domingo, 4 de noviembre de 2012

Una semana

Como siempre, me sorprende lo rápido que avanza el tiempo. Hace una semaa y un día pasé de ser una señorita a ser una señora casada. Esta semana, entre una cosa y otra, ha sido de una lenta y tranquila adaptación a una rutina muy nuestra.
Hay cosas que los dos arrastramos de nuestras vidas de solteros, como que yo salga medio dormida al patio a limpiar las gracias de mis perros todas las mañanas al levantarme, o que "me maredo" empiece a dar vueltas a las 7:00 a.m. porque quedarse en cama lo hace sentirse vago (hay gente rara en este mundo), pero ya hay cosillas en las que empezamos a marchar como pareja (como los turnos para tender la cama...de los que suelo escapar con gran habilidad).
De todas formas, hay cosas en las que aún tenemos problemas, que implican más que nada la cuestión de la alimentación. Habíamos dicho que no en lo posible, prepararíamos nuestra propia comida para no tener que cargar ni a mi mamá ni a la suya con el lío de hacer más de comer. El problema es que, hasta ahora, hemos cocinado solo dos veces, y hasta ahora no hemos hecho compras en serio, porque nuestras madres parecen en competencia por quien nos manda más comida.
El punto es que, de momento, la vida de casados es bonita. No puedo quejarme.

p.d. Ya recordé de qué debía quejarme. "Me maredo" casi pierde hoy su aro. Revolvimos todo buscando el anillo en cuestión y resultó que lo había puesto en el bolsillo de su chamarra y se deslizó hasta un huequito. Casi lo mato.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mala suerte

Al menos, a falta de una explicación más lógica y exacta, sólo podemos llamarla así. Consideremos que esta semana han robado dos veces de la tienda. La primera, fue mi día de permiso por mi boda, es decir el lunes. Le sacaron nada más y nada menos que 28 prendas a la chica que estaba ahí.
Después de eso, pusieron esas etiquetas que chillan cuando alguien cruza por los detectores de la puerta, y el miércoles volvieron a asaltar la tienda. No sé cuantas prendas se llevaron, porque no estaba ahí, (fue justo media hora después de mi cambio de horario) y pero era más de 2000 Bs en ropa. 
Entre los dos robos, tenemos un total de casi 8000 Bs (es decir, unos 1200$) que, como todos saben, es un montón de plata para una tienda relativamente pequeña. Ni qué decir que todas andamos histéricas, al menos yo ando con una tijera en el bolsillo del pantalón por las dudas...por supuesto, dudo que acierte a usarla en caso de verdadera necesidad (una que no implique cortar papeles o hilos, por ejemplo), pero es el plan.
Por otra parte, dos robos en la misma semana, en que no se llevan nada de dinero, sólo mercancia que, casualmente, acaba de llegar, da para elaborar muchas sospechas. Tengo en mi mira a muchos posibles culpables, pero no tengo más pruebas que mi imaginación desbocada (ya armé dos novelas en mi cabeza sobre el tema), pero la experiencia me ha enseñado que, muchas veces, mis chispazos de imaginación tienen mucho de acertado.

Mala suerte

Al menos, a falta de una explicación más lógica y exacta, sólo podemos llamarla así. Consideremos que esta semana han robado dos veces de la tienda. La primera, fue mi día de permiso por mi boda, es decir el lunes. Le sacaron nada más y nada menos que 28 prendas a la chica que estaba ahí.
Después de eso, pusieron esas etiquetas que chillan cuando alguien cruza por los detectores de la puerta, y el miércoles volvieron a asaltar la tienda. No sé cuantas prendas se llevaron, porque no estaba ahí, (fue justo media hora después de mi cambio de horario) y pero era más de 2000 Bs en ropa. 
Entre los dos robos, tenemos un total de casi 8000 Bs (es decir, unos 1200$) que, como todos saben, es un montón de plata para una tienda relativamente pequeña. Ni qué decir que todas andamos histéricas, al menos yo ando con una tijera en el bolsillo del pantalón por las dudas...por supuesto, dudo que acierte a usarla en caso de verdadera necesidad (una que no implique cortar papeles o hilos, por ejemplo), pero es el plan.
Por otra parte, dos robos en la misma semana, en que no se llevan nada de dinero, sólo mercancia que, casualmente, acaba de llegar, da para elaborar muchas sospechas. Tengo en mi mira a muchos posibles culpables, pero no tengo más pruebas que mi imaginación desbocada (ya armé dos novelas en mi cabeza sobre el tema), pero la experiencia me ha enseñado que, muchas veces, mis chispazos de imaginación tienen mucho de acertado.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Papa casada

En el ajetreo y locura de la anterior semana, no pude escribir nada sobre lo que pasaba. Más que nerviosa, estaba cansada, muy, muy cansada. Pensé que tenía los nervios bajo relativo control hasta que el viernes en la tarde me dio una crisis histérica por culpa de unos bloqueadores que se interponían en el camino del sacerdote que debía venir a casarnos.
Si me pusiera a contar todas las "anécdotas" de la boda, no termino nunca, así que me conformo con decir que, a pesar de las dificultades, salió todo bien y bonito, nosotros (mi marido y yo) estuvimos felices y la pasamos bien, como la gran mayoría de nuestros invitados.
Ya nos mudamos a nuestro cuartito temporal, así que estamos rodeados de cajas y desorden de todas nuestras cositas metidas en un solo loquero. Al menos, tenemos donde dormir y agua caliente en el baño.

domingo, 21 de octubre de 2012

Estados interesantes

Ayer mis amigas me organizaron una Despedida de Soltera. Debo admitir que, en general, no soy muy fan de ese tipo de fiesta, suena a que te duele dejar la soltería tanto que necesitas una fiesta para no sentirte tan mal por ello. Otra cosa a la que no soy afecta es a beber en exceso...o a beber, en general. Lo único que me "gusta" tomar es vino dulce, y sólo es porque es un dulce.
Pero sucedió que mis amigas, tan buenas como son (juro que eso no es sarcasmo), ya habían pensado en hacerme una despedida y me dio penita decirles que no, en vista, además, de lo chistosa que fue la despedida de Sil. 
El caso es que todo iba "bien", hasta que llegó Sil con vino dulce para mí. Me sirvieron una copa, jugamos a hacer preguntas indiscretas, me sirvieron otra copa, siguieron las preguntas, una copa más, me tocó bombardearlas, otra copa más, estaba dando una película con John Travolta de joven en la tele, más vino en lo que llamaremos "el vaso alegórico de las despedidas" y después cada quien a su casa. Así dicho suena muy simple, pero ya en la mitad de la segunda copa, yo estaba super girada. Y entre chiste y chiste, me tomé toda la botella de vino solita.
Sospecho que pudo ser peor, pero por suerte había bastante comida así que eso atenuó algo los efectos del vino. Solo algo, porque de todas formas la cabeza me daba vueltas, el mundo se negaba a estarse quieto, aunque se volvió muy entretenido súbitamente.
Estar ebria, debo admitirlo, es raramente interesante, y más si se trata de alguien que, como yo, tiene vocecitas raras en su cabeza. La que estaba más feliz era mi yo-loco, reía sin parar (con una risita perturbadora que traumó a más de una), decía todo lo que se le pasaba por la cabeza, o al menos lo intentaba. Mi yo-conciencia estaba ahí tratando de callarla la mitad del tiempo, y tratando de hacerle recordar que hoy tenemos clase de baile, y que nos convenía estar mínimamente sanas, aunque mucho éxito no tuvo, definitivamente. Y mi-"normal" estaba amarrada al fondo de la escena, rogando porque alguien callara a esas dos, recordando datos intrascendentes e información inútil que las otras dos soltaban sin mucho asco, y con agregados de su imaginación.
Creo que soy una ebria simpática, digo, no di la guerra, sabía que estaba mal, reía mucho y lo cierto es que, entre copa y copa, la pasé bien. Eso sí, no vuelvo a embriagarme nunca más.

sábado, 20 de octubre de 2012

Tragedias


Llevo toda la semana postergando postear. Que si el lunes tengo sueño, que si el martes ya el tema no da, que si el miércoles mejor duermo. El jueves no tuve el estómago para hacerlo, y creo que ahora tampoco lo tengo. Sospecho que si escribo de esto por puro morbo, pero de veras que no se me quita la impresión.
Mi hermana menor es voluntaria del SAR, el grupo de búsqueda y rescate. El entrenamiento es durísimo, las guardias son agotadoras, y le ha tocado ver desde perritos atrapados en las torrenteras a recoger gente cortada en tiras para llevarla al hospital, pasando por fracturarse la muñeca mientras iban en la ambulancia con un herido y los chocó un micro. Mi hermana, sospecho, no le tiene miedo a muchas cosas, no hay nada que la inmute realmente (digo, si es capaz de hablar casi en tono de broma de algunos accidentes que ha visto...), así que para ella lanzarse en paracaídas es solo una aventura...y parte del entrenamiento.
Ayer, jueves, mi hermana tenía un salto en paracaídas de demostración, parte del espectáculo por el aniversario de un colegio de Cochabamba. Como son muchos los que practican el paracaidismo en el SAR y las oportunidades de hacerlo no son muchas y son generalmente algo costosas, sortearon a quiénes irían en el avión. Mi hermana salió sorteada.
Todo eso no tendría, probablemente, nada de relevancia, pero las cosas nos fueron bien. Un muchacho del SAR saltó antes que mi hermana, que era la segunda. Ella llegó bien al patio del colegio en cuestión y vio descender a los que iban detrás de ella, pero el primer chico no llegó. Después le contaron que había hecho emergencia y fueron a buscarlo.
Al parecer, algo salió mal, una corriente de viento lo impulsó o lo desvió y empezó a caer en tirabuzón, perdió el control, trató con el paracaídas de emergencia, pero parece que ya estaba muy abajo para que pudiera frenar con eso. Al menos, eso cree mi hermana.
No quiero imaginarme como se siente la familia de ese muchacho, si es la mitad del espanto que sentí al pensar que podía haber sido mi hermana la que hizo emergencia, debe ser horrible. Después se me ocurrió recordar que en un salto que hizo el año pasado, mi hermana también cayó un momento en tirabuzón, con el paracaídas detrás de ella como si fuera una cola, y me sentí todavía peor.
No puedo impedir que mi hermana se vuelva a subir a una avioneta para saltar, y aunque sea por un trabajo voluntario de rescate, de veras espero que no vuelva a hacerlo nunca más. Y eso, la verdad, es mucho pedir.

lunes, 15 de octubre de 2012

Clases de baile

       ...Ahora, bailar es dejar que el cuerpo respire... (Profesora McGonagall, antes del Baile de Navidad)

Esta entrada debería ser, en verdad, de dos cosas. Una, lógicamente, es la clase de baile que tuvimos hoy con mi sufrido novio, la otra es nuestra vuelta final por la Feria del libro, pero creo que definitivamente eso irá mejor en otra entrada, que prometo escribir tan pronto como pueda (o sea, en dos o tres...semanas).
La verdad es que bailar vals nunca me ha parecido difícil, mi mamá se encargó de enseñarme el paso básico antes de que tuviera 10 años creo, y (modestia aparte) tengo un buen sentido del ritmo. Mi problema es que, dado mi ingulable sentido del ritmo, estoy muy acostumbrada a ser la que guía el baile, cuando se supone que debería ser el hombre el que guía (ese es mi feminismo rebelándose...creo). 
Por otra parte, mi sufrido novio tiene en su contra sus articulaciones maltratadas por la gota y (la verdad sea dicha) un sentido del ritmo algo defectuoso (mi amor, si ves esto, no olvides que te amo). Lo sorprendente fue que sacó el paso de vals con contrapunto en dos patadas. Fue una grata sorpresa, debo admitir, aunque poner ese paso en el ritmo fue lo complicado.
Eso sí, nos hicimos un lío cuando empezamos a bailar juntos porque (¿qué creen?) yo quería guiar y no había caso: no puedo manibrar algo tan grande, mucho menos si estoy ocupada tratando de no caerme de los tacones.
Sí,damas y caballeros, bailaré con esos taconazos que les mostré hace un tiempo (tengo que estar realmente loca para hacer eso). Descubrí que lo difícil no es mantenerse en los tacones, lo realmente difícil es bailar sin apoyarse en los tacones a riesgo de no deslizarme y caerme de cara. Eso significa que estaba permanentemente parada de puntas, sin apoyo en los talones y tratando de seguir las zancadas que daba mi sufrido novio. Al final de la hora, los tobillos me temblaban y estaba colgada del cuello de mi pobre novio para no caerme. Lo único positivo de eso es que era algo más fácil de maniobrar.
Tenemos una clase más para sacar la "coreografía", o al menos ver si podemos lograrlo sin que los tacones asesinos se me volteen o se le claven en los pies a mi sufrido novio, y (teóricamente) deberíamos tener mucha práctica antes de esa clase. Ahora, jóvenes saltamontes, ¿creen que lograremos sacar la coreografía en dos semanas? ¿Perderá un pie mi sufrido novio? ¿Me haré un nuevo esguince en el intento? Dejen sus apuestas en los comentarios.

viernes, 12 de octubre de 2012

Mudanza

Aún no me muevo de mi casa, ni siquiera de mi cuarto, pero las sañales para que empiece a moverme son inconfundibles. De momento, mis papás ya instalaron mi futura cama matrimonial en el que antes era el taller/cuarto del piano, arreglaron el agua caliente y sacaron todas las cosas que no se quedarán ahí...que son casi todas (menos mi piano).
Viendo todas esas cosas, me pongo a pensar que ya debería ir ordenando mis cosas para sacarlas del que hasta ahora ha sido mi cuarto. Eso implica ordenarlas, seleccionarlas, deshacerme de lo que definitivamente es basura, encajonar lo que se irá directo al futuro departamento, y mover el resto al nuevo cuarto. O sea, un montón de trabajo que no tengo ganas de hacer.
Sólo hay una ítem de entre todas mis cosas que debo salvar, guardar y esconder antes de que sea tarde: mis libros están en parte en mi ropero, y otra parte dando vueltas por ahí en mi casa, en lugares tan nada que ver como el librero familiar. En pocas, debo rescatarlos y llevármelos a un lugar seguro.
Aparte de eso, tengo que seleccionar mi ropa, porque toda la que tengo (que no es mucha), no entra ni a balazos en tres cajoncitos que me corresponden de la cómoda. Creo que me compraré un ropero.