáneamente, tengo esperanzas de poder usar flechas nuevas pronto, mejorar mis puntajes, y esperar a que los paquetes de mi esposito aparezcan mágicamente.

domingo, 29 de abril de 2018

Las complicadas guerras heróicas

Sí, lo sé, me volví a perder un montón de tiempo. En mi defensa, he estado entrenando hasta que sacarme más callos en las manos de los que ya tenía, y quemando calorías en un ritmo que ya comienza a asustarme (trago como fiera hambrienta, a todas horas y ni así logro moverme de mi peso actual). Como suelen decirme mis compañeritos de entrenamiento, #NoExcuses, pero la realidad no es una ninguna excusa (creo). De todas formas, tengo mis altibajos. ayer volví de entrenar al borde de las lágrimas, y hoy salí tan contenta como para irme por un helado de premio.
Pero, haciendo una pausa a mi ajetreada vida de deportista, y a modo de ser buenos anfitriones con una amiga que llegó a entrenar también, nos lanzamos al cine a ver la gran sensación de los últimos días: Infinity Wars.




Soy de las que odia los spoilers, así que trataré de no hacerlos (pero la cosa está bien complicada, en serio). Después de 10 años (desde que salió la primera película de Iron Man), al fin todas las historias se van entrelazando y se cruzan. Es fácil deducir eso por el trailer, y además es muy de esperarse que nuestros héroes, antihéroes y demás gente que amamos del universo Marvel caerán como cucarachas ante Thanos. Ya la cosa se cocía a fuego lento desde hace rato y lo mínimo que podía ser esta historia es épica. ¿Es épica? Vaya que sí ¿Es un poco larga (o la sentí así)? También, pero se lo perdonamos porque no creo que hubiera otra forma de contar todo ese berenjenal de historias de otra forma, al menos no en una sola peli.
Por un lado, tenemos a los Avengers donde los dejamos después de Guerra Civil (y su pelea de parqueo), a los Guardianes de la Galaxia haciendo lo que mejor saben hacer (vueltear por la galaxia, a parecer), a Thor y compañía también dando vueltas por la galaxia, a Spider-man son su vida de adolescente y a Pantera Negra en Wakanda. Es mucha gente para meterla en un solo saco y resultar coherente, y lo bueno es que la historia que nos presentan resulta bastante coherente. 
Tal vez su mejor logro es hacer que Thanos no sea un villano unidimensional, de esos que son malos porque son malos y listo. Todo villano, igual que los héroes, tienen sus historias por detrás, y aunque cuestionemos (o no...otro logro de la historia) los motivos, razones y lógica detrás de la búsqueda de Thanos por las Gemas del infinto y eventualmente cargarse a medio universo (literalmente), no resultan trillados.
A fin de evitarme saber toda la lista de posibles muertos en la película, estuve 4 días entrando al facebook lo mínimo indispensable y sólo para ver las notificaciones. No les voy a arruinar la trama (a los pcos que me leen), pero vayan haciéndose a la idea de que si bien no hay sangre por ahí y por allá, sí que hay muertes y drama a patadas. No den a nadie por muerto hasta que vean el cadáver, y no crean que tal o cual sobrevive sólo porque sí. 
En todo lo larga que me pareció, Infinity Wars tiene una buena combinación de los clásicos chistes simpáticos de Marvel y el drama justo y necesario para hacer sufrir al público. Todo se arma hacia el cruel final que todos sabíamos que venía, con giros que no son tan predecibles como para hacer que la historia caiga en lo obvio.
Finalmente, ¿quieren un spoiler? La cosa aún no termina. Sufran.

miércoles, 11 de abril de 2018

Febrero poco, marzo loco... ¿abril?

Febrero fue un mes relativamente tranquilo, no me quejo. Dentro de todo, me parecía que tenía cierto control sobre las cosas que pasaban... hasta que empezó marzo. 
Marzo fue el mes del caos, del desorden, de todos caen enfermos, de no para de llover... una locura total. Que el campeonato más importante de mi vida (hasta ahora) fuera a final de mes y que entre todo lo anterior no tuviera tiempo para entrenar como para otros campeonatos, no ayudó para nada.
Resumen, llegué al campeonato sin sentirme del todo preparada y con ganas de que simplemente terminara para poder dormir un día o dos, que falta me estaba haciendo. Por suerte (porque la suerte tuvo mucho que ver con todo esto) quedé dentro de la Selección Nacional de Tiro con Arco. Así es, damas y caballeros, fieles lectores y recién llegados, aunque raspando logré clasificar y eso nadie me lo quita.
Obviamente, eso viene con más estrés y trabajo del que tenía antes del campeonato, y con más gastos de los que teníamos (aunque no sean del todo sorpresivos), en especial por la regla de la convocatoria de llevar todo el equipo en un case rígido con llave. Adivinen cuánto cuesta una de esas cosas...
En fin, ahora sólo queda entrenar y esperar a que el Comité Olímpico no nos haga de las suyas (como suele pasar)y acabe recortando lugares en nuestra selección para dárselos a cualquier otro deporte con "más trayectoria en nuestro país". 

jueves, 8 de febrero de 2018

Nada pasa sólo porque sí

La temporada de lluvias ya debería estar en lo último, y probablemente así sería si las estaciones y todo fueran...bueno, como solían serlo, supongo. Sin embargo, al parecer los fenómenos climatológicos están en contra nuestra (La Niña, le dicen), y desde mediados de enero casi no ha parado de llover. 
En general, y después de la sequía de los últimos años, no suelo quejarme de que llueva, y la verdad es que el exceso de lluvia es la mitad del problema. ¿Qué sucede? Hace una semana, Tupiza (al sur de Potosí) tuvo una de las peores inundaciones de la vida, la riada fue tan feroz que dobló la vías del tren, y la gente salió nadando de sus casas.
Eso está lejos, me dirán. Es cierto, lo está, pero Vinto no está tan lejos, unas cuantas horas manejando (y eso, debe ser menos) de la ciudad de Cochabamba. En Vinto, el río Rocha se desbordó, desviado al parecer por unos arreglos o no sé qué que se estaban haciendo cerca. Resultado, 2-3 metros de agua en el pueblo, cubriendo la mayoría de los primeros pisos de las casas (de las que tenían la suerte de tener dos pisos, claro). Los municipios cercanos, Cochabamba entre ellos, y la Gobernación mandaron bombas de agua para ayudar a sacar el agua, aunque de todas formas el daño ya está hecho.
Vinto, aunque cerca, sigue siendo una realidad algo lejana, me dirán. Ok, ¿más cerca? Tiquipaya, a 40 minutos en micro desde mi casa, 50 si se tarda mucho. Eso sí es cerca.
Más cerca aún, el cruce Taquiña, Trojes, Chilimarca, Chiquicollo, todo eso de camino a Tiquipaya. Estos meses que llevamos yendo a entrenar a Tiquipaya, de camino he visto todas las entradas a esos lugares, o al menos estoy segura a qué altura de la ruta están. Hace dos noches, bajó la mazamorra sobre Trojes y Chilimarca.
¿Qué es la mazamorra? Así le dicen por aquí a esos aludes de barro, rocas y ramas, que pasan a toda velocidad y se llevan todo por delante. En "Raza de Bronce", una novela nacional (por demás dramática, si me lo preguntan) mencionaban la mazamorra que pasó de noche sobre un pueblo y se llevó todo, incluyendo a la gente. 
Y eso fue lo que pasó aquí: Pasó la mazamorra, y se llevó autos, se metió en todas las casas, rompió paredes y dejó un rastro de lodo que alcanzaba la cintura. La única "suerte" del caso es que no pasó en la madrugada o muy entrada la noche, la mayor parte de la gente estaba despierta y logró salir. La desgracia real es el daño material. Muchas familias perdieron todo en el barro, y aunque hay equipos de rescate y maquinaria pesada trabajando hasta donde les alcanza el combustible, no quita que mucha gente esté pasando las noches en refugios con sólo la ropa que traen puesta.
Por si fuera poco, ayer al medio día volvió a pasar otra riada, arrastrando todo lo que no había llevado la primera...y una más dejó barro por todas partes 20 minutos después. Y otra más por la noche, por las dudas.
Hay tantas cosas que están mal con lo que está pasando. Es obvio que los humanos no podemos controlar una riada cuando se le ocurre bajar, e incluso los mejores defensivos pueden llegar a ceder, pero lo innegable de este caso es que si bajó la riada y la mazamorra fue porque no había nada que la parara. Generalmente, los árboles en las laderas de los cerros mantienen la tierra junta, evitando que se caiga...y en caso de que se caiga, aguantan la mayor parte de la tierra y la detienen un poco.
¿Qué pasó? Que no hay los suficientes árboles en el cerro para detener la caída. Ergo, todo se vino abajo. ¿A quién culpamos, ya que nos encanta repartir culpas? A todos, porque nadie queda impune en este jaleo: a las autoridades que cortaron el presupuesto para manejo ambiental o que nunca se preocuparon del tema (a pesar de que se llenan la boca de la Madre Tierra aquí, y la Madre Tierra allá...), a los que lotearon los cerros porque eran tierra de nadie, a los que talaron los árboles para meterle cemento a todo lo que estaba a la vista, a todos los que no hicimos ni dijimos nada en su momento y vimos callados cómo se quemaban los cerros, y cómo se iban quedando pelados a toda velocidad. Y si a eso le sumamos los que iban a botar escombros de construcción y basura al cauce del río Taquiña con el pretexto de que estaba vacío, tenemos el desastre completo y bien servido.
Y aún falta la cereza sobre el pastel: ¿qué hacen nuestros geniales y profesionales deportistas ante el desastre? Obviamente, tienen que mostrar las casas llenas de lodo o medio caídas, las calles con piedras por todas partes, autos en los techos, paredes rotas... y hacerle un zoom a la madre que llorar sobre el cuerpo de su hijo de 12 años que quedó atrapado en el barro, preguntarle a la mujer pobre cómo se siente cuando regresa a su casa y encuentra todo destruido por el barro, resaltar con círculos rojos a la gente subida en los techos de la casa esperando a que una nueva riada acabe de pasar por las calles. Todo eso acompañado de apropiada música dramática (una banda sonora de, por ejemplo, "Gladiador" o " El señor de los Anillos"), y una oportuna voz dolorida y acongojada. Nada como un poco de drama para sazonar la desgracia ajena, ¿verdad?

Foto: Los Tiempos

domingo, 28 de enero de 2018

Al fin, Coco

Como era de esperarse, después de dos salidas planificadas y fallidas, fue una salida a lo loco y al ras del tiempo la que al fin terminó en mi esposito, mi amiga Marce y yo sentados en el cine viendo Coco. Marce iba por tercera vez, valga la aclaración.

Realmente, Pixar no me decepciona con sus historias (tal vez con Cars, pero ni así) y Coco es todo lo que podría esperar después de escuchar a todos mis amigos cantar sus alabanzas y amenazarme con spoilers y todo.
Para empezar, la animación de Coro es impecable, muy imaginativa y vistosa, pero llena de detalles bonitos. Los de Pixar se superan a sí mismos cada vez. A eso súmenle que la música de Michael Giacchino y las canciones son preciosas, y tienen la mitad de la película vendida.
La historia, como todos saben, va del pequeño Miguel y su familia que odia la música, pero a niveles radicales, por culpa del tatarabuelo músico que abandonó a la tatarabuela y a su hijita pequeña, que vendría a ser la bisabuela de Miguel, Coco. Como es de esperarse para que la historia arranque, Miguel ama la música aunque no lo dice para no malquistarse con su familia. Entonces, llega la festividad mexicana (y latinoamericana, pero eso a nadie le importa) más famosa del mundo: Día de muertos, el día en que los muertos regresan al mundo para ver a los vivos...y todo se desmadra.
Miguel, por conductos misteriosos, se cuela al mundo de los muertos y necesita la bendición de su familia de ese lado para regresar. Dado que su familia de ese lado, igual que la de este, también odia la música, y pueden imponerle las condiciones que quieran al mandarlo de regreso, entre ellas prohibirle la música, Miguel decide buscar al único familia que podría entenderlo, su tatarabuelo, que según él, es el famoso músico Ernesto de la Cruz.
Obviamente, en el camino de encontrar al tatarabuelo (que es famoso y requerido también en el mundo de los muertos), Miguel encuentra amigos, historias, varias verdades dolorosas y también algo de sí mismo. La historia no va sólo de ser fiel a uno mismo, buscar lo que amas, si no sobre aprender a perdonar y comprender a los demás y valorar la historia y a la familia. Encima, si perdiste a alguien muy querido, la relación con los muertos y lo que pasa con ellos al otro lado te llega al fondo del alma. Puede que la trama resulte un poco predecible, pero no deja ser conmovedora.
O sea, lloré, y lloré, y lloré... lo interesante es que Marce, que ya la vio tres veces, lloraba igual que yo, y gracias por los pañuelos que traía porque sino hubiéramos salido del cine con algo menos de dignidad.

miércoles, 24 de enero de 2018

El artista desastre o cómo no llegamos a ver Coco

Hace unos días, en vista de que Coco ya estaba en un sólo horario, salimos en gran estampida a verla. Lastimosamente, todo (y fue realmente todo) lo que podía salir mal, salió mal y cuando llegamos al cine, veinte minutos más tarde del horario de la película, ya no quedaban entradas (al parecer, Coco está arrasando).
Para no desperdiciar una ida al cine y eso, revisamos la cartelera y nos metimos a la única película que empezaba en la siguiente media hora, que tenía espacio en la sala (de hecho, sólo éramos 10 personas en la sala), y que tenía una buena calificación en Rotten Tomatoes.



REsultó que nos metimos a una película de lo más rara, pero buenísima. Dicen que la realidad es más rara aún que la ficción y en est caso es cierto. "The Disaster Artist " (en mi planeta, eso no se traduce como "Obra maestra", pero bueno) trata sobre dos amigos con aspiraciones de actores que, frustrados por la falta de progreso de sus carreras, deciden hacer su propia peli. Claro que la historia es real y la aventura de la película resultó en lo que muchos reconocen como la peor película de la historia del cine.
Tommy Wiseau, un personaje de lo más raro, además de la mente y la billetera detrás de la película "The Room",  es interpretado por James Franco, y realmente el cuate se lució, no sólo porque el tipo de por sí ya era raro, sino porque logra volver real en la pantalla a una persona que uno no creería, ni aún sabiendo que realmente existe. Si el tipo es realmente como lo mostraron, es sorprendente que lograran hacer la película, incluso siendo tan mala como dicen que es (también estás los que dicen que es una comedia negra, claro)
La historia en la peli está muy bien contada, es entretenida y graciosa incluso en los momentos que emulan la película a la que se refieren y que podrían resultar francamente incómodos. Obviamente, si están hablando de a filmación de una película, tienen que mostrar partes de ella...y es genial cómo recrearon varias de las escenas con mucha exactitud. Y ahí es donde vuelve a entrar en juego la habilidad interpretativa de James Franco. 
Si le película original es mala como una blasfemia (comedia o no comedia), esta película sobre la película (¿una meta-película?) es buenísima como...¿qué es lo contrario a una blasfemia?

viernes, 5 de enero de 2018

Empezando tarde

La verdad, debí escribir esto hace días. Tenía muchas cosas que contar, pero con el ajetreo de las fiestas y demás se me van olvidando y probablemente se queden para siempre perdidas en los recovecos de mi memoria (buena para datos que a nadie le importan, mala para recordar cosas útiles). 
Tal vez uno de mis propósitos de este año deba ser actualizar un poco más este pobre blog que se me va muriendo de a poco. Prometo hacer lo mejor posible, pero no confíen mucho en mí. De todas formas, no creo que mi vida o mis opiniones le interesen a mucha gente allá afuera. Este blog sigue siendo un ejercicio de escritura y un remedio a mi mala memoria.
Otro propósito es no frustrarme tan rápidamente, en especial en lo que se refiere a mi deporte y a practicar técnica (porque la mía es un desastre). Lastimosamente, Dios no me dio paciencia, ni me hizo buena deportista, pero se hace lo que se puede... aunque debería hacer más considerando que el selectivo para los Odesur está encima. De momento, los entrenamientos van bien y vamos trabajando aunque el progreso aún no se note.
También, me gustaría retomar algunas de mis otras actividades, como tocar el piano, leer un libro por semana, y tal vez hacer un uso decente de los Sharpies que me dio mi esposito por Navidad. Eso implica pasar un poco menos de tiempo clavada en la computadora y/o en el celular (lo que podría resultar un poco contradictorio con el primer propósito, pero ni tanto).
Y definitivamente, debo tratar de mantener mejor el orden y la limpieza de mi pequeño departameno alias "el cuchitril", lo que sí es complicado considerando la tendencia de mi esposito a dejar todas sus cosas en la primera superficie que encuentre (que no necesariamente debe ser plana), y mi propia tendencia a seguirle la corriente y dejar que el polvo me gane.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Estreno de Star Wars VIII o La Noche de las poleras alegóricas

Diciembre se me está yendo en un vendaval de mucho trabajo y poco entrenamiento (aquí entre no, mudarnos no le hizo bien a mis horarios de entrenamiento, pero ya ni modo). La anterior semana no pude ni agarrar mi arco por una revisión y me pesó en la conciencia como una losa de cementerio, pero los plazos límites son para cumplirlos y la paga no fue mala... y esa es otra historia. 
De todas formas, no podía dejar que mi apretado horario, y agenda repleta y mi agitada vida social se interpusieran en mi camino al cine para ver el estreno de Star Wars. Había pensado llevar a mi mamá, pero parece que ya no está para trasnocharse viendo estrenos de películas de ciencia ficción, sin importar cuánto le gusten. Los años no pasan en vano, espero recordar eso cuando mis hijos crean que ya estoy cáscara por no ir al cine a media noche con ellos.
"Star Wars: Los últimos Jedi" debe ser uno de los estrenos más esperados del año. Todos los nerds  y geeks nos damos cita en los cines y estamos dispuestos a matar por una entrada para la primera función que haya (o mandamos a nuestros espositos a lidiar con los asesinatos y eso). Y después de tener las entradas, hacer una fila estúpidamente larga para tener pipocas, y otra para entrar a la sala, rezamos todos juntos, metidos en nuestras poleras de Star Wars (porque no hay mejor ocasión para usar una polera de Star Wars que el estreno de Star Wars) que la peli no sea un nuevo Episodio I, II y/o III.

Anoche, saliendo del cine, un amigo escribió que la peli tiene varios chistes innecesarios, que quería freír algunos porgs (o pollos-pingüinos-conejos, o pollopingüinejo, como les digo), y que era disfrutable si apagabas el cerebro por tres horas (César querido, disculpara por parafrasearte), y no es un comentario desacertado... lo que me lleva a pensar que debía tener el cerebro en modo automático por tres horas de cine.
Debe ser mi fanática incondicional interior, pero disfruté infinitamente la película. No niego que sea algo (bastante) larga, y que había partes en que la trama iba muy lentamente (tanto que mi esposito se durmió y aún así siente que no se perdió nada), y que tal vez intentaron dar muchas explicaciones y por eso se les alargó tanto. Lo grave de eso último (las explicaciones) es que aún así me quedé con varias dudas, siendo la más importante la de Snoke ¿De dónde rayos salió? ¿Quién rayos es? No creo que haya salido de la nada. 
También eché de menos las clásicas transiciones de las pelis de Star Wars durante casi la primera mitad ¿Será que no se dieron cuenta? 
Tal vez al que más extrañé fue a Han Solo (y eso que sospeché por un momento que Benicio del Toro sería algo muy cercano al viejo Han), y me dio un no sé qué ver a Carrie Fisher como la Princesa Leia por última vez. Mark Hammill está a la altura de su leyenda, y de la leyenda de Luke Skywalker que es más humano de lo que muchos quisieran creer.
Lógicamente, la trama importante es la de Rey y Kylo Ren y la Fuerza, y ahí es donde se les fue un poco la mano en las explicaciones y la lentitud de la trama. No es mala la idea, pero tal vez había otra forma de contarla que no se extendiera tanto.
Como dije, soy muy fan (aunque no tanto como otros), así que salí del cine con una sonrisa en la cara, con mi polera alegórica y pensando que debí llevar mi sable láser de Darth Vader, aunque no tuviera baterías.

jueves, 23 de noviembre de 2017

La debacle del campeonato

Todo empezó la anterior semana, cuando una universidad local (de cuyo nombre no quiero acordarme) nos avisó que no podríamos usar su coliseo para el campeonato nacional porque el ministerio de deportes lo necesitaba para las mismas fechas (y eso que nosotros lo pedimos primero, pero en fin). Como era de esperarse, desde ahí todo fue cuesta abajo.
Así que después de una semana de incertidumbre y muchas llamadas innecesariamente largas, y nuestra búsqueda casi desesperada por encontrar otro lugar que sirviera y estuviera disponible para fechas similares, ayer al fin la Federación (o más bien, el presidente de la Federación porque el resto del directorio no existe, o no sirve, o está de licencia) nos aviso que no habrá campeonato porque los demás competidores no pueden con el cambio de fecha. Comprensible, pero igualmente molesto.
Lo realmente triste del asunto es que teníamos pensados o ya charlados un montón de auspiciadores, además de un montón de ideas para recibir bien a la gente. Eso sin contar los amigos a los que estábamos esperando y que tenían todas las ganas de venir y que ahora no veremos hasta el siguiente año.
Pero no hay que llorar mucho sobre la leche derramada, dicen por ahí. Y qué mejor forma de secar nuestras lágrimas que organizar nuestro propio campeonato en el formato que se nos pegue en gana.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Los percances de los regalos de cumpleaños

Oficialmente, tengo 32 años. Por algún motivo, aunque sé que debería, no me siento más vieja de lo que me sentía hace un año, o dos, o tres. Al parecer, los efectos positivos del ejercicio y de mi buena figura ganada a base comer como fiera y quemar calorías en el campo de tiro continúan. 
Mi cumpleaños fue bastante bueno, a pesar de estar cargando con un resfriado espantoso que me tuvo toda la semana moqueando y estornudando y estar apenas saliendo de lo que sospecho fue una infección estomacal la semana anterior a eso. Familia, comida deli, y amigos. 
¿Lo diferente? La llegada de los chicos de China justo ese día, y con ellos (específicamente, con Jorgito) mi arco nuevo. Después de varios meses, y bastantes dólares menos en nuestra economía, llegó mi precioso riser nuevo con mis preciosas palas nuevas. En verdad, verdad os digo que son de los arcos más lindos que he visto, y no porque sea mío solamente.
La parte grave de ese asuntito es que... las palas están super duras, incluso considerando que sólo son dos libras más que mis palas antiguas y que son más grandes también. Teóricamente, deberían ser más fáciles de jalar por su tamaño, pero en los dos días que estuve entrenando con ellas, me di cuenta que no es tan así. 
De momento, el marcador va Palas 2 - Meli 0. Ando con una makhurka espantosa en hombros y espalda, y mis brazos aguantan porque parece que aún estoy haciendo bien el ejercicio. Me cuesta encontrar mi anclaje, mantenerlo y no moverme cuando sale la flecha. Me duele el hombro izquierdo por tratar de mantenerlo bajo, y mis puntajes se han desplomado estrepitosamente.
El plan es tratar de manejarlas esta semana y media que vienen y ver si logro acostumbrarme y amoldar el arco. Si no, vuelvo a mis palas antiguas y me trago el orgullo de gastar 300$ en palas y no usarlas.